LA VIDA

Y llegó el momento para que te lleve por un paseo al tema más utilizado por los `poetas del mundo, la vida, que es la poesía misma. En la selección de esta entrada he tratado de evitar todos aquellos poemas que aluden a la vida en representación del amor.

Como siempre, me atrevo a comenzar por algunas de mis incursiones del tema en cuestión en mis dos primeros poemarios.

En “Soy el silencio”, en el poema VII, sobre la forma de vivir la vida

El lamento enclavado en la condena
de vivir como alma en pena,
de sentir la soledad.

Llanto que nunca queda en apariencia,
que acompaña tu existencia
y sigue con terquedad.

Ilusiones, que naciendo en la espera,
no llegaron hasta afuera
y murieron sin edad.

Evasiones venciendo tu paciencia,
rompieron tu resistencia
ocultando la verdad

de saber que la vida hay que vivirla
sin dejarse arrollar por la tristeza,
comprender la mayor es la riqueza
de buscar la verdad, siempre seguirla

En mi segundo libro, “Plegarias en penumbra”, en el V se expone la contradicción de la certidumbre de nuestra vida terrena con las expectativas de las promesas “divinas”.

Mi vida fue tan cierta.
Nadie puede cuestionarlo.
Eso se llama evidencia.
Las preguntas sin respuesta
alimentan la vida,
le dan sentido.
Dios es expectativa,
un guerrero bravío,
imbatible y perfecto.
Soluciones seguras
que por sí, no aparecen,
decisiones viciadas
por confiadas razones.
El protector que vigila,
el celador que castiga
pero siempre cumple
lo que prometió.
¡Nada!

Y ya pasamos a dar revista a los clásicos:

“Muere la vida, y vivo yo sin vida”, de Lope de Vega

Muere la vida, y vivo yo sin vida,
ofendiendo la vida de mi muerte.
Sangre divina de las venas vierte,
y mi diamante su dureza olvida.
Está la majestad de Dios tendida
en una dura cruz, y yo de suerte
que soy de sus dolores el más fuerte,
y de su cuerpo la mayor herida.
¡Oh duro corazón de mármol frio!,
¿tiene tu Dios abierto el lado izquierdo,
y no te vuelves un copioso río?
Morir por él será divino acuerdo,
mas eres tú mi vida, Cristo mío,
y como no la tengo, no la pierdo.

Explosión (fragmento) de Delmira Agustini

¡Si la vida es amor, bendita sea!
¡Quiero más vida para amar! Hoy siento
que no valen mil años de la idea
lo que un minuto azul del sentimiento.

“La vida, esta vida”, de César Vallejo

La vida, esta vida
me placía, su instrumento, esas palomas…
Me placía escucharlas gobernarse en lontananza,
advenir naturales, determinado el número,
y ejecutar, según sus aflicciones, sus dianas de animales.
Encogido,
oí desde mis hombros
su sosegada producción,
cave los albañales sesgar sus trece huesos,
dentro viejo tornillo lincharse el plomo.
Sus paujiles picos,
pareadas palomitas,
las póbridas, hojeándose los hígados,

sobrinas de la nube… Vida! vida! esta es la vida!
zurear su tradición rojo les era,
rojo moral, palomas vigilantes,
talvez rojo de herrumbre,
si caían entonces azulmente.
Su elemental cadena,
sus viajes de individuales pájaros viajeros,
echaron humo denso,
pena física, pórtico influyente.
Palomas saltando, indelebles
palomas olorosas,
manferidas venían, advenían
por azarosas vías digestivas,
a contarme sus cosas fosforosas,
pájaros de contar,

pájaros transitivos y orejones…
No escucharé ya más desde mis hombros
huesudo, enfermo, en cama,
ejecutar sus dianas de animales… Me doy cuenta.

Y la vida como escuela, según la pinta José Hernández, en este fragmento de “El gaucho Martín Fierro”, dentro de los célebres consejos de Fierro a sus hijos:

Yo nunca tuve otra escuela
Que una vida desgraciada;
No estrafien si en la jugada
Alguna vez me equivoco
Pues debe saber muy poca
Aquel que no aprendió nada.

Eduardo Milán va en estos versos, buscando un sentido superior a la vida…

El compromiso del poeta es escribir un vaso
real, algo sublime que sirva para más
que vivir. Vivir no alcanzó nunca.
Pedir esencia, pedir médula, pedir hueso:
pedir endurecimiento de la arena, si la arena
ya es frágil, leve de pie, velo de pie,
es pedir roca caliza, sedimento. Para la sed
de ti desnuda como bajar al Precámbrico.
Algo terrible nos pasó y nos dimos cuenta:
el hueso que pedimos al poema era el mismo
hueso que el hueso de África
aunque quisiéramos roca.
Las arenas de África están llenas de poemas.

“Miedo a la vida”, de Marilina Rébora

Miedo a la vida
tengo miedo, señor, pero no de la noche,
tampoco de la sombra, menos de la tiniebla;
es miedo de la aurora refulgente derroche
como miedo del mundo, cuando el mundo se puebla.
Tengo miedo, señor, no por valerme sola
ni por triste aislamiento o apartado retiro,
tengo miedo a la gente, a la imponente ola,
el vaivén de los seres en asfixiante giro.
Tengo miedo, señor, de enfrentarme a la vida
con tantas exigencias, compromisos, deberes;
de no cumplir contigo, no ser agradecida,
dejándome llevar de errados procederes.
Y temiendo en el día naturales contiendas,

te ruego: oye mi voz para que me defiendas.

“La vida tiene hoy ritmo” (fragmento), de Antonio Machado

La vida hoy tiene ritmo
de ondas que pasan,
de olitas temblorosas
que fluyen y se alcanzan.
La vida hoy tiene el ritmo de los ríos,
la risa de las aguas
que entre los verdes junquerales corren,
y entre las verdes cañas.

“Cabe la vida entera en un soneto”, de Manuel Machado

Cabe la vida entera en un soneto
empezado con lánguido descuido,
y, apenas iniciado, ha transcurrido
la infancia, imagen del primer cuarteto.

Llega la juventud con el secreto
de la vida, que pasa inadvertido,
y que se va también, que ya se ha ido,
antes de entrar en el primer terceto.

Maduros, a mirar a ayer tornamos
añorantes y, ansiosos, a mañana,
y así el primer terceto malgastamos.

Y cuando en el terceto último entramos,
es para ver con experiencia vana
que se acaba el soneto Y que nos vamos.

“¡Ea!, aprisa subamos de la vida” (fragmento), de Rosalía de Castro

¡Ea!, ¡aprisa subamos de la vida
La cada vez más empinada cuesta!
Empújame dolor, y hálleme luego
En su cima fantástica y desierta.

“La vida nada más”, de Gabriel Celaya

Biografía
la vida que murmura. La vida abierta.
La vida sonriente y siempre inquieta.
La vida que huye volviendo la cabeza,
tentadora o quizá, sólo niña traviesa.
La vida sin más. La vida ciega
que quiere ser vivida sin mayores consecuencias,
sin hacer aspavientos, sin históricas histerias,
sin dolores trascendentes ni alegrías triunfales,
ligera, sólo ligera, sencillamente bella
o lo que así solemos llamar en la tierra.

“La vida es tan sencilla…” (fragmento) de Gabriel Celaya

La vida es tan sencilla…
La vida es tan sencilla que se explica por sí misma,
se basta a sí misma.
¡Mira! todo está hecho. Todo está

“Despedida” (fragmento), de Líber Falco

La vida es como un trompo, compañeros.
La vida gira como todo gira,
y tiene colores como los del cielo.
La vida es un juguete, compañeros.

A trabajar jugamos muchos años,
a estar tristes o alegres, mucho tiempo.
La vida es lo poco y lo mucho que tenemos;
la moneda del pobre, compañeros.

“Vida, oficios” (fragmento), de Roque Dalton García

Insoslayable para la vida,
la nueva vida me amanece: es un pequeño
sol con raíces que habré de regar mucho
e impulsar a que juegue
su propio ataque contra la cizaña.

“Este libro” (fragmento), de Alfonsina Storni

Me vienen estas cosas del fondo de la vida:
Acumulado estaba, yo me vuelvo reflejo…
Agua continuamente cambiada y removida;
Así como las cosas, es mudable el espejo.

Momentos de la vida aprisionó mi pluma,
Momentos de la vida que se fugaron luego,
Momentos que tuvieron la violencia del fuego
O fueron más livianos que los copos de espuma.

Nota: La imagen corresponde a “La creación del hombre”, de Michelangelo, en la capilla Sixtina.

Espero volver a verte por aquí…

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