PLEGARIAS EN PENUMBRA

Estoy publicando mi segundo poemario, titulado «Plegarias en penumbra».

Como tengo muchos amigos religiosos, aclaro de antemano que este libro contiene poemas, tanto en verso libre como rimado, que si bien defienden al ideario cristiano, están posicionados sobre una base agnosticista. En este marco, el libro contiene críticas y preguntas sobre la fe religiosa y las religiones.

Se puede bajar o pedir a impresión al siguiente enlace:

https://www.bubok.com.ar/libros/268918/Plegarias-en-penumbra

Para la gente de Uruguay, yo tengo ejemplares a la venta por lo que, de querer la versión impresa, me los piden directamente a mí, para ahorrar el flete desde Argentina cuyo costo es superior al precio del ejemplar.

Gracias
Abrazo

LA INFANCIA

Todas las etapas de la vida fueron, son y serán recreadas por las distintas artes. Particularmente la poesía tiene profusas invocaciones a ellas, en las que los recuerdos de la infancia, las vivencias del presente y el miedo a la vejez, quedan estampados en versos célebres. La infancia tiene también la posibilidad de ser abordada mediante la contemplación de las generaciones posteriores a la del poeta, como sucede en el poema LXXXV de mi “Soy el silencio”.

El mundo de los niños, que como adulto no comprendo,
nos alecciona en su inocencia una forma de vivir,
cuando al verlos en sus saltos y correteos entiendo
cuán lejos está mi alma de su transparente reír.

De esperanzas y de sueños, de sonrisas y de asombros,
de jugueteos traviesos, de pedir y cuestionar,
de sus ganas me contagio, ya les ofrezco mis hombros,
para el mundo que les demos tratarlo de mejorar.

En sus ojos ilusiones, en su dormir todo es paz,
en sus gritos la alegría, las fuerzas a derrochar,
cuando recreo mi infancia, que ya quedó tan atrás,
no puedo ver lo que en ellos es todo dicha sin par.

Ya recuerdo cuando niño los miedos y los terrores,
la presión de los deberes, tener que salir al mundo,
el espanto tan amigo de no salvar mis errores,
tempranero responsable, muy precoz meditabundo.

A mis hijos no legarles angustias, perturbaciones,
me propongo en mi experiencia no las tengan que tocar,
pero sabiendo que en el mundo acechan confrontaciones,
en un cristal transparente no los he de colocar.

Y como te comenté en la introducción, los clásicos se han ocupado arduamente de los niños y de la infancia como podrás ver con los ejemplos que te expongo a continuación.


“El canal” (fragmento), de Alfonsina Storni.

En la dulce fragancia
De la dulce San Juan,
Recuerdos de mi infancia
Enredados están.

“El niño dormido” (fragmento), de Marilina Rébora.

El niño dormido
no levantes la voz; el niño está dormido.
Contén el paso, espera, aguarda en cauto acecho;
que no se mueva el aire, ni se oiga el menor ruido,
para que en tierna paz, te aproximes al lecho.

“Te amo infancia, te amo”, de Vicente Gerbasi.

Te amo, infancia, te amo
porque aún me guardas un césped con cabras,
tardes con cielos de cometas
y racimos de frutas en los pesados ramajes.

“¿Dónde está el niño que yo fui?” (fragmento), de Pablo Neruda.

Dónde está el niño que yo fui,
sigue adentro de mí o se fue?
sabe que no lo quise nunca
y que tampoco me quería?
por qué anduvimos tanto tiempo
creciendo para separarnos?
por qué no morimos los dos
cuando mi infancia se murió?

“El barrio” (fragmento), de Mario Benedetti.

Volver al barrio siempre es una huida
casi como enfrentarse a dos espejos
uno que ve de cerca otro de lejos
en la torpe memoria repetida
la infancia la que fue sigue perdida
no eran así los patios son reflejos
esos niños que juegan ya son viejos
y van con más cautela por la vida.

“Romance de la luna” (fragmento), de Federico García Lorca.

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.

«Regresos» (fragmento), de Meira Delmar.

Quiero saber si lo que busco
queda en el sueño o en la infancia.
Que voy perdido y he de hallarme
en otro sitio, rostro y alma.

Y aunque no suelo repetir autores dentro de una misma reseña, no podía quedar afuera “Ausencia”, de Mario Benedetti.

El niño que no vino
tiene los labios fuertes
tiene las manos tiernas
el alma como nube
no es nadie
es sólo un niño
saca viejas monedas
del bolsillo de Dios
se parece a la madre
su misma risa ancha
su corazón a saltos
juega con los silencios
y con ellos hace otros
silencios
y se aburre
el niño que no vino
no viene
porque cree
que todo el que aquí nace
no se muere
después.

NOTA: La imagen corresponde a la pintura “Niños comiendo uvas y melón”, de Bartolomé Esteban Murillo.

Espero volver a verte por aquí.

MARINERO

El tema del mar y los navegantes nos ocupa en nuestra entrada de hoy.

En mi poemario “Soy el silencio”, el poema número VIII es una alegoría que muestra, a través de comparaciones con la vida de un marinero que extraña a su tierra, como el ser humano muchas veces no encuentra su destino y tiene que convivir con una forma de vida que nunca eligió.

La historia de un torpe navegante,
que ninguno hasta ahora narró,
quien llamaba a la proa «adelante»,
quien su barco jamás amarró.

Un marino que amaba la tierra,
un terrestre que estaba en la mar,
navegando añoraba su sierra,
él, que apenas sabía nadar.

Es la historia de un alma cautiva,
transitando su pena observando,
y al negarse a buscar la salida
tal vez siga otros mares surcando.

El sabor a salitre que, intruso,
al tiempo que le brota el lamento,
lo sitúa en su rol de recluso,
lo somete al dolor casi cruento.

No encontrando en las aguas caminos,
extrañando las rutas marcadas,
los bosques con acacias y pinos
y las aves con tristes tonadas.

No es su reino, tan solo es el lecho
donde en una ocasión dormitaron
pasiones que intactas desde el pecho
con soberbia energía explotaron.

Ya sumido en el mundo que impuesto
no le da ni la chance de ser
todo aquello en los planes supuesto
y que él mismo creyó merecer.

Y pasando a los clásicos, hoy es variada la selección que te presento:

“Elegía del niño marinero” (fragmento), de Rafael Alberti —

Marinerito delgado,
Luis Gonzaga de la mar,
¡qué fresco era tu pescado,
acabado de pescar!

Te fuiste, marinerito,
en una noche lunada,
¡tan alegre, tan bonito,
cantando, a la mar salada!

“Enfermo” (a mi hija María), (fragmento), de José Gautier Benítez

Un noble marino anciano,
del viento y del sol curtido
abandonó, ya rendido
los embates de la mar;

y no de las ondas lejos,
en la cercana ribera,
alzó la quinta, y la era,
y el jardín, y el palomar.

“Toque de oración” (fragmento) de Delmira Agustini

Un pedazo de luna que no brilla
sino con timidez. Canta un marino,
y su triste canción, tosca y sencilla,
tartamudea con sabor de vino…

“Marino”, de Vicente Huidobro

Aquel pájaro que vuela por primera vez
Se aleja del nido mirando hacia atrás

Con el dedo en los labios
os he llamado

Yo inventé juegos de agua
En la cima de los árboles

Te hice la más bella de las mujeres
Tan bella que enrojecías en las tardes

La luna se aleja de nosotros
Y arroja una corona sobre el polo

Hice correr ríos
que nunca han existido

De un grito elevé una montaña
Y en torno bailamos una nueva danza

Corté todas las rosas
De las nubes del este

Y enseñé a cantar un pájaro de nieve

Marchemos sobre los meses desatados

Soy el viejo marino
que cose los horizontes cortados

Nota: La imagen corresponde a la pintura “El marinero”, de Pablo Picasso.


Espero volver a verte por aquí…

1RA FERIA VIRTUAL DEL LIBRO DE SUDAFRICA

Ha sido un placer enorme poder haber participado en la 1VBF (Fisrt Virtual Book Fair – South Africa).

Aquí te comparto el enlace con la grabación del día 1 de mayo de 2022

https://fb.watch/cKresL9QTO/

A continuación, el poema «Opresión», de mi autoría, escrito para la oportunidad, con la transcripción de la introducción.

«Y ahora estoy ante todos ustedes, representando a los Artistas Aúricos, en la primera feria virtual del libro de Sudáfrica,
Quería compartirles este sentido poema en homenaje a la gran mayoría de sudafricanos que sufrieron la opresión de una minoría de hombres, pero con poder.
Como siempre, el poder concentrado en pocos, genera la insensibilidad de quienes lo ostentan y busca diferencias entre los hombres, que existen solamente para gozar privilegios.
El hombre desune, todo aquello que la naturaleza no separó. El color de la piel, el grosor de los labios, los rizos del pelo no ofrecen ventajas para quien posea ni un tipo ni el otro. El poder y el control desfiguran la vida. Es el placer de ser más, aunque te transforme en menos.

Minorías de blancos unidos controlaron a los negros divididos. El enemigo común no se atacaba. Era más fácil matarse entre tribus, entre hermanos, que unirse y derrocar la injusticia. Que el frente común contra el colonizador.

Pero no es solo el apartheid en la región sudafricana. El mundo es la historia de pocos que controlan a muchos. Del poder que ejerce una élite. Lo triste del apartheid es que buscó separar lo inseparable, castigar al inocente y premiar al culpable.

El título de este poema de mi autoría es OPRESIÓN y dice así:

OPRESIÓN
Opresión,
la que en Sudáfrica y Namibia
tras décadas de lucha tibia
explosionó en revolución;
apenas se viste de excusa,
en una batalla inconclusa
por sembrar discriminación;
la sostenida entre muy pocos
iluminada por los focos
de la más cruel segregación.

Opresión,
que gesta dolor y desgracia
sometiendo a la democracia
alimentando división;
esa sociedad destructiva
es obsesiva, es agresiva
sin la mínima compasión;
es absurda fuerza encendida
ofende al progreso, a la vida
un fuego sin moderación.

Opresión,
que desmembrando por colores
alimenta tantos dolores
de los pueblos sin salvación;
que lacerando los derechos
y fomentando los despechos
sometió a toda una nación;
la devastadora injusticia,
que programada con malicia
se sostuvo años sin sanción.

Opresión,
la que minorías raciales
gozaron crueles y triunfales,
por más de una generación;
es tan tenebrosa respuesta
a la más oscura propuesta
de soslayar toda admisión;
y se aferra a los privilegios
exclusivos para hombres regios
en el mar de la desunión.

Opresión,
por ser voraz, es abusona
de la equidad, la más ladrona
en persitente violación;
la que tantas notas enciende
mientras la harmonía se prende
entonando triste canción;
aunque el control de la miseria
pudiera rasgar la materia
nunca podrá con la pasión.

Opresión,
separando al hombre por clases
intenta demoler las bases
de tan antigua convicción;
siendo el más vil de los ultrajes
al negro veta los mensajes
para cercenar su opinión;
por negar el derecho al voto
y al educar ponerle coto
es aborto a la volición.

Opresión:
Mandela y Biko laboriosos
y tantos otros silenciosos
obtuvieron su abolición;
¡Qué sanguinaria aplanadora,
la maquinaria aterradora!
¡Que nunca más haya opresión!
Fue tan marginante amenaza
que se prendió como tenaza
¡mas, nunca más habrá opresión!

GABRIEL BARRELLA ROSA
MONTEVIDEO URUGUAY
Presentado en la “1 Virtual Book Fair, South Africa” el 1 de mayo de 2022.
D.R.A.»

Espero volver a verte por aquí…

EL DESTINO

En el poema LXXVI de “Soy el silencio”, el destino lo vemos como forjado por uno mismo, pero mostrando el desconocimiento que tiene cada niño de que en esa temprana etapa de su vida, con tan pocas herramientas, tiene que ir forjándolo.

De su destino sólo cada uno es culpable,

en el presente quizás se esté lamentando

por esos caminos elegidos, errando,

queriendo dar ahora con un responsable.

Y el problema surge al elegir, cuando infante,

sin tener las armas que requiere la opción,

sin la mente abierta, ni la libre opinión,

sin saber todavía notar lo importante.

¡Cuán lejos está, de cada niño en su mente,

la importancia del paso que tiene que dar!

Es más tarde difícil poder desandar

el camino Ilusión que seguía de frente.

¡Cuán soberbio es el hombre que no quiere ver

que ha fallado el camino y por eso se aferra

al yerro no resuelto que siempre lo encierra

maniatando el nacer de su auténtico ser!

Nunca será tarde, si la mente está abierta,

aún cansado es viable si sobran las ganas,

solamente al fracaso guían haraganas

las manos del hombre que, holgazán, no despierta.

Y, como siempre, al referirnos a los clásicos nunca falta el material, mucho menos con el destino.

“Elegía”, de Jorge Luis Borges

Oh destino el de Borges,

haber navegado por los diversos mares del mundo

o por el único y solitario mar de nombres diversos,

haber sido una parte de Edimburgo, de Zurich, de las dos Córdobas,

de Colombia y de Texas,

haber regresado, al cabo de cambiantes generaciones,

a las antiguas tierras de su estirpe,

a Andalucía, a Portugal y a aquellos condados

donde el sajón guerreó con el danés y mezclaron sus sangres,

haber errado por el rojo y tranquilo laberinto de Londres,

haber envejecido en tantos espejos,

haber buscado en vano la mirada de mármol de las estatuas,

haber examinado litografías, enciclopedias, atlas,

haber visto las cosas que ven los hombres,

la muerte, el torpe amanecer, la llanura

y las delicadas estrellas,

y no haber visto nada o casi nada

sino el rostro de una muchacha de buenos aires,

un rostro que no quiere que lo recuerde.

Oh destino de Borges,

tal vez no más extraño que el tuyo.

“Tal vez no era pensar” (fragmento), de Idea Vilariño

Tal vez pude subir como una flor ardiente

o tener un profundo destino de semilla

en vez de esta terrible lucidez amarilla

y de este estar de estatua con los ojos vacíos.

Tal vez pude doblar este destino mío

en música inefable. O necesariamente…

Ángelus, de Mario Benedetti

Quién me iba a decir que el destino era esto

ver la lluvia a través de letras invertidas,

un paredón con manchas que parecen prohombres,

el techo de los ómnibus brillantes como peces

y esa melancolía que impregna las bocinas.

Aquí no hay cielo,

aquí no hay horizonte.

Hay una mesa grande para todos los brazos

y una silla que gira cuando quiero escaparme.

Otro día se acaba y el destino era esto.

Es raro que uno tenga tiempo de verse triste:

siempre suena una orden, un teléfono, un timbre,

y, claro, está prohibido llorar sobre los libros

porque no queda bien que la tinta se corra

«Palabras a mi madre» (fragmento), de Alfonsina Storni

Porque mi alma es toda fantástica, viajera,

Y la envuelve una nube de locura ligera

Cuando la luna nueva sube al cielo azulino.

Y gusta, si el mar abre sus fuertes pebeteros.

Arrullada en un claro cantar de marineros

Mirar las grandes aves que pasan sin destino.

“A la espera de la oscuridad” (fragmento), de Alejandra Pizarnik —

Pero ese instante sudoroso de nada

acurrucado en la cueva del destino

sin manos para decir nunca

sin manos para regalar mariposas

a los niños muertos.

“El nudo” (fragmento), de Delmira Agustini

Y el Destino interpuso sus dos manos heladas…

¡Ah! los cuerpos cedieron, mas las almas trenzadas

son el más intrincado nudo que nunca fue.

En lucha con sus locos enredos sobrehumanos

las Furias de la vida se rompieron las manos

y fatigó sus dedos supremos Ananké…

“La estrella del destino”, de Julio Herrera Reissig

La tumba, que ensañáse con mi suerte,

me vio acercar a vacilante paso,

como un ebrio de horrores, que al acaso

gustase la ilusión de sustraerte.

En una larga extenuación inerte,

pude medir la infinidad del caso,

mientras que se pintaba en el ocaso

la dulce primavera de tu muerte.

La estrella que amparónos tantas veces,

y que arrojara, en medio de las preces,

un puñado de luz en tus despojos,

hablóme al alma, saboreando llanto:

«¡oh hermano, cuánta vida en esos ojos

que se apagaron de alumbrarnos tanto!»

NOTA: La imagen corresponde a la pintura “Destino”, de John William Waterhouse.

Espero volver a verte por aquí..

LA ESPERANZA

La esperanza es un estado mental, opuesto al descreimiento, al abandono, a la falta de objetivos. Este sentimiento, tan positivo y motivador, ha sido el eje de numerosos poemas a través de la historia.

En el poema LXV de “soy el silencio”, la esperanza se vuelve a retomar, después de haberla perdido. Surge como un renacer tras lo mucho sufrido por los momentos de abandono personal.

Nace una esperanza y horizontes

se expanden bien límpidos, cercanos,

casi siento los tocan mis manos,

sorteando, gigantes, los montes.

Vive la alegría del encuentro

la emoción de buscar ilusiones,

el pecho hinchado explota en canciones,

melodías que brotan muy dentro.

Reina la concordia festejada

con mí mismo tras dura batalla,

cuyos cañones la brisa acalla,

cuya trinchera está derribada.

Fui vencido saliendo triunfante,

al perder, he ganado la vida,

pues mi antigua conducta dolida

ya no existe si miro adelante.

En el cambio se gana y se pierde,

en la vida no hay tiempo de dudas,

he dejado las horas más crudas

y el mañana que auguro no muerde.

Y a continuación te comparto los textos de los clásicos, que ya sé que estabas esperando…

«A la esperanza” (fragmento) de Miguel Unamuno

Esperanza inmortal, genio que aguardas

al eterno Mesías, del que sabes

que nunca llegará, tú la que guardas

á tu hija la fé con siete llaves

“Esperanza” (fragmento) de Amado Nervo

Esperanza, pan nuestro cotidiano;

esperanza nodriza de los tristes;

murmúrame esas íntimas palabras

que en el silencio de la noche fingen,

en lo más escondido de mi mente,

cuchicheo de blancos serafines…

¿Verdad que he de encontrarme con mi muerta?

si lo sabes, ¿por qué no me lo dices?

«Exilio» (fragmento) de Alejandra Pizarnik

La sombra no muere.

Y mi amor

sólo abraza a lo que fluye

como lava del infierno:

una logia callada,

fantasmas en dulce erección,

sacerdotes de espuma,

y sobre todo ángeles,

ángeles bellos como cuchillos

que se elevan en la noche

y devastan la esperanza.

“La flor de mi esperanza” (fragmento) de Manuel del Palacio

Yo vi en una mañana

Serena y deliciosa,

Brillar en la pradera fresca rosa

Espléndida y galana.

Sus hojas de colores

Al albo Sol hería,

Era la reina de las otras flores,

Era la flor de la esperanza mía.

“Salmo” (fragmento) de Ida Vitale

Alaba lo que no conoces

por tu esperanza

y aún por tu mirada de hoy

                                                           creyente

de la hermosura que muchos desdeñan;

alábalo por inconcebible,

por la constancia de sus absurdas

disposiciones.

“Al temor” (fragmento) de Catalina Clara Ramírez de Guzmán

Deja vivir, Temor, a mi esperanza,

que apenas nace cuando a penas muere;

y si no ha de lograr, deja que espere,

ya que está el bien del mal en la tardanza.

«Neso» (fragmento) de Pedro Calderón de la Barca

Todo vive sujeto a la mudanza:

de un día y otro día los engaños

cumplen un año, y éste al otro alcanza.

Con esperanza sufre desengaños

un monte, que a faltarle la esperanza,

ya se rindiera al peso de los años.

«Esta tarde» de Alfonsina Storni

La tarde ha de morir y él está lejos…

Lejos como este sol que para nunca

Se marcha y me abandona, con las manos

Hundidas en las trenzas, con la boca

Húmeda y temblorosa, con el alma

Sutilizada, ardida en la esperanza

De este amor infinito que me vuelve

Dulce y hermosa…

“Dice la esperanza: un día…” de Antonio Machado

Dice la esperanza: Un día

la verás, si bien esperas.

Dice la desesperanza:

Sólo tu amargura es ella.

Late, corazón… No todo

se lo ha tragado la tierra.

“Sueldo” de Mario Benedetti

Aquella esperanza que cabía en un dedal,

aquella alta vereda junto al barro,

aquel ir y venir del sueño,

aquel horóscopo de un larguísimo viaje

y el larguísimo viaje con aDioses y gente

y países de nieve y corazones

donde cada kilómetro es un cielo distinto,

aquella confianza desde nos cuándo,

aquel juramento hasta nos dónde,

aquella cruzada hacia nos qué,

ese aquel que uno hubiera podido ser

con otro ritmo y alguna lotería,

en fin, para decirlo de una vez por todas,

aquella esperanza que cabía en un dedal

evidentemente no cabe en este sobre

con sucios papeles de tantas manos sucias

que me pagan, el lógico, en cada veintinueve

por tener los libros rubricados al día

y dejar que la vida transcurra,

gotee simplemente

como un aceite rancio.

Nota: La imagen corresponde a la pintura de Frida Kahlo, “Árbol de la esperanza”.

Espero volver a verte por aquí.

PROMESAS

Asumir un compromiso, cumplirlo, no cumplirlo, intentarlo, decirlo por decir. Todas estas opciones son posibles cuando uno expresa un deseo, real o imaginario y lo plasma en una promesa. A lo largo de la historia de las letras, la poesía fue recogiendo muchas promesas que, por la magia propia de los poemas, muestran la voluntad previa y no tanto la secuencia de su cumplimiento o su abandono.

Mi poemario “Soy el silencio” no está ajeno a esto y, en su poema XXII, le dedica unos versos a ellas.

Las promesas que el viento en murmullo
en mi nudo jardín esparció,
de las flores abriendo el capullo
y aquel fruto que nunca nació.

En la sombra del campo al poniente,
transitando entre silbos y cantos,
va esa voz, que me invita oferente,
a verter esperanza en mis llantos.

Y al surgir a la vida nocturna
los silencios que a gritos estallan,
invadiendo mi paz taciturna,
en mi esencia presagios encallan.

Incumplidas promesas esperan
prolongar, por creíble, el mensaje,
si sus fieles ingenuos toleran
otra vez su mezquino chantaje.

Y el jardín despoblado y sombrío,
a cuya alfombra de hojas crujientes
no la besa siquiera el rocío,
jamás luce colores vivientes.

Pero el día en que el gris apagado
tan brillante se muestre triunfal,
las promesas que el viento ha insinuado
cumplirán en el mundo real.

Al momento de mostrarte lo que han escrito los clásicos, hay que seleccionar mucho en un tema abundantemente tratado. Así, entre fragmentos y poemas completos, te dejo una selección de páginas geniales.

“La cita” (fragmento), de Amado Nervo


Llevarme pronto me ha prometido;
a su promesa no ha de faltar…
Tocan la puerta. Qué, ¿no has oído?
la fiebre te hace desvariar.

“Alma venturosa” (fragmento), de Leopoldo Lugones


Fue silencio y temblor nuestra sorpresa,
mas ya la plenitud de la promesa
nos infundía un jubilo tan blando,

que nuestros labios suspiraron quedos…
Y tu alma estremecíase en tus dedos
como si se estuviera deshojando.

“Mientras el hielo las cubre” (fragmento), de Rosalía de Castro


Esos hielos para ellas
Son promesa de flores tempranas,
Son para mí silenciosos obreros
Que están tejiéndome la mortaja.

“Promesa”, de Meira Delmar


En alguna mañana azul y florecida
iremos dulcemente, con las manos unidas
a escuchar las historias que el arroyo murmura
ante el fácil asombro de las piedras desnudas…
No diremos, amado, una sola palabra:
hablarán nuestros ojos su lenguaje de magia,
y la brisa curiosa llegará muy callada
sin romper el embrujo de la hora encantada
después… Como un racimo de hermosas uvas nueva
tronchadas de la vid por manos tempraneras
yo dejaré en tu boca con un poco de miedo,
el sabor ignorado de mis besos primeros…

«Ante la ausencia» (fragmento) de Sor Juana Inés de la Cruz

y puesto que me ausento,
por el último vale
te prometo rendido
mi amor y fe constante,
siempre quererte, nunca olvidarte

“La promesa”, de Juana de Ibarbourou

¡todo el oro del mundo parecía
diluido en la tarde luminosa!
apenas un crepúsculo de rosa,
la copa de los árboles teñía.

Un imprevisto amor, mi mano unía
a tu mano, morena y temblorosa.
¡Éramos Booz y Ruth ante la hermosa
era que circundaba la alquería!

¿me amarás?, murmuraste. Lenta y grave
vibró en mis labios la promesa suave
de la dulce, la amante moabita.

Y fue como un ¡amén! en ese instante
el toque de oración que alzó vibrante
la rítmica campana de la ermita.

NOTA: La imagen corresponde a “La tentación de San Antonio”, de Salvador Dalí.

Espero volver a verte por aquí…

HASTÍO

Retomando el tema de la rutina, tratado en la entrada del 21 de octubre pasado, te presento el poema LXVI de “Soy el silencio”. Aborda, como muchas veces lo has visto en poesía, el tema del hastío, de la rutina, a veces insoportable, otras tantas añorada. El buscar una existencia más excitante, pero el miedo a despertar aparece como una especie de freno. Se ve presente el mensaje de saber disfrutar las rutinas y las cosas simples de la vida, que muchas veces, por tenerlas, no las valora.

Tantas veces en la vida he asumido

que la diaria rutina me atormenta,

el hastío sin pausas me alimenta

de elementos carentes de sentido.

A lo largo de senda sin escollos

repetidas tareas me apabullan,

con cálido sopor casi me arrullan

y me ven postergar mis desarrollos.

Tantas veces en la vida he soñado

la fuga hacia un trajín más excitante,

liberarme del tedio tan constante

mas no me aparté de lo planeado.

Pero hoy, al verme ausente de rutinas,

al perder pequeñeces que sufría,

comprendo que el placer de cada día

es mejor cuanto más suelto caminas.

Pues las sencillas cosas de la vida

no por ser simples pierden importancia.

Saber darles en tiempo relevancia

tal vez al fin evite atroz caída.

Dentro de los clásicos hay una gran serie de poemas, de los que apenas te comparto una pequeña muestra:

“En soledad. no se siente” de Luis Cernuda

El mundo, que un muro sella;

la lámpara abre su huella

sobre el diván indolente.

Acogida está la frente

al regazo del hastío.

¿Qué ausencia, qué desvarío

a la belleza hizo ajena?

tu juventud nula, en pena

el blanco papel vacío.

“La de a mil” (fragmento) de César Vallejo

La de a mil

el suertero que grita la de a mil,

contiene no sé qué fondo de dios.

Pasan todos los labios. El hastío

despunta en una arruga su ya no.

Pasa el suertero que atesora, acaso

nominal, como dios,

entre panes tantálicos, humana

impotencia de amor.

“Perlas negras – amiga, mi larario está vacío” (fragmento) de Amado Nervo

Amiga, mi larario está vacío:

desde que el fuego del hogar no arde,

nuestros dioses huyeron ante el frío;

hoy preside en sus tronos el hastío

las nupcias del silencio y de la tarde.

“Poema 18 de los Veinte poemas de amor y una canción desesperada” (1924) de Pablo Neruda

Mi hastío forcejea con los lentos crepúsculos.

Pero la noche llega y comienza a cantarme.

La luna hace girar su rodaje de sueño.

Me miran con tus ojos las estrellas más grandes.

Y como yo te amo, los pinos en el viento, quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre.

“Deletreos de armonía”, de Antonio Machado

Deletreos de armonía

que ensaya inexperta mano.

Hastío. Cacofonía

del sempiterno piano

que yo de niño escuchaba

soñando… No sé con qué,

con algo que no llegaba,

todo lo que ya se fue.

Y para cerrar, el más célebre de todos y el más centrado en el tema: “Hastío”, también del mismo Antonio Machado.

Pasan las horas de hastío

por la estancia familiar,

el amplio cuarto sombrío

donde yo empecé a soñar.

Del reloj arrinconado,

que en la penumbra clarea,

el tictac acompasado

odiosamente golpea.

Dice la monotonía

del agua clara al caer:

Un día es como otro día;

hoy es lo mismo que ayer.

Cae la tarde. El viento agita

el parque mustio y dorado…

¡Qué largamente ha llorado

toda la fronda marchita!

NOTA: La imagen corresponde a “Mujeres en la ventana” de B. E. Murillo, propiedad de la National Gallery of Art, Washington DC

Espero volver a verte por aquí.

MILAGRO – LAS POETISAS URUGUAYAS

Para reflexionar en el día internacional de la mujer, te presento un tema que no tiene controversia. Pese a todas las adversidades que la sociedad le impuso a las mujeres durante el siglo XX, el éxito alcanzado por estas seis heroínas de la pluma habla por sí solo.

Hoy quiero acompañarte por un breve recorrido de la mano de las grandes poetisas uruguayas del siglo pasado. Sin esforzarnos en la búsqueda, y quizás dejando otras tantas afuera de la lista, podemos encontrar seis mujeres poetas de trascendencia internacional en el correr del siglo XX. Me animaría a decir que en países con muchísimos más habitantes no resultaría tan fácil encontrarlas.

Te paso pues, una breve reseña de ellas.

María Eugenia Vaz Ferreira (Montevideo, 13 de julio de 1875 – Montevideo, 20 de mayo de 1924) fue la primera poetisa del Uruguay. Es una de las pocas mujeres que sobresalieron dentro del movimiento modernista, junto a su compatriota Julio Herrera y Reissig. Previamente tuvo una etapa de poesía romántica y posteriormente se fue volcando hacia un lado más metafísico. “La isla de los cánticos”, 1924, póstumo, fue su principal libro de poesía y de allí destacamos un fragmento de uno de sus poemas, “Desde la celda”:

Afuera ríen los soles

sus vitrinas de cristal,

racimos de perlas vivas

al pasajero le dan.

Por los caminos del mundo

cruza la marcha triunfal

Evohé… siga la fiesta…

i Ay de aquel que fuera un día

novio de la soledad!…

Delmira Agustini (Montevideo, 24 de octubre de 1886-Montevideo, 6 de julio de 1914). De breve pero prolífica vida, Delmira fue una adelantada, no solo como mujer sino como poeta. Introdujo en los albores del siglo XX el erotismo en la poesía, en tiempos en que era palabra prohibida. El máximo exponente del modernismo, Rubén Darío, prologó el libro de Delmira “Los cálices vacíos” señalando «De todas las mujeres que hoy escriben en verso ninguna ha impresionado mi ánimo como Delmira Agustini… ».

Y como muestra de su arte, solo corresponde mostrar un fragmento de “El intruso”, donde sobresale su célebre metáfora de la llave y la cerradura,

Amor, la noche estaba trágica y sollozante

cuando tu llave de oro cantó en mi cerradura;

luego, la puerta abierta sobre la sombra helante,

tu forma fue una mancha de luz y de blancura.

Juana de Ibarbourou (Melo, Uruguay, 8 de marzo de 1892-Montevideo, 15 de julio de 1979). Es quizás la más representativa de las seis. Femenina, vanguardista y surrealista, le cantó al amor, la naturaleza, la maternidad. En 1929 recibió el título “Juana de América” que la reconocía como la voz más representativa del continente, en épocas en que también brillaban alto sus coetáneas Gabriela Mistral de Chile y Alfonsina Storni de Argentina. Admirada por los españoles Unamuno, García Lorca, Antonio y Manuel Machado y J.R. Jiménez, escribió libros de la talla de “las lenguas de diamante” y “La rosa de los vientos”, entre muchos más. Para mostrar algo de su obra, elijo este tramo final de “La higuera” donde se puede percibir la exquisita musicalidad en los versos de rima asonante.

Si ella escucha,

si comprende el idioma en que hablo,

¡qué dulzura tan honda hará nido

en su alma sensible de árbol!

Y tal vez, a la noche,

cuando el viento abanique su copa,

embriagada de gozo le cuente:

¡Hoy a mí me dijeron hermosa!

Idea Vilariño (Montevideo, 18 de agosto de 1920-Montevideo, 28 de abril de 2009), integrante del movimiento uruguayo conocido como “generación del 45”, apadrinado por el ya consolidado Juan Carlos Onetti, quien tuvo una tormentosa relación sentimental con ella, y liderado por Mario Benedetti. Feminista, en 1995 ganó el premio Bartolomé Hidalgo. Muchos de sus poemas fueron musicalizados por referentes del canto popular latinoamericano, como Alfredo Zitarrosa, Daniel Viglietti o Los Olimareños. Aquí presentamos un tramo de su poema “Desnudez total”

Ya en desnudez total

extraña ausencia

de procesos y fórmulas y métodos

flor a flor,

ser a ser,

aún con ciencia

y un caer en silencio y sin objeto.

Ida Vitale (Montevideo, 2 de noviembre de 1923). Afortunadamente en vida y totalmente activa, Ida perteneció también a la “generación del 45”. Representante de la poesía esencialista, ha sido multipremiada por su obra con el premio Octavio Paz (2009), el Alfonso Reyes (2014), el Reina Sofía (2015), el premio internacional de Poesía Federico García Lorca (2016), el Premio Max Jacob (2017) y el más importante de habla hispana, el premio Miguel de Cervantes (2018). Y por estar activa, podemos exponer un poema completo de su último trabajo, “Gotas”, de “Tiempo sin claves” (2021).

¿Se hieren y se funden?

Acaban de dejar de ser la lluvia.

Traviesas en recreo,

gatitos de un reino transparente,

corren libres por vidrios y barandas,

umbrales de su limbo,

se siguen, se persiguen,

quizá van, de soledad a bodas,

a fundirse y amarse.

Trasueñan otra muerte.

Cristina Peri Rossi (Montevideo, Uruguay, 12 de noviembre de 1941), escritora de izquierda radical, terminó exilándose en París y Barcelona, su lugar de residencia actual, durante la dictadura militar. También novelista (“La nave de los locos”, 1984) y cuentista (Los museos abandonados”, 1968), en poesía le cantó principalmente al exilio, la homosexualidad y los conflictos, prácticamente siempre amparada en el verso libre. La antología “Mi casa es la escritura” es su poemario más célebre, entre muchos otros. Multipremiada, luego de recibir el premio internacional de relatos Mario Vargas Llosa, tan solo tres años después que su compatriota Ida Vitale, alcanza el gran premio Miguel de Cervantes en 2021. Aquí van unos versos de “Mi casa es la escritura”,

¿cuál es mi casa?

¿dónde vivo?

Mi casa es la escritura

la habito como el hogar

de la hija descarriada

la pródiga

la que siempre vuelve para encontrar los rostros conocidos

el único fuego que no se extingue Esperemos por las poetisas que nos ofrezca este pequeño país en este siglo XXI.

Espero volver a verte por aquí…

POEMAS BREVES

La poesía siempre se asocia a un lenguaje más complicado que el utilizado en narrativa e incluso mucho más si lo comparamos con el de uso cotidiano en la comunicación oral. Por esto, no siempre es fácil encontrar poemas que expresen una idea completa en un texto breve.

Muchísimos amantes de la poesía le adjudican el cénit de los poemas clásicos a Rubén Darío y su célebre Sonatina. Este no es precisamente un poema breve, ya que consta de ocho estrofas de seis versos cada una y, a su vez, cada uno de estos está construido con catorce sílabas. Como cada verso está dividido exactamente en dos hemistiquios de siete, podríamos hablar de una riqueza aún mayor en conceptos, figuras, versos y semi versos.

Pero esta introducción está puesta para mostrarnos la contra cara de ese poema, que por cierto tampoco es el más largo de todos, ni mucho menos. El tema que te quería plantear hoy es el de la síntesis lograda en la poesía, los poemas breves.

Siempre consideré a «Cultivo una rosa blanca» de José Martí, como el ideal de poema, breve, completo, estructurado, musical.

Cultivo una rosa blanca
en junio como enero
para el amigo sincero
que me da su mano franca.
Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo;
cultivo la rosa blanca.

Con estructura parecida, Gustavo Adolfo Becquer, logra en su rima XXX una plenitud tan o más elogiable que la de Martí.

Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino; ella, por otro;
pero, al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: ¿Por qué callé aquel día?
Y ella dirá: ¿Por qué no lloré yo?

Obviamente, pese a no ser tan comunes, podemos encontrar unos cuantos poemas muy cortos, si buceamos dentro de todo el universo poético.

Así, Octavio Paz nos regala su poema “Aquí”


Mis pasos en esta calle
Resuenan
En otra calle
Donde
Oigo mis pasos
Pasar en esta calle
Donde
Sólo es real la niebla.

El poema “Desvelada”, de Gabriela Mistral es otro breve, en sus ocho versos.


Como soy reina y fui mendiga, ahora
vivo en puro temblor de que me dejes,
y te pregunto, pálida, a cada hora:
«¿Estás conmigo aún? ¡Ay, no te alejes!»
Quisiera hacer las marchas sonriendo
y confiando ahora que has venido;
pero hasta en el dormir estoy temiendo
y pregunto entre sueños: «¿No te has ido?»

Antonio Machado hace lo propio con sus “Deletreos de armonía”


Deletreos de armonía
que ensaya inexperta mano.
Hastío. Cacofonía
del sempiterno piano
que yo de niño escuchaba
soñando… no sé con qué,
con algo que no llegaba,
todo lo que ya se fue.


Alejandra Pizarnik contribuye con su brevísima “Despedida”


Mata su luz un fuego abandonado.
Sube su canto un pájaro enamorado.
Tantas criaturas ávidas en mi silencio
y esta pequeña lluvia que me acompaña.


La síntesis en Federico García Lorca podemos encontrarla en el bello “Al oído de una muchacha”.


No quise.
No quise decirte nada.

Vi en tus ojos
dos arbolitos locos.
De brisa, de risa y de oro.
Se meneaban.
No quise.
No quise decirte nada.

Y navegando entre los poetas compatriotas, en estos días me topé con esta joya de Laura Domínguez, «Blanca» que cumple en todo lo que te comenté como para ser incluida en esta selección.

Blanca mirada ciega
blanca ceguera blanca
blanca mirada tierna
blanca esperanza alada

Armas de estrellas negras
pozos de cielo en calma
calma que anuncia guerra
alas recién planchadas.

Esas estrellas negras
ajan las esperanzas.

Por último, no podía faltar el mío, más allá de que posiblemente ya lo hayas leído en la ilustración de esta entrada, el poema LV de mi “Soy el silencio”. Este poema es la búsqueda de la síntesis al extremo, en cuatro versos cortos trata de mostrar la desesperada lucha por detener ese tiempo que tan veloz se nos va escapando.


Ayer, hoy era mañana.
Quiero saber dónde voy.
Aplazar vejez temprana,
que mañana, ayer será hoy.

Nota: La ilustración es una foto tomada por el autor, «Atardecer en la Mansa», Punta del Este. Derechos reservados.

Espero volver a verte por aquí…