EL PASADO

El tiempo, la forma como se escapa, ha sido desde siempre base de inspiración para poetas y todo tipo de escritores en cualquier parte del mundo. El pasado, el presente y el futuro deambulan por toda la literatura de la misma forma que corren en el tiempo.

En mi “Soy el silencio”, el pasado está aludido claramente en el poema LVI:

El mañana no existe si el ayer no pasó;
la ilusión que es el tiempo mi sonrisa borró,
en mi magro rostro una queja, eterna, se enciende,
en mi nuda alma una espina, punzante, se prende.

El ayer es el hoy, ¿Permanecerá hasta cuándo?
Cansado de transitar por el mundo vagando;
en mi llanto va la vida, disuelta en mi sangre,
mi vista contempla la cruel tortura del hambre.

El hoy no puede mostrarme ni opciones ni brechas,
calendario de a poco vas trocando las fechas,
detenido en mi mente abandonada al vacío:
¡Cuántas hojas que perdiste! Es verano y es frío.

También en mi segundo poemario, “Plegarias en penumbra” aparece el ayer, con las cicatrices que marcan el presente, como están expuestas en el poema XII:

Cicatrices en el cuerpo,
marcado por los años
y en la conciencia,
modelada por la vida…
Ambos cansados por los sucesos
pero expectantes del porvenir.
Siempre hay tiempo para soñar
porque nunca falta
la chance de hacer planes.
Las cosas pasadas son mejores
pero las que vienen
no tienen límites.
El ayer siempre es real,
podrá ser una realidad desfigurada,
desgastada por el tiempo,
o confundida,
pero al fin, real.
El mañana nos lleva
a una ventana sin horizontes,
los mojones de nuestros sueños
solamente nosotros
los clavamos como estacas,
donde queremos,
o donde podemos…

Y, como siempre, no podía faltar la alusión a los clásicos de siempre, que con el pasado, han gastado un océano de tinta…

“Elegía de un parque”, de Jorge Luis Borges

Se perdió el laberinto. Se perdieron
todos los eucaliptos ordenados,
los toldos del verano y la vigilia
del incesante espejo, repitiendo
cada expresión de cada rostro humano,
cada fugacidad. El detenido
reloj, la entretejida madreselva,
la glorieta, las frívolas estatuas,
el otro lado de la tarde, el trino,
el mirador y el ocio de la fuente
son cosas del pasado. ¿Del pasado?
si no hubo un principio ni habrá un término,
si nos aguarda una infinita suma
de blancos días y de negras noches,
ya somos el pasado que seremos.
Somos el tiempo, el río indivisible,
somos Uxmal, Cartago y la borrada
muralla del romano y el perdido
parque que conmemoran estos versos.

“Hastío del pasado”, de Juana de Ibarbourou

Magdalena: yo a veces envidio lo que fuiste.
Me aburre esta existencia tan monótona y triste.
Hoy daría mi alma por los mil esplendores
Y el vértigo de abismo de tus cien mil amores.

Y después, el sayal gris de los penitentes.
¿Qué importa? Hoy es mi alma un nido de serpientes.
Me vengo del hastío ensoñando el pecado,
Y siento entre mis labios la miel de lo vedado.

El inmenso bostezo de mi paz cambiaría
Por el barro dorado de tus noches de orgía,
Para luego ofrendarlo, en un gran vaso lleno,

De ungüento de nardos, al rubio Nazareno.
¡Hoy daría mi alma por los mil esplendores
Y el vértigo de abismo de tus cien mil amores!

“Tiempo” (fragmento), de Dulce María Loynaz

Tarde, pronto, ayer perdido…
Mañana inlogrado, incierto
hoy… ¡Medidas que no pueden
fijar, sujetar un beso!…

“Cuando me paro a contemplar mi estado”, de Lope de Vega —

Cuando me paro a contemplar mi estado,
y a ver los pasos por donde he venido,
me espanto de que un hombre tan perdido
a conocer su error haya llegado.

Cuando miro los años que he pasado,
la divina razón puesta en olvido,
conozco que piedad del cielo ha sido
no haberme en tanto mal precipitado.

Entré por laberinto tan extraño,
fiando al débil hilo de la vida
el tarde conocido desengaño;

mas de tu luz mi escuridad vencida,
el monstro muerto de mi ciego engaño,
vuelve a la patria, la razón perdida.

“Coplas por la muerte de su padre” (fragmento), de Jorge Manrique

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

“Hojas naturales”, de Ida Vitale

Arrastro por los cambios un lápiz,
una hoja, tan sólo de papel, que quisiera
como de árbol, vivaz y renaciente,
que destilase savia y no inútil tristeza
y no fragilidad, disoluciones;
una hoja que fuese alucinada, autónoma,
capaz de iluminarme, llevándome
al pasado por una ruta honesta: abiertas
las paredes cegadas y limpia
la historia verdadera de las pintarrajeadas
artimañas que triunfan.
Hoja y lápiz, para un oído limpio,
curioso y desconfiado.

“Trilce: VII” (fragmento), de César Vallejo

Rumbé sin novedad por la veteada calle
que yo me sé. Todo sin novedad,
de veras. Y fondeé hacia cosas así,
y fui pasado.

“Rima LIV”, de Gustavo Adolfo Bécquer

Cuando volvemos las fugaces horas
del pasado a evocar,
temblando brilla en sus pestañas negras
una lágrima pronta a resbalar.
Y al fin resbala y cae como gota
del rocío al pensar
que cual hoy por ayer, por hoy mañana
volveremos los dos a suspirar.

Y, para finalizar, una de las letras del rock más famosas con un fragmento de “Ayer” (Yesterday), de Paul McCartney, firmado junto a John Lennon.

Ayer
todos mis problemas parecían estar tan lejos,
pero ahora se muestran como si quisieran quedarse aquí…
¡Oh!, yo creo en el ayer…
De repente
No soy ni la mitad del hombre que solía ser
Hay una sombra que se cierne sobre mí
¡Oh!, el ayer llegó de repente…

NOTA: La imagen corresponde a la pintura “La Gioconda – Retrato de Mona Lisa” de Leonardo da Vinci.

Espero volver a verte por aquí…

EL MIEDO

Una de las cinco emociones auténticas, de esas emociones que además de ser vividas por el hombre se han podido verificar también en los animales.

Un sentimiento, tan común y tan fuerte, no puede dejar de ser abundantemente tratado como lo ha sido en toda la literatura y, especialmente, en el género poético.

Mis libros no han sido la excepción y puedes verificar que en ambos es uno de los sentimientos más presentes en los poemas.

Como muestra, expongo uno de cada libro:

En el LI de Soy el silencio se marcan los peligros de los miedos propios, que son la especie de guía hacia la caída:

No salgo del letargo en que me encuentro
a menos que yo vea un resplandor,
en mis miedos arraigados me centro
y evito obsesionado mi dolor.

No pierdo la esperanza de algún día
dibujar en mi mente lo real,
aunque crea que existe la alegría,
a mi mundo tan solo soy leal.

No niego que allá, fuera de fronteras
hay todo un mundo para conquistar,
mas conozco mis gustos y maneras:
solo y triste se aprende a disfrutar.

No marcho más en vano por la vida
ni me expongo ignorante por ahí,
no lloro la batalla ya perdida
pues debía caer y al fin caí.

Mientras que en el XXXII de Plegarias en Penumbra el miedo representa más que nada el temor a lo desconocido, que tanto nos afecta a los seres humanos.

El miedo,
como el dolor,
nos pone en alerta,
nos obliga a correr,
El dolor,
como el miedo,
nos paraliza,
nos somete a prueba.
Duelen
el músculo,
la emoción…
Temen
el cuerpo,
la razón…
La duda carcome
la incertidumbre somete
la decepción aniquila
los sueños y esfuerzos
pero moldea energías
renueva el aliento
y relanza a la carrera
tras los logros primitivos
diferidos, olvidados,
Pocas cosas condicionan
decisiones,
la conducta,
como el miedo,
como el dolor…
Podrás curar dolores
o cargarlos,
pero nunca tus miedos.
No puedes enfrentarlos
si no estuviste aterrado…
Tampoco llegas a la certeza
si no tuviste dudas…
Aterra
la única certeza,
la incertidumbre.

Y, como era de esperar, al momento de remitirme a los clásicos, la abundancia es notable, por lo que debo recurrir a una pequeña muestra.

“Miedo a la vida”, de Marilina Rébora

Miedo a la vida
tengo miedo, señor, pero no de la noche,
tampoco de la sombra, menos de la tiniebla;
es miedo de la aurora refulgente derroche
como miedo del mundo, cuando el mundo se puebla.

Tengo miedo, señor, no por valerme sola
ni por triste aislamiento o apartado retiro,
tengo miedo a la gente, a la imponente ola,
el vaivén de los seres en asfixiante giro.
Tengo miedo, señor, de enfrentarme a la vida
con tantas exigencias, compromisos, deberes;

de no cumplir contigo, no ser agradecida,
dejándome llevar de errados procederes.
Y temiendo en el día naturales contiendas,
te ruego: oye mi voz para que me defiendas.

“Me da miedo ese chorro” (fragmento), de César Vallejo

Me da miedo ese chorro,
buen recuerdo, señor fuerte, implacable
cruel dulzor. Me da miedo.
Esta casa me da entero bien, entero
lugar para este no saber dónde estar.
No entremos. Me da miedo este favor
de tornar por minutos, por puentes volados.

“Por miedo” (fragmento), de Amado Nervo

Tuve miedo…, Es la verdad;
miedo, sí, de ya no verla,
miedo inmenso de perderla
por toda una eternidad.
Y preferí, no vivir,
que no es vida la presente,
sino acabar lentamente,
lentamente, de morir.

“La pasajera” (fragmento), de Juana de Ibarbourou

Va la tarde subiendo hacia la noche,
Río opulento y cálido,
Con olor de duraznos y de rosas.
Con rumores de risas y de llantos,
Con el jadeo del miedo,
Con la espiral del canto.

“Trascielo del cielo azul”, de Juan Ramón Jiménez

¡qué miedo el azul del cielo!
¡negro!

¡negro de día en agosto!
¡qué miedo!
¡qué espanto en la siesta ardiente!
¡negro!
¡negro en las rosas y el río!
¡qué miedo!
¡negro con sol en mi tierra
(¡negro!)
sobre las paredes blancas!
¡qué miedo!

“Tengo miedo” (fragmento), de Pablo Neruda

Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza
del cielo se abre como una boca de muerto.
Tiene mi corazón un llanto de princesa
olvidada en el fondo de un palacio desierto.
Tengo miedo. Y me siento tan cansado y pequeño
que reflejo la tarde sin meditar en ella.

“Satán” (fragmento), de Miguel de Unamuno

Que no puedes llorar. Satán huraño,
preso del miedo único en las redes,
del miedo á la verdad, á que no cedes
¡pobre Satán, padre del desengaño!

“Ayer” (fragmento) de Roque Dalton García

junto a mi miedo el miedo que vencieron los muertos,
junto a mi soledad la vida que recorro,
junto a la diseminada desesperación que me ofrecen,
los ojos de los que amo
diciendo que me aman.

“El ápice” (fragmento), de Jorge Luis Borges

No te habrá de salvar lo que dejaron
escrito aquellos que tu miedo implora;
no eres los otros y te ves ahora
centro del laberinto que tramaron

“El anillo” (fragmento), de Delmira Agustini

El porvenir es de miedo…
¿Será tu destino un dedo
De tempestad o de calma?

Para clararte y sombrearte,
¡Si yo pudiera glisarte
En un dedo de mi alma!…

NOTA: La imagen corresponde a la pintura “La cabeza de Medusa”, de Caravaggio.

Espero volver a verte por aquí…

EL SILENCIO

El silencio es un tema al que los poetas de todas las épocas han tratado con asiduidad.

En mi primer libro SOY EL SILENCIO es prácticamente la esencia de toda la obra. Citado regularmente en varios poemas que pueden ser considerados como una cadena independiente dentro de la trama. Sin embargo, acá te presento uno que está por fuera de esa cadena, pero también toca el silencio, como es el poema XXVI:

No esconde el silencio ni un sutil pensamiento,
ni una leve sonrisa, ni un gesto o la faz,
mucho más oculta un velado sentimiento,
guardando del hombre su costado falaz.

Una mueca advertida es la fiel expresión
que aleja el teatro del vivir cotidiano,
se encuentra en el rostro la honradez o traición
que la frase esconde en el decir chabacano.

Tal vez las palabras, con su fácil acceso,
esparcidas al viento parezcan cargar
absolutas verdades, contenido espeso,
que quizá al iluso nunca habrán de amargar.

Pero más allá de las letras y los signos,
donde el desprevenido no puede asistir,
están los mensajes, ni leales ni dignos,
los que el hombre no puede ignorar su existir.

Leyendo entre líneas o viendo los gestos,
escuchando silencios cargados de voz,
debería cada uno escudriñar en éstos
cuál es la intención oculta, la espada o la hoz.

Sin embargo, en mi segundo poemario, PLEGARIAS EN PENUMBRA, también abordo el tema del silencio, apenas tangencialmente, en esta estrofa del poema XXXII:

Mirando hacia abajo me veo erudito
por poco experiente, albañil finalista,
constructor silencioso, apenas artista,
de inmueble firme, quizás no tan bonito.

Los clásicos gastaron un lago de tinta en versos que hablaban del silencio, como queriendo quebrarlo, siempre admirado, la mayoría de las veces indescifrable, pero fascinante de todos modos. Hagamos un breve recorrido por algunos de los más famosos.

«Quiero morir» (fragmento), de Idea Vilariño:

Quiero morir. No quiero oír ya más campanas.
La noche se deshace, el silencio se agrieta.
Si ahora un coro sombrío en un bajo imposible,
si un órgano imposible descendiera hasta donde.

«El silencio que queda entre dos palabras» (fragmento) de Roberto Juarroz:

El silencio que queda entre dos palabras
no es el mismo silencio que envuelve una cabeza cuando cae,
ni tampoco el que estampa la presencia del árbol
cuando se apaga el incendio vespertino del viento.

«Silencio», de Octavio Paz:

Así como del fondo de la música
brota una nota
que mientras vibra crece y se adelgaza
hasta que en otra música enmudece,
brota del fondo del silencio
otro silencio, aguda torre, espada,
y sube y crece y nos suspende
y mientras sube caen
recuerdos, esperanzas,
las pequeñas mentiras y las grandes,
y queremos gritar y en la garganta

se desvanece el grito:
desembocamos al silencio
en donde los silencios enmudecen.

«El silencio», de Federico García Lorca»

Oye, hijo mío, el silencio.
Es un silencio ondulado,
un silencio,
donde resbalan valles y ecos
y que inclina las frentes
hacia el suelo.

«Cancioncillas espirituales otro silencio», de Juan Ramón Jiménez:

Otro silencio
de noche, el oro
es plata.
Plata muda el silencio
de oro de mi alma.

«Marcha en silencio», de Alfonsina Storni:

La mole negra
del buque, avanza.

Se abren en silencio
los valles de agua.

Ojos fosforescentes
asoman a los pozos de las aguas:

¿Sirenas en hileras,
hacen, acaso, guardia?

Única voz del mar,
una cadena, roe la planchada.

Un fantasma blanco,
sobre el puente, comanda.

«El silencio», de Mario Benedetti:

Qué espléndida laguna es el silencio
allá en la orilla una campana espera
pero nadie se anima a hundir un remo
en el espejo de las aguas quietas
.

NOTA: La imagen corresponde al cuadro En silencio, de Didier Murillo.

Espero volver a verte por aquí…

VIVIENDO EL HOY

El hombre siempre encontrará cosa en que ocupar su mente y su tiempo. Con esta caricatura de los adverbios, las conjunciones y las preposiciones puedes ver el mensaje sobre la importancia del vivir el ahora.

Es el poema número XX, de mi recientemente editado libro «Plegarias en Penumbra».

Hay tantos peros en la vuelta,

muchos sinembargos ,

variados noobstantes

y alcontrarios;

son solo aunques

y algunos encambios.

¿Por qué no encontramos tambienes?

¿Por qué los ademases esquivos

con los asimismos se escapan,

tan veloces?

Y los inclusos, lejanos,

no se dejan ver…

Nuestra realidad es la resta,

bajar al que está arriba

por el miedo a sumar…

La suma es solo un sueño,

el deseo confesado

que nadie quiere arriesgar…

Solo somos los mientras,

cualesquiera sean los mediantes

y, al descartar los apenas,

no valoramos los casis.

Cobijando porsiacasos

no se evitan los quizases,

nos cargamos los segunes

sin vivir los durantes.

Admiramos los lejos

denostando los cercas,

nos pesan los encimas

por ignorar los delantes.

Evaluemos los siempres,

rechazando los nuncas,

carguemos los todavías

y esculpamos un ya.

¡Tan solo uno!

Espero volver a verte por aquí….

ENTREVISTA AL POETA

En al edición del mes de agosto de 2022, de la revista Esta Tierra, editada en San Agustín de Teruel, Aragón, España fue incluida una entrevista que aquí te transcribo. Se ubica en la página 36 de la publicación y fue llevada adelante por Doris Mabel Peña Sepúlveda, a quien agradezco sobremanera.



Gabriel Barrella Rosa, ¿cómo defines tu poesía?


Reflexión, sentimiento y mensaje. Eso es lo primordial. La estructura, el ritmo y la musicalidad me gusta que estén presentes siempre, pero sin perder el punto de vista de que lo más importante es lo que se dice y no el cómo.


¿Qué autores han influenciado en tu forma de escribir, por qué?


Bécquer, Darío, Martí. Me gustan los clásicos y justamente ellos tres son fieles representantes de poemas muy sentidos y cargados de una expresividad y musicalidad a la que ya yo quisiera acercarme.


¿Qué género literario te acomoda más, porqué?


Más que el género me interesa el contenido. No es que tengo una forma de decir predilecta, todos los géneros son buenos si se dicen cosas buenas y se dicen bien. Personalmente solo he escrito poesía, aunque ahora me estoy lanzando a la narrativa, con mis primeros cuentos, los que hasta ahora son poco más que un embrión.


¿Cómo ves el uso de las plataformas digitales en temas relacionados con la cultura el arte, sientes que esta bien o se hace un mal manejo?


Las plataformas digitales son una excelente vía para llegar a gran cantidad de público y a su vez con una velocidad, casi inmediatez, que antes no existía. Pero hay que saber usarlas, la democratización de la comunicación hace que se reciban y se emitan mensajes masivos de forma más fácil y económica, pero hay que cuidar el mensaje. Se puede comunicar mucha cosa, buena o mala, solo hay que manejar estas excelentes herramientas con criterio.


¿Qué opinas de los encuentros virtuales, sientes que se ha perdido la esencia, la calidez y la cercanía con los encuentros presenciales?


Obviamente la calidez de un encuentro presencial no se puede alcanzar de otra forma. Sin embargo, los encuentros virtuales agregan una masificación que presencialmente es mucho más difícil de lograr.


¿Cómo crees tú que es la opinión que tienen los lectores hacia tu arte?


Yo siempre escribí para mí. Durante largos años de mi vida fui escribiendo sin intenciones de dar a conocer mis escritos al público. En la poesía, y más en la que yo cultivo, de corte bastante clásico, el público objetivo es bastante reducido, el problema es llegar al lector. Sin embargo, creo que, una vez alcanzado el lector, en general su receptividad es muy buena, quizás porque mis poemas intentan siempre dar un mensaje.


¿Según tu opinión, todos los nuevos poetas cibernéticos realmente lo son, por qué?


En ningún ámbito todos los que se mueven son fieles representantes de este. Como en todo caso, en los poetas cibernéticos pasa lo mismo. Yo no definiría al poeta como cibernético o no. Se es poeta o no. Luego está la vía de comunicación que utilicen. Pero obviamente todo lo que se comunica a través del ciberespacio no es poesía, aunque se la etiquete como tal.


¿Qué opinas de la literatura actual a nivel latinoamericana?


Tiene una carga dura, luego del boom de la segunda mitad del siglo pasado, donde los García Márquez, Vargas Llosa y compañía dejaron la vara muy alta para los que vienen después. Hoy, como en todo el mundo, hay una tendencia a publicar con editoriales independientes, lo que democratiza un tanto las ediciones. Los nombres potentes de este siglo siguen siendo los de fines del siglo pasado y quienes continúan en actividad, como Isabel Allende, van liderando las tendencias.


¿Cuál es tu opinión de la nueva premio Cervantes de literatura? ¿Por qué?


Es un orgullo que sea una compatriota, como hace un par de años lo fue la enorme Ida Vitale. Es una curiosidad, casi increíble, que el Uruguay en el siglo XX haya dado cinco poetisas de trascendencia mundial: Delmira Agustini, María Eugenia Vaz Ferreyra, Juana de Ibarbourou, Ida Vitale y Cristina Peri Rossi. La obra de Peri Rossi, tanto en poesía, como en narrativa siempre mostró un enorme compromiso, con el escrito y con el lector. Me gustan particularmente sus cuentos.


¿Todas las expresiones artísticas tienen en su esencia poesía?


Metafóricamente hablando podríamos decir que sí. También podríamos decir que todas las expresiones artísticas tienen en su esencia a la plástica, o que la poesía es música. El arte es arte y como tal, sentimientos, el hombre puede recibir imágenes de la poesía, notas musicales o palabras, en definitiva, es un proceso sensorial.


¿Cuál es tu mayor anhelo en estos momentos?


Llegar a que más gente lea mis poemas.


¿Cuál tu proyección como poeta?


Creo que de alguna forma he entrado en mercados como el uruguayo y el argentino. Me gustaría llegar con fuerza a otros grandes como España y México.


¿Sientes que la poesía debería ser un derecho y que este deba ser reconocido a nivel mundial?


Rotundamente no. La poesía es un arte, debe desarrollarse, comunicarse y globalizarse. De ahí a tener que ser un derecho, no.


¿Qué cambios políticos debería sufrir la cultura a nivel internacional?


Los gobiernos deben educar. La educación debe formar a los individuos para la vida, y ello engloba a toda la cultura. La política debe apañar, sin inmiscuirse, en las formas culturales y en el arte. La libertad de expresión es lo que no debe resignarse nunca.


¿Alguna frase que te identifica? ¿Por qué?


Más que una frase es un verso de John Lennon: “Hay un lugar al que puedo ir cuando estoy mal: mi mente”. Me identifico con ella porque soy un ser muy racional y, de alguna forma, mi mente es mi refugio. Es el principal bien a cultivar.


¿Tus escritos llevan experiencias personales?


Sí, claramente. No creo en los escritores que no lo hagan de esa forma.


¿Qué opinas del romanticismo actual versus el de antaño?


El de hoy es más natural, si se quiere más práctico. El de antaño era demasiado abrumador y retorcido. Hoy quizás se hayan perdido muchas cosas del romanticismo, pero es evidente que el anterior estaba muy recargado.


¿Cuál es tu opinión acerca de que la filosofía esté presente en la poesía?


Desde el momento en que, al inicio de esta entrevista, te dije que mi poesía es de reflexión, queda muy claro que tiene muchísimos puntos de contacto con la filosofía.


¿Es importante el mensaje que se entrega a través de tus escritos? ¿Por qué?


Si no hay mensaje, no hay poesía. Es una frase demasiado contundente, pero yo lo siento así. Sé que hay muchos poetas actuales que basan su poesía en el ritmo y las figuras retóricas, buscando una abstracción que genere imágenes. Buscan despertar la sensibilidad de sensaciones. Yo siempre preferí la sensibilidad de sentimientos. Es bueno que haya diferentes tipos de poesía, celebro que haya lugar para todos, pero a mí ellos no logran entrarme. Cuando leo algo de ese tipo me parece estar frente a una ingeniería de la escritura, más que a un poema.


¿Sientes que la temática del amor es recurso desgastado en las artes?


No, para nada, pero yo no voy por ese camino.


¿Se hace o se nace poeta?


Se hace, a partir de condiciones innatas. Podrás ser autodidacta, o aprendiz formal, pero tienes que conocer mucho y tener buenas bases.


¿Cuál es la pregunta que más te incómoda en una entrevista?


La que no se animan a hacerme.


¿Cómo sientes el apoyo familiar en tu carrera como escritor poeta?


Mi familia no está demasiado conectada a la poesía.


¿Cuál es el mensaje que dejarías a la humanidad?


Que lean mis poemas y busquen en ellos el mensaje que puedan encontrar. No soy quien para dejar un mensaje genérico y global a la humanidad.


¿Cuál es la recomendación que entregarías a un iniciador en la poesía? ¿Por qué?


Que escriba mucho, que se equivoque y vuelva a empezar. Obviamente que lea mucho y todo tipo de géneros. Por último, que piense. Uno puede mejorar con el apoyo de los grandes escritores, pero el verdadero crecimiento lo debe lograr con sus propios recursos, buscando su identidad.

Espero volver a verte por aquí

EL SOL

La naturaleza y todos sus componentes son tema fundamental e ineludible en el mundo de la poesía. Así, el clima, el día, la noche, el calor, el frío, la vida, la muerte, los astros y tantas cosas. Particularmente el astro rey está protagonista muy presente en los textos.

Un ejemplo en mi obra es el poema XLVII, de mi recientemente publicado libro “Poemas en penumbra”, en el que el sol es quien abre la ambientación para las referencias a las emociones que todo el poema propone:

Afuera está espléndido el sol
las risas
las escucho
pero me laceran.
Adentro me llueve,
truena la angustia.
La soledad colgada en la pared
hay tanta gente,
tan cerca,
tan lejos.

Las canciones vibran
bien fuerte,
tantas palabras,
tantos gritos.
Los mensajes que espero
no vienen de afuera,
los mensajes que quiero
de mi mente me llegan.
Pero nunca los emito…

El sol ya había sido tratado en mi primer poemario “Soy el silencio”, en el número LV que aquí te lo dejo.


Sale el sol, todo repleto de ilusiones,
el nuevo día, ideal para empezar.
¡Qué conquista!, es el poder desperezar
somnolientas y empolvadas ambiciones.

Corre el día, y el tiempo que va apremiando,
la lucha matinal es plena de bríos,
mas la tarde, con tantos gestos sombríos,
el arrojo combatiente va aplacando.

Era el día, como ayer, el indicado,
para emprender, sin excusas, lo que anhelo,
pero mi mundo, tan lejano del cielo,
arrastra a mi ser otra vez angustiado.

Cae el sol y con él van las ilusiones,
otro día en que postergo toda acción,
otra noche que me espera decepción
y la angustia de sumar más frustraciones.

Y al pasar a los clásicos, resulta obvio que la presencia del astro rey es inmensa, imposible de transcribir totalmente, por lo que trataré de presentarte una pequeña cantidad peo representativa.

“Oh sol, de quien es rayo el sol del cielo” (fragmento) de Gutierre de Cetina.

En cuyo resplandor es alumbrada
el alma, que en tinieblas sepultada
vivió hasta verte, oh sol, en este suelo!
no sufras, claro sol, que obscuro velo
de ausencia viva esta alma condenada,
que aunque de donde estás, está apartada,
aspira siempre a ti con alto vuelo.

“Verde verderol” (fragmento), de Juan Ramón Jiménez.

Verde verderol
¡endulza la puesta del sol!
palacio de encanto,
el pinar tardío
arrulla con llanto
la huida del río.
Allí el nido umbrío
tiene el verderol.
Verde verderol
¡endulza la puesta del sol!

“Estando ausente de tus ojos bellos” (fragmento), de Lope de Vega.

Fue espejo el sol, el cual reverberando
en mí tus ojos, con ardor tan nuevo,
pudieron abrasar el alma mía.

Fue infierno el mundo, y fuego el aire blando,
el sol Faetón, yo etíope, tú Eolo,
el norte incendio, y el ocaso día.

“En Uxmal” (fragmento), de Octavio Paz.

La piedra de los días
el sol es tiempo;
el tiempo, sol de piedra;

la piedra, sangre.


“Águila blanca”, de José Martí.

Águila blanca
de pie, cada mañana,
junto a mi áspero lecho está el verdugo.
Brilla el sol, nace el mundo, el aire ahuyenta
del cráneo la malicia,
y mi águila infeliz, mi águila blanca
que cada noche en mi alma se renueva,
al alba universal las alas tiende
y, camino del sol, emprende el vuelo.

“Rosa del sol” (fragmento), de Ramón María del Valle Inclán.

Por el sol se enciende mi verso retórico,
que hace geometría con el español,
y en la ardiente selva de un mundo alegórico,
mi flauta preludia: do-re-mi-fa-sol.

“La jaula”, de Alejandra Pizarnik.

Afuera hay sol.
No es más que un sol
pero los hombres lo miran
y después cantan.

“Poema 19” (fragmento) de “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” de Pablo Neruda.

Un sol negro y ansioso se te arrolla en las hebras
de la negra melena, cuando estiras los brazos.
Tú juegas con el sol como con un estero
y él te deja en los ojos dos oscuros remansos.

“Trabajar para la muerte” (fragmento), de Idea Vilariño.

El sol el sol su lumbre
su afectuoso cuidado
su coraje su gracia su olor caliente
su alto
en la mitad del día
cayéndose y trepando por lo oscuro del cielo
tambaleándose y de oro
como un borracho puro.

“Las tres musas últimas castellanas” (fragmento) de Francisco de Quevedo.

Del sol huyendo, el mismo sol buscaba,
y al fuego ardiente cuando el fuego ardía;
alegre iba siguiendo mi alegría,
y, fatigado, mi descanso hallaba.

“Dakar”, (fragmento) de Jorge Luis Borges.

Dakar está en la encrucijada del sol, del desierto y del mar.
El sol nos tapa el firmamento, el arenal acecha en los caminos, el mar es un encono.

“Cataclismo”, de Dulce María Loynaz.-

El sol se ha rajado
y cae un chorro de oro
sobre mi corazón.

Es un oro ardiente
que salta sobre las nubes
roto en chispas,
que muerde mi pecho
con muchos dientecillos encendidos.

El sol se ha rajado
y se desangra en luz
y me está ahogando…

¡Yo me muero del sol!

“Un sol” (fragmento), de Alfonsina Storni

¿En dónde está el que con su amor me envuelva?
Ha de traer su gran verdad sabida…
Hielo y más hielo recogí en la vida:
Yo necesito un sol que me disuelva.

NOTA: La imagen corresponde a la pintura “El sol de Leo”, de Carlos Páez Vilaró.

Espero volver a verte por aquí.

PLEGARIAS EN PENUMBRA

Estoy publicando mi segundo poemario, titulado «Plegarias en penumbra».

Como tengo muchos amigos religiosos, aclaro de antemano que este libro contiene poemas, tanto en verso libre como rimado, que si bien defienden al ideario cristiano, están posicionados sobre una base agnosticista. En este marco, el libro contiene críticas y preguntas sobre la fe religiosa y las religiones.

Se puede bajar o pedir a impresión al siguiente enlace:

https://www.bubok.com.ar/libros/268918/Plegarias-en-penumbra

Para la gente de Uruguay, yo tengo ejemplares a la venta por lo que, de querer la versión impresa, me los piden directamente a mí, para ahorrar el flete desde Argentina cuyo costo es superior al precio del ejemplar.

Gracias
Abrazo

LA INFANCIA

Todas las etapas de la vida fueron, son y serán recreadas por las distintas artes. Particularmente la poesía tiene profusas invocaciones a ellas, en las que los recuerdos de la infancia, las vivencias del presente y el miedo a la vejez, quedan estampados en versos célebres. La infancia tiene también la posibilidad de ser abordada mediante la contemplación de las generaciones posteriores a la del poeta, como sucede en el poema LXXXV de mi “Soy el silencio”.

El mundo de los niños, que como adulto no comprendo,
nos alecciona en su inocencia una forma de vivir,
cuando al verlos en sus saltos y correteos entiendo
cuán lejos está mi alma de su transparente reír.

De esperanzas y de sueños, de sonrisas y de asombros,
de jugueteos traviesos, de pedir y cuestionar,
de sus ganas me contagio, ya les ofrezco mis hombros,
para el mundo que les demos tratarlo de mejorar.

En sus ojos ilusiones, en su dormir todo es paz,
en sus gritos la alegría, las fuerzas a derrochar,
cuando recreo mi infancia, que ya quedó tan atrás,
no puedo ver lo que en ellos es todo dicha sin par.

Ya recuerdo cuando niño los miedos y los terrores,
la presión de los deberes, tener que salir al mundo,
el espanto tan amigo de no salvar mis errores,
tempranero responsable, muy precoz meditabundo.

A mis hijos no legarles angustias, perturbaciones,
me propongo en mi experiencia no las tengan que tocar,
pero sabiendo que en el mundo acechan confrontaciones,
en un cristal transparente no los he de colocar.

Y como te comenté en la introducción, los clásicos se han ocupado arduamente de los niños y de la infancia como podrás ver con los ejemplos que te expongo a continuación.


“El canal” (fragmento), de Alfonsina Storni.

En la dulce fragancia
De la dulce San Juan,
Recuerdos de mi infancia
Enredados están.

“El niño dormido” (fragmento), de Marilina Rébora.

El niño dormido
no levantes la voz; el niño está dormido.
Contén el paso, espera, aguarda en cauto acecho;
que no se mueva el aire, ni se oiga el menor ruido,
para que en tierna paz, te aproximes al lecho.

“Te amo infancia, te amo”, de Vicente Gerbasi.

Te amo, infancia, te amo
porque aún me guardas un césped con cabras,
tardes con cielos de cometas
y racimos de frutas en los pesados ramajes.

“¿Dónde está el niño que yo fui?” (fragmento), de Pablo Neruda.

Dónde está el niño que yo fui,
sigue adentro de mí o se fue?
sabe que no lo quise nunca
y que tampoco me quería?
por qué anduvimos tanto tiempo
creciendo para separarnos?
por qué no morimos los dos
cuando mi infancia se murió?

“El barrio” (fragmento), de Mario Benedetti.

Volver al barrio siempre es una huida
casi como enfrentarse a dos espejos
uno que ve de cerca otro de lejos
en la torpe memoria repetida
la infancia la que fue sigue perdida
no eran así los patios son reflejos
esos niños que juegan ya son viejos
y van con más cautela por la vida.

“Romance de la luna” (fragmento), de Federico García Lorca.

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.

«Regresos» (fragmento), de Meira Delmar.

Quiero saber si lo que busco
queda en el sueño o en la infancia.
Que voy perdido y he de hallarme
en otro sitio, rostro y alma.

Y aunque no suelo repetir autores dentro de una misma reseña, no podía quedar afuera “Ausencia”, de Mario Benedetti.

El niño que no vino
tiene los labios fuertes
tiene las manos tiernas
el alma como nube
no es nadie
es sólo un niño
saca viejas monedas
del bolsillo de Dios
se parece a la madre
su misma risa ancha
su corazón a saltos
juega con los silencios
y con ellos hace otros
silencios
y se aburre
el niño que no vino
no viene
porque cree
que todo el que aquí nace
no se muere
después.

NOTA: La imagen corresponde a la pintura “Niños comiendo uvas y melón”, de Bartolomé Esteban Murillo.

Espero volver a verte por aquí.

MARINERO

El tema del mar y los navegantes nos ocupa en nuestra entrada de hoy.

En mi poemario “Soy el silencio”, el poema número VIII es una alegoría que muestra, a través de comparaciones con la vida de un marinero que extraña a su tierra, como el ser humano muchas veces no encuentra su destino y tiene que convivir con una forma de vida que nunca eligió.

La historia de un torpe navegante,
que ninguno hasta ahora narró,
quien llamaba a la proa «adelante»,
quien su barco jamás amarró.

Un marino que amaba la tierra,
un terrestre que estaba en la mar,
navegando añoraba su sierra,
él, que apenas sabía nadar.

Es la historia de un alma cautiva,
transitando su pena observando,
y al negarse a buscar la salida
tal vez siga otros mares surcando.

El sabor a salitre que, intruso,
al tiempo que le brota el lamento,
lo sitúa en su rol de recluso,
lo somete al dolor casi cruento.

No encontrando en las aguas caminos,
extrañando las rutas marcadas,
los bosques con acacias y pinos
y las aves con tristes tonadas.

No es su reino, tan solo es el lecho
donde en una ocasión dormitaron
pasiones que intactas desde el pecho
con soberbia energía explotaron.

Ya sumido en el mundo que impuesto
no le da ni la chance de ser
todo aquello en los planes supuesto
y que él mismo creyó merecer.

Y pasando a los clásicos, hoy es variada la selección que te presento:

“Elegía del niño marinero” (fragmento), de Rafael Alberti —

Marinerito delgado,
Luis Gonzaga de la mar,
¡qué fresco era tu pescado,
acabado de pescar!

Te fuiste, marinerito,
en una noche lunada,
¡tan alegre, tan bonito,
cantando, a la mar salada!

“Enfermo” (a mi hija María), (fragmento), de José Gautier Benítez

Un noble marino anciano,
del viento y del sol curtido
abandonó, ya rendido
los embates de la mar;

y no de las ondas lejos,
en la cercana ribera,
alzó la quinta, y la era,
y el jardín, y el palomar.

“Toque de oración” (fragmento) de Delmira Agustini

Un pedazo de luna que no brilla
sino con timidez. Canta un marino,
y su triste canción, tosca y sencilla,
tartamudea con sabor de vino…

“Marino”, de Vicente Huidobro

Aquel pájaro que vuela por primera vez
Se aleja del nido mirando hacia atrás

Con el dedo en los labios
os he llamado

Yo inventé juegos de agua
En la cima de los árboles

Te hice la más bella de las mujeres
Tan bella que enrojecías en las tardes

La luna se aleja de nosotros
Y arroja una corona sobre el polo

Hice correr ríos
que nunca han existido

De un grito elevé una montaña
Y en torno bailamos una nueva danza

Corté todas las rosas
De las nubes del este

Y enseñé a cantar un pájaro de nieve

Marchemos sobre los meses desatados

Soy el viejo marino
que cose los horizontes cortados

Nota: La imagen corresponde a la pintura “El marinero”, de Pablo Picasso.


Espero volver a verte por aquí…