A D I Ó S 2 0 2 1 , F E L I Z 2 0 2 2

Hola, llegamos a fin de año. Espero que el 2022 te traiga todo lo que has buscado en años anteriores y no pudiste concretar. Como regalo para año nuevo, te dejo cinco poemas completos de mi libro “Soy el silencio”, los que de alguna forma u otra ya fueron, total o parcialmente, compartidos en este blog.

I

Soy ese silencio que habita en nosotros,

que aspira en su espera poder expresar

tantas cosas muy simples a amigos y otros

que entiendan mi voz que es tan solo mirar.

En este desierto de piedra y cemento

mi triste alegría quisiera encontrar,

en la loca y ardiente fuerza del viento

mi alegre tristeza dejar escapar.

Yo soy el silencio que busca en la vida,

sin saber de ella lo que habré de buscar,

pues me desangro por cargar una herida

que aplaca mis fuerzas en este luchar.

Mis ojos expresan sentir tan profundo,

al que alguien que busco sabrá interpretar,

si, en sus giros, mi corazón vagabundo

no cierra sus puertas al ansia de amar.

III

Buscar no siempre es lo fácil que parece,

tantas veces uno busca sin mirar,

o sólo ve lo evidente cuando crece

negando a la vista la opción de girar.

Y en la mente sólo cabe lo buscado

sin dejarle ni un lugar a lo demás,

que si uno no encuentra el sueño acariciado

desvaloriza lo que halla más y más.

Buscar es como vivir de la esperanza,

es beberse toda la fe hasta el hartazgo,

no desesperar con temprana tardanza,

enloquecer de alegría en cada hallazgo.

Y comenzar, otra vez, tras otra pista,

apartando un momento el logro flamante,

poniendo el oído, el olfato y la vista

a un novel fin del buscador caminante.

Buscar, para el hombre, siempre es aliciente,

quien no busca, no vive en realidad,

pero esa búsqueda queda en incipiente

si lo hallado no trae felicidad.

Buscar acaso sea la vida misma,

o tal vez un escapismo un tanto loco,

mas la razón que al buscar le da el carisma

es encontrar, que es también morir un poco.

XVIII

¡Ay! consciencia, que a gritos alientas

a seguir con el paso prolijo,

tras el rumbo por otros ya fijo,

no me atrevo a decirte: ¡No mientas!

Si me abrigo al amparo mezquino

que me ofreces, obviando mi ser,

la pasión no podré conocer

y seré de mi honor asesino.

Inquilino de otras voluntades,

mi cerebro se exila aguardando

una brecha, para ir derribando

ese muro, que aborta verdades.

Inconsciencia: ¿De dónde surgiste?

¿Cómo fue que tocaste a mi puerta?

Al entrar pisoteaste mi huerta

y una gris desazón esculpiste.

Disfrazada de amiga, tu mano

me propuso un escape celeste,

y al dejar el real mundo agreste

se olvidaron mis penas de plano.

Hoy aquí, descubriendo el chantaje,

no es tan tarde para una promesa:

despejar la maraña que apresa,

aunque deba empeñar mi coraje.

LXVIII

Mi morada está oscura, vacía y tan fría,

no se escucha una risa ni se huele una flor,

pero es mi morada tan querida, tan mía,

que sólo mis ojos le dibujan color.

Más allá de las sombras, atrás de los hielos,

descubro rincones escuchando una voz,

de la penumbra, que no conoce de cielos,

acostumbro el miedo, nunca frágil ni atroz.

Mi morada es la dicha de un ser desdichado,

el paciente refugio que aguarda por mí,

en cada reencuentro que busco angustiado

yo recobro la paz que al dejarla perdí.

Saludando los huecos retorno al silencio,

al mudar mis ropas voy abriendo la mente,

desnudándome aquí, mi pesar diligencio,

recobrando fuerzas volveré plenamente.

Transitando despierto mis sueños en pugna

voy llevando la vida, inyectándole fe,

obviando la muerte, que el destino no impugna,

andando adelante, resistiendo de pie.

Mi morada es templo, donde pío doy culto

a un modo de vida que no quiero alterar,

en mi mezcla consciente de niño y de adulto

descubrir cosas nuevas, sabiendo esperar.

Mas, ¡Qué soberbio sol puedo hallar en lo oscuro!

¡Cuánto calor aflora en la noche de invierno!

¡Es tan plácido lecho este suelo tan duro!

¡Es digno palacio, aunque parezca el infierno!

Y tan solo en mi mente resuenan erguidos

espacios y tiempos, rescatando mensajes

a ojos de otros grises, empolvados, dormidos,

mas razón de volver toda vez de mis viajes.

LXXVII

Terca lluvia y tenaz, persistente,

que me mojas los huesos, la mente,

vistiéndolo todo más sombrío.

Un creciente placer me gobierna

al contemplarla impávida, eterna,

trasluciendo cualquier desvarío.

Se disfrazan de gris los colores,

la humedad, que agranda mis dolores,

a mi espíritu mata de frío.

Caminar bajo el cielo techado,

recorriendo el asfalto lavado,

desenfoca mi libre albedrío.

Mas no encuentro placer más glorioso,

tras un vidrio mirando, dichoso,

ver llover no conoce de hastío.

Y como noticia de fin de año, espero que este 2022 que se inicia nos traiga la publicación de mi segundo poemario: “Plegarias en penumbra”.

¡Feliz 2022!

Espero volver verte por aquí…

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