EL LAMENTO

La reacción por excelencia al pesar del ser humano, la queja con llanto ha sido tratada en un sinnúmero de poemas en la historia. En la entrada del 7 de octubre de este año, te mostré el poema VII de “Soy el silencio”, que versaba sobre el llanto y el lamento. Hoy vamos a comenzar por el XLI del poemario, que está en la parte del libro que entra en el ambiente de la caída espiritual, la tristeza y que aborda la misma emoción, quizás un tanto más extrema.

Mi pluma detona en ganas de llorar,
para llenar cada verso en su lamento,
pero mi mente se gasta en explorar
si yo no estoy triste, ¿Porqué‚ así me siento?

Desconocida, la angustia está latente,
y mis sentidos no logran detectarla,
hay algo en mí que me dice está presente
y a la luz muy pronto podré contemplarla.

Origen oculto, dudas caminantes,
abrazan estas penurias tan cercanas,
y mis ánimos, tornándose en cambiantes,
refuerzan en mi pluma todas las ganas.

Por desconocidos, no encuentro remedio,
por yacer ocultos, mis males no acepto,
pero estando cerca me parten al medio,
justo a mí que soy de bajones adepto.

Y cuando pasamos a los clásicos, la primera muestra es “Pasa el viento” (fragmento), de Meira Delmar,

Y quiere asirla el corazón. Beberla
como un vaso de vino. Retenerla
para creer de nuevo en la dulzura.
Pero se escapa y huye con el viento,
y me deja tan sólo este lamento,
donde esconde su rostro la amargura.

Pablo Neruda dedica todo un poema a la queja, “Lamento lento”

En la noche del corazón
la gota de tu nombre lento
en silencio circula y cae
y rompe y desarrolla su agua.
Algo quiere su leve daño
y su estima infinita y corta,
como el paso de un ser perdido
de pronto oído.
De pronto, de pronto escuchado
y repartido en el corazón
con triste insistencia y aumento
como un sueño frío de otoño.
La espesa rueda de la tierra
su llanta húmeda de olvido
hace rodar, cortando el tiempo

en mitades inaccesibles.
Sus copas duras cubren tu alma
derramada en la tierra fría
con sus pobres chispas azules
volando en la voz de la lluvia.

También podemos encontrar algo en la “Rima XV”, de Gustavo Adolfo Bécquer

En mar sin playas onda sonante,
en el vacío cometa errante,
largo lamento.
Del ronco viento,
ansia perpetua de algo mejor,
eso soy yo.

Y, para finalizar con los clásicos, algo más clásico que todos los mostrados hasta ahora, la primera estrofa de la Égloga I, de Garcilaso de la Vega, famosa por su sinestesia inicial. Es quizás el más acabado ejemplo de esta figura retórica que combina dos sensaciones, de diferentes sentidos, este dulce lamentar…

El dulce lamentar de dos pastores,
Salicio juntamente y Nemoroso,
he de contar, sus quejas imitando;
cuyas ovejas al cantar sabroso
estaban muy atentas, los amores,
(de pacer olvidadas) escuchando.
Tú, que ganaste obrando
un nombre en todo el mundo

y un grado sin segundo,
agora estés atento sólo y dado
el ínclito gobierno del estado
Albano; agora vuelto a la otra parte,
resplandeciente, armado,
representando en tierra el fiero Marte;

Nota: La imagen corresponde a “El grito” de Edvard Munch.

Espero volver a verte por aquí…

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