¡Tantas características tiene una roca! Una simple piedra, pero tan representativa y figurativa, se convirtió en protagonista de la literatura a través de la historia. Ha dado inspiración a una enormidad de menciones, por ser un objeto inanimado, rígido, duro. Este vocablo está detrás de un sinfín de conceptos, Sinónimo de basamento, rigidez, estoicidad, durabilidad, resistencia, terquedad, perennidad, bruteza, estabilidad y hasta eternidad, la piedra ha servido como metáfora recurrente en la mayoría de los poetas en el tiempo, a la vez que, en sentido figurado es habitualmente utilizado en la narrativa.
Mi poemario Plegarias en Penumbra no estuvo ajeno a esto y le dedica el poema XLIII
La piedra, en el universo lo más bruto,
persevera resistente e inalterable,
su piel y alma de dureza insoportable,
sus esencias de inmarcesible atributo.
En el fondo, su aparente fortaleza
enrostra calma su grosera constancia,
y aun deslumbra por ausente la elegancia,
refuerza sus todos aires de grandeza.
Pero más grácil, sosegada, paciente,
con esfuerzo persistente que no mengua
la gota va golpeando sin dar tregua
al tiempo que castiga feroz e hiriente.
Y el agua, que se muestra blanda y endeble,
es realmente veloz y escurridiza,
sin alardear corpulencia maciza,
pero ofreciendo una energía indeleble.
Fortalezas, firmezas y permanencias,
la altanera y confiada roca ostentaba,
a ella un timorato cauce acariciaba,
pero la fue excavando sin resistencias.
Andar con la mano abierta y extendida,
prevaleciendo sobre el crispado puño,
pues la senda a la agresión, quizás rasguño,
no provocará la más profunda herida.
Al momento de mostrarte a los clásicos, solo puedo hacer una breve selección, debido a la cantidad ilimitada de referencias existentes:
“Aunque es de piedra, y su cabeza es piedra”, de Lope de Vega.
Aunque es de piedra, y su cabeza es piedra,
y sobre piedra fuerte está fundada,
y con sangre por ella derramada
de tantos huesos su cimiento en piedra;
aunque con tantos Sacramentos medra,
en gracia y fe con Cristo desposada,
y tantas ramas de su Cruz sagrada
tienen sus muros firmes como yedra;
mientras que la persiguen militante,
a defenderla con sus rayos viene
la luz que al mismo fuego tuvo impreso.
Que aunque partido Cristo por Atlante
quedó la piedra que la tuvo y tiene,
carga en los hombros de Domingo el peso.
“Piedra miserable”, de Alfonsina Storni
Oh, piedra dura, miserable piedra,
Yo te golpeo, te golpeo en vano,
Y es inútil la fuerza de mi mano,
Oh piedra dura, miserable piedra.
Pero haces bien, oh miserable piedra,
Deja que tiente un golpe sobrehumano,
Deja golpear, deja golpear mi mano,
Oh piedra dura, miserable piedra.
No me des nada, miserable piedra,
Guarda un silencio altivo y soberano,
No te ablandes jamás entre mi mano;
Oh piedra dura, miserable piedra.
Con tu impiedad, oh miserable piedra,
Recobro alientos y el deseo gano,
No te dejes caer sobre mi mano,
Mezquina, estulta, miserable piedra.
Si un día torpe, miserable piedra,
Te venciera la fuerza del verano
Y cayeras a gotas en mi mano
Yo te odiaría, miserable piedra…
“Piedra Infinita” (fragmento), de Jorge Enrique Ramponi
Porque compacta sombra,
o soledad,
perpetua soledad a plomo,
témpano de silencio,
rígido limbo y piedra,
tienen la misma réplica, oh cóncavo nefasto, igual ecuación fría,
responden con un eco de amargo símbolo en la sangre.
Tembloroso, sonámbulo, tornasol, taciturno,
aguzo el corazón, palpo la piedra:
frío gesto unitario,
fruto cumplido en ámbito ya duro,
tiempo cerrado, autónomo, infinito.
“En Uxmal” (fragmento), de Octavio Paz
La piedra de los días
el sol es tiempo;
el tiempo, sol de piedra;
la piedra, sangre.
“Los labios impacientes de la noche”, de Blanca Andreu
Los labios impacientes de la noche te sanan mientras abren el olor de la piedra
te conducen si acosan el alma de la piedra
si el tierno corazón mineral beben
es tu hora es la noche
así, dirás que te han robado como un vino novicio
y te harás piedra aguda como un líquido agudo
limpia como opio de oro
y serás tregua tuya
y alianza
así, dirás que la que es contigo y lleva un aire desigual a balanza entre estrellas
la idéntica más favorable
tu obra nocturna rara
es la que muestra sonrisa y griterío
palabras como estrellas
y escucha un piano terso como una estrella, estrellas.
“La roca”, de Mario Benedetti
La indiferencia de la roca
me conmueve
y me aplaza
cómo irme desgranando
hora a hora
pestaña tras pestaña
pellejo tras pellejo
ante ese paradigma
de tesón
y pureza
no obstante apuesto a que
la indiferencia de la roca
quiere comunicarnos
una alarma infinita
“No rechaces los sueños por ser sueños” (fragmento), de Pedro Salinas
Todos los sueños pueden
ser realidad, si el sueño no se acaba.
La realidad es un sueño. Si soñamos
que la piedra es la piedra, eso es la piedra.
Lo que corre en los ríos no es un agua,
es un soñar, el agua, cristalino.
“Hasta el día en que vuelva, de esta piedra”, de César Vallejo
Hasta el día en que vuelva, de esta piedra
nacerá mi talón definitivo,
con su juego de crímenes, su yedra,
su obstinación dramática, su olivo.
Hasta el día en que vuelva, prosiguiendo,
con franca rectitud de cojo amargo,
de pozo en pozo, mi periplo, entiendo
que el hombre ha de ser bueno, sin embargo.
Hasta el día en que vuelva y hasta que ande
el animal que soy, entre sus jueces,
nuestro bravo meñique será grande,
digno, infinito dedo entre los dedos.
“En la sombra estaban sus ojos”, (fragmento) de Jaime Sabines
Y una niña en sus ojos sin nadie
se asomaba sin nada a los míos
y callaba y miraba y callaba
y sus ojos abiertos y limpios,
piedra de agua, me estaban mirando
más allá de mis ojos sin niños
y qué solos estaban, qué tristes,
qué limpios.
Y en la sombra en que estaban sus ojos
y en el aire sin nadie, afligido,
allí estaban sus ojos y estaban
vacíos.
“Soy”, (fragmento), de Josefina Pla
Garganta temerosa del entrañable grito
que desnuda la carne del último dolor:
¡lengua que es como piedra al dulzor infinito
de la verdad postrera dormida en la pasión!
“El ángel negro” (fragmento), de Miguel Unamuno
Mi pobre frente en la caída choca
con la verdad de gesto zahareño
que dura é inmutable como roca
sólo hiriendo alecciona a nuestro empeño.
Nota: La imagen corresponde a la pintura «Piedra blanca», de Nicholas Roerich.
Espero volver a verte por aquí…
