LA DUDA

Vacilante se acercó, quizás midiendo, en mis ánimos, mi grado de cordura, yo no la vi hasta el instante en que, gimiendo, ella me imploró, ocultando su amargura. Como tiesa se quedó, siempre escondiendo voluntad que le inquirí, ya con premura, ¿Quién eres mujer?, ¿Qué es lo que vas siguiendo? Mas nada alteró su rígidaSigue leyendo «LA DUDA»