LA MORADA

En este poema, el número LXVIII de “Soy el silencio”, intento describir el refugio al que cada uno de nosotros volvemos, o deseamos hacerlo, cuando salimos de una situación crítica, de tensión, de tristeza o nostalgia. Imagino que cada uno de nosotros tendrá su propio refugio personal, donde disfrutar de la soledad o la compañía consigo mismo. Podrá ser una morada real o imaginaria, física o idealizada, del cuerpo o de la mente…

El poema está estructurado en treinta y dos versos tridecasílabos, esto es de trece versos, organizados en ocho estrofas, todas manteniendo rima consonante A-B-A-B.

LXVIII

Mi morada está oscura, vacía y tan fría,

no se escucha una risa ni se huele una flor,

pero es mi morada tan querida, tan mía,

que solo mis ojos le dibujan color.

Más allá de las sombras, atrás de los hielos,

descubro rincones escuchando una voz,

de la penumbra, que no conoce de cielos,

acostumbro el miedo, nunca frágil ni atroz.

Mi morada es la dicha de un ser desdichado,

el paciente refugio que aguarda por mí,

en cada reencuentro que busco angustiado

yo recobro la paz que al dejarla perdí.

Saludando los huecos retorno al silencio,

al mudar mis ropas voy abriendo la mente,

desnudándome aquí, mi pesar diligencio,

recobrando fuerzas volveré plenamente.

Transitando despierto mis sueños en pugna

voy llevando la vida, inyectándole fe,

obviando la muerte, que el destino no impugna,

andando adelante, resistiendo de pie.

Mi morada es templo, donde pío doy culto

a un modo de vida que no quiero alterar,

en mi mezcla consciente de niño y de adulto

descubrir cosas nuevas, sabiendo esperar.

Mas, ¡Qué soberbio sol puedo hallar en lo oscuro!

¡Cuánto calor aflora en la noche de invierno!

¡Es tan plácido lecho este suelo tan duro!

¡Es digno palacio, aunque parezca el infierno!

Y tan solo en mi mente resuenan erguidos

espacios y tiempos, rescatando mensajes

a ojos de otros grises, empolvados, dormidos,

mas razón de volver toda vez de mis viajes.

Y para despuntar el vicio van algunos versos de los maestros.

En estos versos, Pablo Neruda alude a similar temática del poema, haciendo a una clara alusión trascendental a la morada para el alma.

Divididos serán los pesares: el alma

dará un golpe de viento, y la morada

quedará limpia con el pan fresco en la mesa.

Miguel de Unamuno hace lo propio tomando también el alma como referencia de su morada.

A la yerba que cubre tu morada

de queda y donde tu alma en su capullo

de polvo espera, arráncale un murmullo

la lluvia que del cielo derramada

El sevillano Gustavo Adolfo Bécquer también busca su morada en una de sus rimas, siendo esta, en un poema de amor, el pecho de su amada.

soy yo, que, en tu pecho buscada morada,

envío a tus ojos mi ardiente mirada,

mi blanca divina…

Y el fuego que siento la faz te ilumina.

César Vallejo, utiliza el refugio como metáfora, dentro de un poema sensual.

Subes centelleante de labios y ojeras!

Por tus venas subo, como un can herido

que busca el refugio de blandas aceras.

De igual manera lo utiliza Emilio Bobadilla en esta estrofa.

Y era aquel un refugio de efímero sosiego,

de paz un simulacro, pasajero armisticio;

campo mustio que anhela el benéfico riego,

beso puro que ansía harto de carne el vicio.

Espero volver a verte por aquí…

6 comentarios sobre “LA MORADA

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