LA FELICIDAD, LA ALEGRÍA

La alegría, una de las emociones básicas o auténticas del ser humano, como el amor, el odio, la tristeza y el miedo, ocupa un lugar preponderante en toda la historia de la escritura. Tanto en narrativa como en lírica la alegría ha sido protagonista de historias y poemas. Y su pariente mayor, la felicidad, sea utópica o real, viene enganchada con ella. En la literatura, la alegría y la felicidad casi que ocupan el mismo espacio, sin entrar, salvo en aquellos trabajos técnicos o científicos, en las disquisiciones que la se separan.

En mi poemario “Soy el silencio” el poema LXXVIII aborda sistemáticamente el tema de la alegría, dejando una sensación general de bienestar y ¿por qué no? de felicidad.

Es despertar lo más lindo de cada día,

abrir los ojos a la luz de la mañana,

y la modorra, que se escabulle haragana,

dejando a mi ser olfateando alegría.

Despierto, rebosante de ganas de hacer,

navego en la dicha de saberme en camino,

disfruto del frescor, los olores a pino,

doy gracias a la vida que pude nacer.

Tan fresco el verano muy temprano se siente,

tan diáfano el momento para recorrer,

pensando cada en día ser libre de ser,

hoy dispongo mi vida soy sólo mi mente.

Y el saber que este día promete respuestas

que uno libre en el tiempo puede elaborar,

con la dicha en la mano poder degustar

las metas cercanas de lejanas propuestas

Al momento de referirme a los clásicos aquí va una amplia selección:

“La felicidad”, de Manuel Acuña

Un cielo azul de estrellas

brillando en la inmensidad;

un pájaro enamorado

cantando en el florestal;

por ambiente los aromas

del jardín y el azahar;

junto a nosotros el agua

brotando del manantial

nuestros corazones cerca,

nuestros labios mucho más,

tú levantándote al cielo

y yo siguiéndote allá,

ese es el amor mi vida,

¡esa es la felicidad!…

Cruza con las mismas alas

los mundos de lo ideal;

apurar todos los goces,

y todo el bien apurar;

de lo sueños y la dicha

volver a la realidad,

despertando entre las flores

de un césped primaveral;

los dos mirándonos mucho,

los dos besándonos más,

ese es el amor, mi vida,

¡esa es la felicidad…!

”Oda al día feliz”, de Pablo Neruda

Esta vez dejadme

ser feliz,

nada ha pasado a nadie,

no estoy en parte alguna,

sucede solamente

que soy feliz

por los cuatro costados

del corazón, andando,

durmiendo o escribiendo.

Qué voy a hacerle, soy

feliz.

Soy más innumerable

que el pasto

en las praderas,

siento la piel como un árbol rugoso

y el agua abajo,

los pájaros arriba,

el mar como un anillo

en mi cintura,

hecha de pan y piedra la tierra

el aire canta como una guitarra.

Tú a mi lado en la arena

eres arena,

tú cantas y eres canto,

el mundo

es hoy mi alma,

canto y arena,

el mundo

es hoy tu boca,

dejadme

en tu boca y en la arena

ser feliz,

ser feliz porque sí, porque respiro

y porque tú respiras,

ser feliz porque toco

tu rodilla

y es como si tocara

la piel azul del cielo

y su frescura.

Hoy dejadme

a mí solo

ser feliz,

con todos o sin todos,

ser feliz

con el pasto

y la arena,

ser feliz

con el aire y la tierra,

ser feliz,

contigo, con tu boca,

ser feliz.

“Defensa de la alegría”, de Mario Benedetti

A Trini

defender la alegría como una trinchera

defenderla del escándalo y la rutina

de la miseria y los miserables

de las ausencias transitorias

y las definitivas

defender la alegría como un principio

defenderla del pasmo y las pesadillas

de los neutrales y de los neutrones

de las dulces infamias

y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera

defenderla del rayo y la melancolía

de los ingenuos y de los canallas

de la retórica y los paros cardiacos

de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino

defenderla del fuego y de los bomberos

de los suicidas y los homicidas

de las vacaciones y del agobio

de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza

defenderla del óxido y la roña

de la famosa pátina del tiempo

del relente y del oportunismo

de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho

defenderla de dios y del invierno

de las mayúsculas y de la muerte

de los apellidos y las lástimas

del azar

y también de la alegría

“Me dijo una tarde”, de Antonio Machado

Me dijo una tarde

de la primavera:

Si buscas caminos

en flor en la tierra,

mata tus palabras

y oye tu alma vieja.

Que el mismo albo lino

que te vista sea

tu traje de duelo,

tu traje de fiesta.

Ama tu alegría

y ama tu tristeza,

si buscas caminos

en flor en la tierra.

Respondí a la tarde

de la primavera:

Tú has dicho el secreto

que en mi alma reza:

yo odio la alegría

por odio a la pena.

Mas antes que pise

tu florida senda,

quisiera traerte

muerta mi alma vieja.

“Los locos”, de Roque Dalton García

Los locos

a los locos no nos quedan bien los nombres.

Los demás seres

llevan sus nombres como vestidos nuevos,

los balbucean al fundar amigos,

los hacen imprimir en tarjetitas blancas

que luego van de mano en mano

con la alegría de las cosas simples.

Y qué alegría muestran los alfredos, los antonios,

los pobres juanes y los taciturnos sergios,

los alejandros con olor a mar!

todos extienden, desde la misma garganta con que cantan

sus nombres envidiables como banderas bélicas,

tus nombres que se quedan en la tierra sonando

aunque ellos con sus huesos se vayan a la sombra.

Pero los locos, ay señor, los locos

que de tanto olvidar nos asfixiamos,

los pobres locos que hasta la risa confundimos

y a quienes la alegría se nos llena de lágrimas,

cómo vamos a andar con los nombres a rastras,

cuidándolos,

puliéndolos como mínimos animales de plata,

viendo con estos ojos que ni el sueño somete

que no se pierdan entre el polvo que nos halaga y odia?

los locos no podemos anhelar que nos nombren

pero también lo olvidaremos

“Rima LXVII”, de Gustavo Adolfo Bécquer

¡Qué hermoso es ver el día

coronado de fuego levantarse,

y, a su beso de lumbre,

brillar las olas y encenderse el aire!

¡Qué hermoso es tras la lluvia

del triste otoño en la azulada tarde,

de las húmedas flores

el perfume aspirar hasta saciarse!

¡Qué hermoso es cuando en copos

la blanca nieve silenciosa cae,

de las inquietas llamas

ver las rojizas lenguas agitarse!

Qué hermoso es cuando hay sueño,

dormir bien… y roncar como un sochantre

y comer… y engordar… ¡y qué desgracia

que esto sólo no baste!.

“Soneto del vino”, de Jorge Luis Borges

¿en qué reino, en qué siglo, bajo qué silenciosa

conjunción de los astros, en qué secreto día

que el mármol no ha salvado, surgió la valerosa

y singular idea de inventar la alegría?

con otoños de oro la inventaron. El vino

fluye rojo a lo largo de las generaciones

como el río del tiempo y en el arduo camino

nos prodiga su música, su fuego y sus leones.

En la noche del júbilo o en la jornada adversa

exalta la alegría o mitiga el espanto

y el ditirambo nuevo que este día le canto

otrora lo cantaron el árabe y el persa.

Vino, enséñame el arte de ver mi propia historia

como si ésta ya fuera ceniza en la memoria.

“La felicidad”, de Juan Ramón Jiménez

¡Mira la amapola

por el verdeazul!

Y la nube buena,

redonda de luz.

¡Mira el chopo alegre

en el verdeazul!

Y el mirlo feliz

con toda la luz.

¡Mira el alma nueva

entre el verdeazul!

“Quisiera hoy ser feliz de buena gana”, de César Vallejo

Quisiera hoy ser feliz de buena gana

ser feliz y portarme frondoso de preguntas,

abrir por temperamento de par en par mi cuarto, como loco,

y reclamar, en fin,

en mi confianza física acostado,

sólo por ver si quieren,

sólo por ver si quieren probar de mi espontánea posición,

reclamar, voy diciendo,

por qué me dan así tanto en el alma.

Pues quisiera en sustancia ser dichoso,

obrar sin bastón, laica humildad, ni burro negro.

Así las sensaciones de este mundo,

los cantos subjuntivos, .

El lápiz que perdí en mi cavidad

y mis amados órganos de llanto.

Hermano persuasible, camarada,

padre por la grandeza, hijo mortal,

amigo y contendor, inmenso documento de Darwin:

¿a qué hora, pues, vendrán con mi retrato?

¿a los goces? ¿acaso sobre goce amortajado?

¿más temprano? ¿quién sabe, a las porfías?

a las misericordias, camarada,

hombre mío en rechazo y observación, vecino

en cuyo cuello enorme sube y baja,

al natural, sin hilo, mi esperanza…

“XXVI” – Aleluya, de Ruben Darío

Rosas rosadas y blancas, ramas verdes,

corolas frescas y frescos

ramos, Alegría!

Nidos en los tibios árboles,

huevos en los tibios nidos,

dulzura, Alegría!

El beso de esa muchacha

rubia, y el de esa morena,

y el de esa negra, Alegría!

Y el vientre de esa pequeña

de quince años, y sus brazos

armoniosos, Alegría!

Y el aliento de la selva virgen,

y el de las vírgenes hembras,

y las dulces rimas de la Aurora,

Alegría, Alegría, Alegría!

“En ti encerré mis horas de alegría”, de José Martí

En ti encerré mis horas de alegría

Y de amargo dolor;

Permite al menos que en tus horas deje

Mi alma con mi adiós.

Voy a una casa inmensa en que me han dicho

Que es la vida expirar.

La patria allí me lleva. Por la patria,

Morir es gozar más.

“Posesión de tu nombre”, de Pedro Salinas

Sola que tú permites,

felicidad, alma sin cuerpo.

Dentro de mí te llevo

porque digo tu nombre,

felicidad, dentro del pecho.

«Ven»: y tú llegas quedo;

«vete»: y rápida huyes.

Tu presencia y tu ausencia

sombra son una de otra,

sombras me dan y quitan.

(¡Y mis brazos abiertos!)

pero tu cuerpo nunca,

pero tus labios nunca,

felicidad, alma sin cuerpo, sombra pura.

“La canción del presente”, de Manuel Machado

No sé odiar, ni amar tampoco.

Y en mi vida inconsecuente,

amo, a veces, como un loco

u odio de un modo insolente.

Pero siempre dura poco

lo que quiero y lo que no…

¡Qué sé yo!

Ni me importa…

Alegre es la vida. Y corta,

pasajera.

Y es absurdo,

y es antipático y zurdo

complicarla

con un ansia de verdad

duradera.

NOTA: La imagen corresponde a la pintura “La alegría de vivir” (Le bonheur de vivre), de Henri Matisse.

Espero volver a verte por aquí…

Deja un comentario