ATEÍSMO Y RELIGIÓN

¿Dónde está el hombre? ¿En tránsito a qué? Las verdades, las mentiras, las creencias, los sueños, los dogmas, los paradigmas, la vida, la muerte alimentan mi poemario “Plegarias en penumbra”, una nueva búsqueda reflexiva a través de los versos. Orientadores o desconcertantes, los poemas allí vertidos son solamente una llamada de atención para que el lector pueda entrar en el mundo de sus convicciones e intente salir de sus dudas más impenetrables, o al fin termine hundiéndose en lo más recóndito de sus incertidumbres.

Uno de los tantos ejemplos que se pueden encontrar en el libro es el poema III, donde se aprecia una especie de reproche a dios (exprofeso con minúscula), a ese mismo dios al que se le cuestiona la existencia:

Ese dios extorsivo, que enajenó mi infancia,
confinando ideales entre difusas cotas,
parece postular con energías remotas
su forzada escolta, tan solo a pura constancia.

La energía del débil, inyectada en doctrina,
recluye los talentos en simuladas trenas,
sometiendo albedríos a tan forzadas penas,
y con sutileza embosca al que incauto camina.

Gurúes y chamanes, maestros y mentores,
definen los caminos, hacia donde marchar,
imponen tiesas sanciones para socavar
los mediocres cerebros, aunque ufanos doctores.

Los eruditos profetas que al dios como llamen,
le endilgan poderes y volición de censura,
le asignan cruel rigor a su arredrante figura
y lo invisten fiscal para su sádico examen.

Los evangelios construyen sus dioses con normas,
un credo que componga algún camino sagrado
que el hombre perpetúa yendo atrás de un cayado
que lo manifieste libre, a pesar de sus cormas.

No es Dios que extorsiona, ni quien encepa la mente,
ni es el que juzga o recluta a los fieles devotos,
tal vez sea el hombre, quien tras sus fines ignotos,
arengue toda su grey con empeño obsecuente.

E indudablemente la religión, las creencias, los dioses y el demonio, son temas constantes entre las creaciones de los poetas clásicos. Si te comienzo a mostrar los textos cristianos van a abundar los poemas de miembros de la comunidad religiosa, sacerdotes monjas y monjes católicos abundan con esta temática, sobre todo en las épocas de oro de la poesía española, de los cuales Lope de vega sea el exponente más emblemático:

¿QUÉ TENGO YO QUE MI AMISTAD PROCURAS? , de LOPE DE VEGA

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía:
“Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía”!

¡Y cuántas, hermosura soberana,
“Mañana le abriremos”, respondía,
para lo mismo responder mañana!

Más acá en el tiempo. Gabriela Mistral, en este fragmento de “¡De qué quiere Usted la imagen?” reniega de la imagen actual del Cristo, y de la religión en sí, pero sin hacerlo de Jesú ni Dios.

Yo necesito una imagen
De Jesús El Galileo,
Que refleje su fracaso
Intentando un mundo nuevo,
Que conmueva las conciencias
Y cambie los pensamientos,
Yo no la quiero encerrada
En iglesias y conventos.

Otro ejemplo de versos creyentes es este “SONETO A DIOS”, de Juana de Ibarbourou

Porque me diste la palabra y pudo
ser ella en mí, oficio de invierno
en la menuda gema de mi verso
que adivino luego en reluciente escudo,

me siento tu deudora y a ti acudo
en noche y día de esplendor diverso,
hora feliz, oscuro lustro adverso,
fiel azucena o álamo desnudo.

Así me inclino como Job, paciente,
en la sumisa espera penitente
ante tu sombra que aniquila el rayo.

Fui tu diamante de inocente fuego,
y ya alma oscura, a tu piedad me entrego
en esta aurora pálida de mayo.

“Un día para ir hasta dios” de Roberto Juarroz, nos muestra un dios (en minúscula) que ya denota el abordaje del autor, de un dios no omnipotente, ni omnipresente, ni omnisciente, ni eterno:

Un día para ir hasta dios
o hasta donde debería estar,
a la vuelta de todas las cosas.
Un día para volver desde dios
o desde donde debería estar,
en la forma de todas las cosas.
Un día para ser dios
o lo que debería ser dios,
en el centro de todas las cosas.
Un día para hablar como dios
o como dios debería hablar,
con la palabra de todas las cosas.
Un día para morir como dios
o como dios debería morir,
con la muerte de todas las cosas.
Un día para no existir como dios
con la crujiente inexistencia de dios,
junto al silencio de todas las cosas.

“Los dados eternos”, de César Vallejo, no es más que un rezo a ese dios que no existe.

Dios mío, estoy llorando el ser que vivo;
me pesa haber tomádote tu pan;

pero este pobre barro pensativo
no es costra fermentada en tu costado:
tú no tienes Marías que se van!

Dios mío, si tú hubieras sido hombre,
hoy supieras ser Dios;
pero tú, que estuviste siempre bien,
no sientes nada de tu creación.
Y el hombre sí te sufre: el Dios es él!

Hoy que en mis ojos brujos hay candelas,
como en un condenado,
Dios mío, prenderás todas tus velas,
y jugaremos con el viejo dado…
Tal vez ¡oh jugador! al dar la suerte
del universo todo,
surgirán las ojeras de la Muerte,
como dos ases fúnebres de lodo.

Dios mío, y esta noche sorda, oscura,
ya no podrás jugar, porque la Tierra
es un dado roído y ya redondo
a fuerza de rodar a la aventura,
que no puede parar sino en un hueco,
en el hueco de inmensa sepultura.

“Pobre dios” y “Quén sabe?, ambos de Mario Benedetti, también muy lejanos a los conceptos religiosos,

“Pobre dios”

Es imposible estar seguro
pero tal vez sea dios todo el silencio
que queda de los hombres
es imposible estar seguro
pero acaso dios sea
la soledad total
irrevocable
más grave que la tuya
o que la mía
por lo menos más grave que la mía
que es soledad tan sólo
cuando el viejo crepúsculo me mira
como un toro furioso
y yo no tengo a mano
tus sabios labios para
olvidarme ele todo lo que temo
es imposible estar seguro
ah pero en ese caso
pobre dios qué tristeza
debe ser su tristeza
pobre dios
si una ver descendiera
a asir nuestra miseria
y respirara por unas pocas horas
el incesante miedo de la muerte
quizá mucho después
allá
solo y eterno
recordara esa tibia bocanada
como el único asueto
de su enorme
desolado infinito.

“Quién sabe”

¿Acaso dios te ayuda cuando tu cuerpo sufre?
¿o no es ni siquiera una confiable anestesia?
¿te importa mucho que dios exista? ¿o no?
¿su no existencia sería para ti una catástrofe más terrible que la muerte pura y dura?
¿te importaría si dios existe pero está inmerso en el centro de la nada?

Y los ejemplos de este tenor, más cuestionantes que religiosos, los puedes buscar en las siguientes líneas:

“Ajedrez” (fragmento) de Jorge Luis Borges

También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y blancos días.
Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué dios detrás de dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?

“Cristo, legislador” (fragmento), de José Zorrilla

Cristo, legislador, no escribió nada;
ni papiro dejó ni un pergamino:
quedó tras él su espíritu divino,
su fe con su memoria inmaculada.
Cristo, rey, no empuñó cetro ni espada;
en el polvo sembró de su camino
de su fe la semilla; a su destino
dejándola y al tiempo encomendada.

“Atalaya”, de Roque Dalton García

Una religión que te dice que sólo hay que mirar hacia arriba
y que en la vida terrenal todo es bajeza y ruindad
que no debe ser mirado con atención
es la mejor garantía para que tropieces a cada paso
y te rompas los dientes y el alma
contra las piedras rotundamente terrenales.

“Lo inasible”, de Líber Falco

Qué me dio Dios para gastar,
qué?, que no entiendo.

Esta alegría, esta tristeza,
dadme para gastarla
un mar.
Dadme la vida, padre, tú,
dadme la muerte.
Dadme el tiempo ido
y dadme el que vendrá.

Dadme cantar y cantando
verterme como un río,
por estas calles
hacia el mar.

“Confianza en la providencia de dios” de Marilina Rébora

Confianza en la providencia de dios
no os acongojéis por falta de comida
y menos todavía por lo que el cuerpo cubre,
ya que más que el comer vale la propia vida
y más aún el cuerpo que lo que lo recubre.

El Dios íbero (fragmento), de Antonio Machado, donde el autor se autorreferencia como el que insulta a Dios en la siguiente estrofa:

Este que insulta a Dios en los altares,
no más atento al ceño del destino,
también soñó caminos en los mares
y dijo: es Dios sobre la mar camino.

Y, para ir finalizando esta selección, no puede faltar “La oración del ateo”, de Miguel de Unamuno” es la esencia del ateísmo, quien de alguna manera dice que no siempre fue ateo, sino que fue un proceso (tú de mi mente más te alejas)…

Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,
y en tu nada recoge estas mis quejas,
Tú que a los pobres hombres nunca dejas
sin consuelo de engaño. No resistes

a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes.
Cuando Tú de mi mente más te alejas,
más recuerdo las plácidas consejas
con que mi ama endulzóme noches tristes.

¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan grande
que no eres sino Idea; es muy angosta
la realidad por mucho que se expande

para abarcarte. Sufro yo a tu costa,
Dios no existente, pues si Tú existieras
existiría yo también de veras

Y para concluir, si bien no soy afecto a citar poemas traducidos, hoy voy a hacer una excepción con el gran poeta portugués, Fernando Pessoa:

«Pero si Dios es las flores y los árboles
y los montes y el sol y la luz de la luna,
entonces creo en él,
entonces creo en él a todas horas,
y toda mi vida es una oración y una misa
y una comunión con los ojos y por los oídos»

Nota: La imagen corresponde a “La creación del hombre” de Michelangelo, en la capilla Sixtina.

Espero volver a verte por aquí…

2 comentarios sobre “ATEÍSMO Y RELIGIÓN

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