DE AVES Y PÁJAROS

La poesía en el tiempo ha invocado y tratado en forma constante a las aves. Indudablemente, la belleza, los colores vivos y sus cantos hacen a este tipo de animalitos ideales para las metáforas. El vuelo, además, es el símbolo de la libertad, esa que los humanos no podemos esgrimir, de ahí que sea un lugar común al que apelan muchísimos poetas y escritores.

En mi “Soy el silencio” no están ausentes estas citas, como te paso a mostrar con estos ejemplos.

En el poema VIII, el canto de las aves sirve para ubicar al protagonista en el sitio donde se encuentra, añorando tiempos mejores.

No encontrando en las aguas caminos,

extrañando las rutas marcadas,

los bosques con acacias y pinos

y las aves con tristes tonadas.

En el XXII, los cantos de las aves crean un clima, un ambiente de la escena que está plantando el poema.

En la sombra del campo al poniente,

transitando entre silbos y cantos,

va esa voz, que me invita oferente,

a verter esperanza en mis llantos.

Y el LXXXIII corre en el mismo sentido que este último, en forma más indirecta, ya que alude  a las charlas del bosque, que no son más que una metáfora que surge de la mezcla de los sonidos del viento y las aves.

Bosque charlatán, locuaz como silencio,

permite intuir entre marcados bullicios,

gritos cargados de forasteros juicios,

si propios, si externos, yo no diferencio.

Y, cuando vamos a los clásicos, tendríamos una enorme lista de poetas que apelan a estos pequeños seres para protagonizar sus poemas. En esta oportunidad, haremos una breve reseña de poetas rioplatenses, con estos poemas completos:

“Cinco últimos poemas para Cris”, de Julio Cortázar.

Ahora escribo pájaros.

No los veo venir, no los elijo,

de golpe están ahí, son esto,

una bandada de palabras

posándose

                     una

                               a

                                    una

en los alambres de la página,

chirriando, picoteando, lluvia de alas

y yo sin pan que darles, solamente

dejándolos venir. Tal vez

sea eso un árbol

o tal vez

el amor.

“Un pájaro me canta”, de Idea Vilariño.

Un pájaro me canta

y yo le canto

me gorjea al oído

y le gorjeo

me hiere y yo lo sangro

me destroza

lo quiebro

me deshace

lo rompo

me ayuda

lo levanto

lleno todo de paz

todo de guerra

todo de odio de amor

y desatado

gime su voz y gimo

río y ríe

y me mira y lo miro

me dice y yo le digo

y me ama y lo amo

-no se trata de amor

damos la vida-

y me pide y le pido

y me vence y le venzo

y me acaba y lo acabo.

“Yo no sé de pájaros…”, de Alejandra Pizarnik.

Yo no sé de pájaros,

no conozco la historia del fuego.

Pero creo que mi soledad debería tener alas.

“Himno a los pájaros”, de Alfonsina Storni.

Dios te guarde, pajarillo,

flor del bosque, plumas oro,

nadie mate tus pichones,

nadie toque tu tesoro.

La tormenta no te asuste

en las noches despiadadas,

que el viento no te castigue,

ni te maten las heladas.

Que el cazador no te encuentre

cuando te busca en la selva,

la sombra por defenderte,

en sus repliegues te envuelva.

Vuela siempre por los aires,

canta siempre entre las ramas,

picotea los jardines,

cuelga el nido en las retamas.

Dios te guarde, pajarillo,

flor del bosque, plumas de oro,

nadie mate tus pichones,

nadie toque tu tesoro.

“El nido”, de Juana de Ibarbourou.

Mi cama fue un roble

Y en sus ramas cantaban los pájaros

Mi cama fue un roble

Y mordió la tormenta sus gajos.

             Deslizo mis manos

Por sus claros maderos pulidos,

Y pienso que acaso toco el mismo tronco

Donde estuvo aferrado algún nido.

             Mi cama fue un roble.

Yo duermo en un árbol.

En un árbol amigo del agua,

Del sol y la brisa del cielo y el musgo,

De lagartos de ojuelos dorados

Y de las orugas, de un verde esmeralda.

             Yo duermo en un árbol.

¡Oh, amado!, en un árbol dormimos.

Acaso por eso me parece el lecho

Esta noche, blando y hondo cual nido.

 Y en ti me acurruco como una avecilla

Que busca el reparo de su compañero.

¡Que rezongue el viento, que gruña la lluvia!

Contigo en el nido, no sé lo que es miedo.

Y, para cerrar, no podía quedar afuera el clásico de los clásicos, quizás la poesía más conocida de todas las de habla hispana, del sevillano Gustavo Adolfo Bécquer, la rima LIII:

Volverán las oscuras golondrinas

en tu balcón sus nidos a colgar,

y otra vez con el ala a sus cristales

jugando llamarán.

Pero aquellas que el vuelo refrenaban

tu hermosura y mi dicha a contemplar,

aquellas que aprendieron nuestros nombres,

ésas… ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas

de tu jardín las tapias a escalar

y otra vez a la tarde aún más hermosas

sus flores se abrirán.

Pero aquellas cuajadas de rocío

cuyas gotas mirábamos temblar

y caer como lágrimas del día…

ésas… ¡no volverán!

Volverán del amor en tus oídos

las palabras ardientes a sonar,

tu corazón de su profundo sueño

tal vez despertará.

Pero mudo y absorto y de rodillas,

como se adora a Dios ante su altar,

como yo te he querido…, desengáñate,

¡así no te querrán!

Nota: la imagen corresponde a la pintura clásica de aves del británico Jakob Bogdani. Espero volver a verte por aquí…

EL MAR

Sin dudas hay muchos, muchísimos poemas que nos pintan el mar, su entorno y todo lo que este espacio de la naturaleza.

En el poema XIII de “Soy el silencio” estoy abordando justamente los silenciosos sonidos del mar. Por su temática, este poema es altamente representativo del poemario: el mar, el sonido de las olas, el silencio a interpretar, una forma de comunicación.


Instrumentos de viento y percusión
ensamblan una música serena.
El mar canta acariciando la arena.
El mar escucha con suma atención.

Soy espectador de un ritmo cansino
que recala en mi alma al morir el día,
mis oídos toman la melodía
que sutil compone el canto marino.

Soy artista de emociones internas,
el mar compañero mi confidente,
sin exigencias, espera le cuente
penas precarias, tristezas eternas.

El silencio del mar nunca es callado,
saber escucharlo es todo un talento,
deslindando la armonía del viento
se adivina ese encubierto recado
.

Mas quizás tú recibas un mensaje
que sea el mismo que das al oyente.
No percibías que tú eres la fuente,
lo asignabas al dócil oleaje.

Al empaparse el sol ante tu vista
no le exijas al mar una sentencia,
y si él te escucha con suma elocuencia,
tan solo pretende darte una pista.

En la orilla tú verás la respuesta,
los veredictos en el horizonte,
allá mismo, do tu mente confronte
notoria la voz, velada la orquesta.

Y como muestra de lo que han escrito los grandes maestros, con el correr de los años, aquí van surtidos fragmentos de poemas dedicados al (a la) mar:

“Sonetos II”, de Octavio Paz (fragmento)

El mar, el mar y tú, plural espejo,
el mar de torso perezoso y lento
nadando por el mar, del mar sediento:
el mar que muere y nace en un reflejo.
El mar y tú, su mar, el mar espejo:
roca que escala el mar con paso lento,
pilar de sal que abate el mar sediento,
sed y vaivén y apenas un reflejo.

“El mar” de Idea Vilariño (fragmento)

Tan arduamente el mar,
tan arduamente,
el lento mar inmenso,
tan largamente en sí, cansadamente,
el hondo mar eterno.

Lento mar, hondo mar,
profundo mar inmenso…

“Ocaso”, de Manuel Machado (fragmento)

Era un suspiro lánguido y sonoro
la voz del mar aquella tarde… El día
no queriendo morir, con garras de oro
de los acantilados se prendía.

“Agua”, de Gabriela Mistral —

Hay países que yo recuerdo
como recuerdo mis infancias.

Son países de mar o río,
de pastales, de vegas y aguas.

“Nácar marino”, de Alfonsina Storni (fragmento)

Columnas de plata sostienen el cielo;
varas de jacinto se levantan del mar;
trepan a la bóveda
guirnaldas de flores de sal.

Escamas de sirenas de nácar
envuelven las serpientes
espejantes del mar.

“A Margarita Debayle”, de Rubén Darío (fragmento)

Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento.

Ya que lejos de mí vas a estar,
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.

Nota: la imagen corresponde a “Cuadros en el mar”, de Vincent van Gogh.

Espero volver a verte por aquí.

A D I Ó S 2 0 2 1 , F E L I Z 2 0 2 2

Hola, llegamos a fin de año. Espero que el 2022 te traiga todo lo que has buscado en años anteriores y no pudiste concretar. Como regalo para año nuevo, te dejo cinco poemas completos de mi libro “Soy el silencio”, los que de alguna forma u otra ya fueron, total o parcialmente, compartidos en este blog.

I

Soy ese silencio que habita en nosotros,

que aspira en su espera poder expresar

tantas cosas muy simples a amigos y otros

que entiendan mi voz que es tan solo mirar.

En este desierto de piedra y cemento

mi triste alegría quisiera encontrar,

en la loca y ardiente fuerza del viento

mi alegre tristeza dejar escapar.

Yo soy el silencio que busca en la vida,

sin saber de ella lo que habré de buscar,

pues me desangro por cargar una herida

que aplaca mis fuerzas en este luchar.

Mis ojos expresan sentir tan profundo,

al que alguien que busco sabrá interpretar,

si, en sus giros, mi corazón vagabundo

no cierra sus puertas al ansia de amar.

III

Buscar no siempre es lo fácil que parece,

tantas veces uno busca sin mirar,

o sólo ve lo evidente cuando crece

negando a la vista la opción de girar.

Y en la mente sólo cabe lo buscado

sin dejarle ni un lugar a lo demás,

que si uno no encuentra el sueño acariciado

desvaloriza lo que halla más y más.

Buscar es como vivir de la esperanza,

es beberse toda la fe hasta el hartazgo,

no desesperar con temprana tardanza,

enloquecer de alegría en cada hallazgo.

Y comenzar, otra vez, tras otra pista,

apartando un momento el logro flamante,

poniendo el oído, el olfato y la vista

a un novel fin del buscador caminante.

Buscar, para el hombre, siempre es aliciente,

quien no busca, no vive en realidad,

pero esa búsqueda queda en incipiente

si lo hallado no trae felicidad.

Buscar acaso sea la vida misma,

o tal vez un escapismo un tanto loco,

mas la razón que al buscar le da el carisma

es encontrar, que es también morir un poco.

XVIII

¡Ay! consciencia, que a gritos alientas

a seguir con el paso prolijo,

tras el rumbo por otros ya fijo,

no me atrevo a decirte: ¡No mientas!

Si me abrigo al amparo mezquino

que me ofreces, obviando mi ser,

la pasión no podré conocer

y seré de mi honor asesino.

Inquilino de otras voluntades,

mi cerebro se exila aguardando

una brecha, para ir derribando

ese muro, que aborta verdades.

Inconsciencia: ¿De dónde surgiste?

¿Cómo fue que tocaste a mi puerta?

Al entrar pisoteaste mi huerta

y una gris desazón esculpiste.

Disfrazada de amiga, tu mano

me propuso un escape celeste,

y al dejar el real mundo agreste

se olvidaron mis penas de plano.

Hoy aquí, descubriendo el chantaje,

no es tan tarde para una promesa:

despejar la maraña que apresa,

aunque deba empeñar mi coraje.

LXVIII

Mi morada está oscura, vacía y tan fría,

no se escucha una risa ni se huele una flor,

pero es mi morada tan querida, tan mía,

que sólo mis ojos le dibujan color.

Más allá de las sombras, atrás de los hielos,

descubro rincones escuchando una voz,

de la penumbra, que no conoce de cielos,

acostumbro el miedo, nunca frágil ni atroz.

Mi morada es la dicha de un ser desdichado,

el paciente refugio que aguarda por mí,

en cada reencuentro que busco angustiado

yo recobro la paz que al dejarla perdí.

Saludando los huecos retorno al silencio,

al mudar mis ropas voy abriendo la mente,

desnudándome aquí, mi pesar diligencio,

recobrando fuerzas volveré plenamente.

Transitando despierto mis sueños en pugna

voy llevando la vida, inyectándole fe,

obviando la muerte, que el destino no impugna,

andando adelante, resistiendo de pie.

Mi morada es templo, donde pío doy culto

a un modo de vida que no quiero alterar,

en mi mezcla consciente de niño y de adulto

descubrir cosas nuevas, sabiendo esperar.

Mas, ¡Qué soberbio sol puedo hallar en lo oscuro!

¡Cuánto calor aflora en la noche de invierno!

¡Es tan plácido lecho este suelo tan duro!

¡Es digno palacio, aunque parezca el infierno!

Y tan solo en mi mente resuenan erguidos

espacios y tiempos, rescatando mensajes

a ojos de otros grises, empolvados, dormidos,

mas razón de volver toda vez de mis viajes.

LXXVII

Terca lluvia y tenaz, persistente,

que me mojas los huesos, la mente,

vistiéndolo todo más sombrío.

Un creciente placer me gobierna

al contemplarla impávida, eterna,

trasluciendo cualquier desvarío.

Se disfrazan de gris los colores,

la humedad, que agranda mis dolores,

a mi espíritu mata de frío.

Caminar bajo el cielo techado,

recorriendo el asfalto lavado,

desenfoca mi libre albedrío.

Mas no encuentro placer más glorioso,

tras un vidrio mirando, dichoso,

ver llover no conoce de hastío.

Y como noticia de fin de año, espero que este 2022 que se inicia nos traiga la publicación de mi segundo poemario: “Plegarias en penumbra”.

¡Feliz 2022!

Espero volver verte por aquí…

EL LAMENTO

La reacción por excelencia al pesar del ser humano, la queja con llanto ha sido tratada en un sinnúmero de poemas en la historia. En la entrada del 7 de octubre de este año, te mostré el poema VII de “Soy el silencio”, que versaba sobre el llanto y el lamento. Hoy vamos a comenzar por el XLI del poemario, que está en la parte del libro que entra en el ambiente de la caída espiritual, la tristeza y que aborda la misma emoción, quizás un tanto más extrema.

Mi pluma detona en ganas de llorar,
para llenar cada verso en su lamento,
pero mi mente se gasta en explorar
si yo no estoy triste, ¿Porqué‚ así me siento?

Desconocida, la angustia está latente,
y mis sentidos no logran detectarla,
hay algo en mí que me dice está presente
y a la luz muy pronto podré contemplarla.

Origen oculto, dudas caminantes,
abrazan estas penurias tan cercanas,
y mis ánimos, tornándose en cambiantes,
refuerzan en mi pluma todas las ganas.

Por desconocidos, no encuentro remedio,
por yacer ocultos, mis males no acepto,
pero estando cerca me parten al medio,
justo a mí que soy de bajones adepto.

Y cuando pasamos a los clásicos, la primera muestra es “Pasa el viento” (fragmento), de Meira Delmar,

Y quiere asirla el corazón. Beberla
como un vaso de vino. Retenerla
para creer de nuevo en la dulzura.
Pero se escapa y huye con el viento,
y me deja tan sólo este lamento,
donde esconde su rostro la amargura.

Pablo Neruda dedica todo un poema a la queja, “Lamento lento”

En la noche del corazón
la gota de tu nombre lento
en silencio circula y cae
y rompe y desarrolla su agua.
Algo quiere su leve daño
y su estima infinita y corta,
como el paso de un ser perdido
de pronto oído.
De pronto, de pronto escuchado
y repartido en el corazón
con triste insistencia y aumento
como un sueño frío de otoño.
La espesa rueda de la tierra
su llanta húmeda de olvido
hace rodar, cortando el tiempo

en mitades inaccesibles.
Sus copas duras cubren tu alma
derramada en la tierra fría
con sus pobres chispas azules
volando en la voz de la lluvia.

También podemos encontrar algo en la “Rima XV”, de Gustavo Adolfo Bécquer

En mar sin playas onda sonante,
en el vacío cometa errante,
largo lamento.
Del ronco viento,
ansia perpetua de algo mejor,
eso soy yo.

Y, para finalizar con los clásicos, algo más clásico que todos los mostrados hasta ahora, la primera estrofa de la Égloga I, de Garcilaso de la Vega, famosa por su sinestesia inicial. Es quizás el más acabado ejemplo de esta figura retórica que combina dos sensaciones, de diferentes sentidos, este dulce lamentar…

El dulce lamentar de dos pastores,
Salicio juntamente y Nemoroso,
he de contar, sus quejas imitando;
cuyas ovejas al cantar sabroso
estaban muy atentas, los amores,
(de pacer olvidadas) escuchando.
Tú, que ganaste obrando
un nombre en todo el mundo

y un grado sin segundo,
agora estés atento sólo y dado
el ínclito gobierno del estado
Albano; agora vuelto a la otra parte,
resplandeciente, armado,
representando en tierra el fiero Marte;

Nota: La imagen corresponde a “El grito” de Edvard Munch.

Espero volver a verte por aquí…

EL CONTENIDO Y LA FORMA

Los diversos géneros y subgéneros literarios se caracterizan por su forma y su contenido.  Así, dentro del género narrativo, el cuento y la novela son los subgéneros más difundidos en la actualidad. Ellos comparten el tipo de contenido, pero se diferencian en su forma, donde lo más visible es la identificación por la extensión del relato. El género didáctico abarca principalmente los ensayos y los textos de estudio. La poesía es el subgénero por excelencia que define a la lírica. Si bien el género lírico también puede expresarse en prosa, conocida como prosa poética, la poesía es su principal expresión, transmitiendo emociones, sentimientos e ideas subjetivas.

Y en general, al hablar de la forma y los contenidos, vamos a tener varias opciones. En el idioma en general la forma implica la gramática, la redacción, la ortografía y la tipografía. El contenido es básicamente el mensaje. Y aquí entra a jugar el eterno debate de lo que vale más, si el contenido o el relato de éste, el fondo o la forma.

¿Es valioso un escrito que presenta un contenido por demás atrapante, por más que tenga faltas de ortografía? Seguramente habrá lectores que no puedan ser atrapados si hay errores de ortografía, de puntuación o incluso de redacción o estilo.

Obviamente para que un producto literario sea excelente deberá tener un buen contenido, una redacción perfecta, con un estilo que le de vuelo y originalidad y correcta ortografía y tipografía.

En la poesía, las formas tienen un protagonismo adicional, ya que difieren en mucho de las normas aplicables para la prosa. Quizás no sea lo mejor hablar de diferencias, pero sí de normas adicionales, como la métrica, la rima, el ritmo. El contenido puede variar en poesía de amor, la ampliamente más abordada y que muchos creen como la única; la poesía de reflexión, que es la que personalmente aborda mi primer libro “Soy el silencio”; y otras temáticas clásicas como la poesía religiosa.

Una definición de poesía, a su vez poética, es la que expresa el poeta segoviano Gustavo Adolfo Bécquer en su rima XXI:

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas

en mi pupila tu pupila azul.

¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?

Poesía…eres tú.

Dentro de la forma podemos distinguirlas por tipos de rima (asonante, consonante, verso libre). También puede distinguirse por la cantidad de sílabas del verso, a veces constante, a veces combinado o variable dentro de cada poema.

Un buen ejemplo de verso libre, donde la libertad no solamente aplica en la ausencia de rima y métrica, sino también de puntuación ortográfica, es el poema “Escribo, pienso, leo…” de Idea Vilariño,

Escribo
pienso
leo
traduzco veinte páginas
oigo el informativo
escribo
escribo
leo
Dónde estás

dónde estás

Se puede apreciar que la libertad del verso no inhibe la musicalidad del poema y que la falta de puntuación deriva la entonación y las pausas hacia el corte de cada verso.

También hay estructuras particulares como el clásico soneto, los romances, etc. La particularidad del soneto es estrictamente formal: catorce versos, generalmente de once sílabas cada uno (endecasílabos) agrupados en dos estrofas de cuatro y dos de tres versos, todos con rima consonante, bajo la estructura ABBA ABBA CDC DCD (secuencia de las rimas en el poema). Uno de los más conocidos sonetos es “Llagas de amor”, de Federico García Lorca.

Esta luz, este fuego que devora.
Este paisaje gris que me rodea.
Este dolor por una sola idea.
Esta angustia de cielo, mundo y hora.

Este llanto de sangre que decora
lira sin pulso ya, lúbrica tea.
Este peso del mar que me golpea.
Este alacrán que por mi pecho mora.

Son guirnaldas de amor, cama de herido,
donde sin sueño, sueño tu presencia
entre las ruinas de mi pecho hundido.

Y aunque busco la cumbre de prudencia
me da tu corazón valle tendido
con cicuta y pasión de amarga ciencia.

En él se diferencian claramente la forma, soneto, de su contenido, la emoción en un poema de amor, más concretamente de desamor.

Para terminar, te comparto algunas estrofas de poemas de mi “Soy el silencio” con diferentes estructuras, diferentes formas, como todo el libro, dentro de la poesía reflexiva. Puedes notar la distinta extensión de los versos y así como secuencia dispar en las rimas, aunque siempre consonante.

Poema LXXXII (fragmento)

Mas nada hay más estable que el cambio a cada instante,

no existe aquel suceso que guarda eternidad,

la tierra rota libre, mirando hacia adelante

y en cada giro muda otra vez su identidad.

Poema LXXVII (fragmento)

Terca lluvia y tenaz, persistente,

que me mojas los huesos, la mente,

vistiéndolo todo más sombrío.

Un creciente placer me gobierna

al contemplarla impávida, eterna,

trasluciendo cualquier desvarío.

Poema XXXVIII (fragmento)

Y el alma que queda aprisionada

en lo oscuro y profundo del ser,

un cerrojo custodia el enser

donde yace sumisa, olvidada.

Nota: la imagen corresponde a la pintura “Arte constructivo” de Joaquín Torres García.

Espero volver a verte por aquí…

LA PERTENENCIA

En “Soy el silencio”, el poema XX tiene una clara estructura de estrofas marcadas por un verso inicial “No pertenezco”. Esta repetición sistemática del primer verso inicial no es más que la figura literaria la anáfora, sobre la cual te he comentado en las entradas pasadas “Figuras literarias (I y II)”.


En este caso, la no pertenencia a ninguna de los lugares ni tiempos que describen los tres versos siguientes de cada estrofa, marca una sensación de libertad y ausencia de ataduras, sobre todo a los lugares comunes.

No pertenezco
a ese sitio que el destino me ubicó,
ni a los lugares que el hombre edificó,
si de rígidas raíces yo carezco.

No pertenezco
al mañana, ni al ayer, tampoco al hoy,
ni aún siquiera al instante donde estoy,
por pescarlo, día a día desfallezco.

No pertenezco
a la raza que la herencia me legó,
ni a este cuerpo que la vida me entregó,
si yo mismo dudo ser lo que parezco.

No pertenezco
a una casta en donde puedan colocarme,
ni a un estrato donde quieran avaluarme,
como casi todos, soy lo que merezco.

No pertenezco
a la vida, a la muerte o desesperanza,
ni al éxito, el descalabro o la confianza,
si bien a menudo, ante ellos, me estremezco.

No pertenezco,
porque mi afán es volar sin ataduras,
persiguiendo algún lugar en las alturas,
tan sólo por eso, yo no pertenezco.

Al momento de citar a los clásicos, me viene a la mente un fragmento de “Jardín de invierno“ de Pablo Neruda, quien justamente fija la pertenencia en la tierra y el invierno, el espacio y el tiempo:

Llega el invierno. Espléndido dictado
me dan las lentas hojas
vestidas de silencio y amarillo.
Soy un libro de nieve,
una espaciosa mano, una pradera,
un círculo que espera,
pertenezco a la tierra y a su invierno.

La pertenencia al viento, que es quizás un poco la pertenencia a nada mostrada en mi poema XX, nos la alude José Ángel Buesa en un fragmento de su “Viejo lobo de mar”.

La tierra te rechaza, viejo lobo sediento,
pues ya, como las velas, perteneces al viento;
y la mujer desnuda que adorna tu tatuaje
hoy duerme con un hombre que no se va de viaje.

Así como del muy clásico Tomás de Iriarte (también célebre escritor de fábulas) con su poema “Del oro, como muchos, no dependo” donde la pertenencia la lleva al extremo de la dependencia.

Del oro, como muchos, no dependo,
Fabio, pues ni le guardo ni codicio;
ni dependo jamás del vulgar juicio,
pues dar a luz mis obras no pretendo.
Del sexo mujeril casi no pendo,
pues amo por placer, no por oficio;
y aun menos de la corte y su bullicio,
pues de fingir y de adular no entiendo.

Solamente dependo de la muerte,
ya que discurso no hay ni diligencia
que de su despotismo nos liberte.

Mas la espero sin miedo y con paciencia,
vivo sin desearla; y de esta suerte,
amigo, se acabó la dependencia.

Nota: La imagen corresponde al cuadro “El naufragio”, de Francisco de Goya.

Espero volver a verte por aquí…

POEMAS TRISTES

Ya te he comentado previamente que en “Soy el silencio” se produce una cadencia de sentimientos que acompañan el transcurso de todo el poemario. A través de distintas etapas, se van desgranando diversos estados del alma que van evolucionando desde la búsqueda, el camino hacia la caída y el despertar. Dentro del tramo que podemos identificar con la caída, la tristeza y la decepción, la frustración y el desconcierto son los ánimos prevalentes, cuyo punto más álgido se encuentra en el poema número XX, que a continuación te transcribo.

Hiela mi sangre reconocer que estoy vivo,
que no puedo siquiera dejarme dormir,
que a la pena creciente tan solo derivo,
que de esta vida no espero más que morir.

Las afrentas continuas que mi alma cascaron
no le cedieron paso ni a un breve interludio,
esperanzas, que alguna alegría insinuaron,
no pudieron siquiera pasar del preludio.

Hiela mi sangre el considerarme despierto,
con la mente predispuesta a un viaje al pasado,
el corazón en la mano, de ansias desierto,
lúcido tal vez para ver como he fallado.

Y enfrentar de a uno en uno mis muchos errores
no tiene el sentido como en otro momento,
en que mi ser luchaba por logros mejores,
pero que hoy ya percibo con sabor a cuento
.

Y en el momento de aludir a los maestros, por esta vez nos vamos a quedar solo con dos. Por emblemáticos, por conocidos, por sublimes.

Rubén Darío nos muestra la tristeza de una forma desgarradora, mostrando la felicidad en la ausencia de sentimientos, pronunciada en un vegetal y absoluta en la piedra. La tristeza que nos relata Pablo Neruda es claramente provocada por el desamor, coronando una serie exquisita de poemas de amor.

Darío y Neruda, la vida y la muerte, el amor y el desamor, la tristeza…

LO FATAL, de Rubén Darío, de Cantos de vida y esperanza.

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror…
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber a dónde vamos,
ni de dónde venimos!…

POEMA XX, de Pablo Neruda, de “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que me causa,
y éstos sean los últimos versos que le escribo.

Nota: La imagen corresponde a “Anciano en pena (en el umbral de la eternidad)”, de Vincent van Gogh, 1890.

Espero volver a verte por aquí.

LA LITERATURA NO ES PARA ZALAMEROS Vol. II

Muy agradecido con Editorial Factótum de Buenos Aires, quienes me incluyeron en la reseña de cuentos y poemas latinoamericanos para 2021.

Acá pueden encontrar la publicación.

Espero volver a verte por aquí.

LA MEMORIA Y EL OLVIDO

Los humanos seguimos nuestra ruta de vida de distintas formas, algunos mirando hacia adelante y otros hacia atrás, pero lo cierto es que la perspectiva hacia el futuro se va a apoyar en la base de cómo hemos transcurrido nuestras etapas anteriores. Y aquí juega su rol ese archivo que es la memoria. Tan asombrosa como desconocida, ella nos permite identificar nuestra vida al punto tal que podemos ser definidos como nuestra memoria y nuestros sueños.

Los recuerdos, muchas veces tamizados por nuestra propia voluntad, han sido siempre contrapuestos a su enemigo natural, el olvido. Hay quienes, por una posición frente a la vida, optan por vivir de los recuerdos, casi glorificándolos, lo que compromete los desafíos futuros.

También está el tema de la permanencia de los recuerdos, el porqué del olvido. Hay recuerdos que buscan el olvido y hay olvidos que matan el recuerdo, ya sea por el `paso del tiempo, ya sea por la relevancia o por problemas de salud.

Pero, en definitiva, la poesía nunca fue ajena a esa mágica lucha entre recuerdos y olvido. Y, como te tengo acostumbrado, voy a comenzar con una muestra de mi poemario “Soy el silencio”, por lo que te comparto el poema XXVIII,

¿Qué sería yo si no tuviera memoria?

Si ella se apartara ni sabría quién soy.

Porque, aunque viviendo del mañana y del hoy,

estos se recuestan en mis años de historia.

Guardián natural de mis recuerdos queridos,

mantiene en mi ser las pasadas emociones

y al tener que afrontar noveles situaciones,

puedo comparar aconteceres vividos.

¡Qué apoyo leal que otro archivo no me entrega!

Imágenes cruzan como vistas ayer,

gente querida, que ya he dejado de ver

y en mi corazón cada vez más hondo llega.

El olvido es muy cruel porque siempre liquida,

es capaz de esconder en un soplo lo actuado,

prematura la muerte de aquel descuidado

que vive el presente pero pronto lo olvida.

Y sé que estás esperando a los clásicos, que en este caso va a venir con un muestreo abundante, por lo que me remitiré a compartirte segmentos de poemas de varios maestros.

No podía faltar el impresionante epitafio de Jorge Luis Borges, poema conocido como “Los enigmas “, que comienza con estos cuatro versos:

Ya somos el olvido que seremos.

El polvo elemental que nos ignora

y que fue el rojo Adán, y que es ahora,

todos los hombres, y que no veremos.

Otro ejemplo está en el poema “A la memoria del poeta gallego Aurelio Aguirre” de Rosalía de Castro, que comienza con estas rimas:

Lágrima triste en mi dolor vertida,

perla del corazón que entre tormentas

fue en largas horas de pesar nacida,

en fúnebre memoria convertida

la flor será que a tu corona enlace;

las horas de la vida turbulentas

ajan las flores y el laurel marchitan;

En “Reminiscencia”, la recientemente galardonada con el premio Cervantes, Cristina Peri Rossi invoca al olvido y la memoria,

No podía dejar de amarla porque el olvido no existe

y la memoria es modificación, de manera que sin querer

amaba las distintas formas bajo las cuales ella aparecía

en sucesivas transformaciones y tenía nostalgia de todos los lugares

en los cuales jamás habíamos estado, y la deseaba en los parques

donde nunca la deseé y moría de reminiscencias por las cosas

que ya no conoceríamos y eran tan violentas e inolvidables

como las pocas cosas que habíamos conocido.

Y ya que mencionamos a la actual ganadora del Cervantes, citemos también a Ida Vitale, su compatriota y ganadora del premio en 2018, quien  en su novísimo trabajo “Tiempo sin claves”, le dedica un espacio a la memoria, en el poema “El elefante del hoy”,

La memoria hacendosa pone en orden

los hilos, pero a veces algo falla

y el desabrido elefante del hoy

irrumpe a destrozar como en la selva

las ramas y se desgarra la trama

de la seda. Recuerda el obediente,

al sujetar su fe, soldado en lucha

contra su propio sueño, que hay olvido.

En “Me destierro a la memoria”, Miguel de Unamuno juega con la memoria, los recuerdos y el perderse en ellos, que es un poco olvidar el presente…

Me destierro a la memoria,

voy a vivir del recuerdo.

Buscadme, si me os pierdo,

en el yermo de la historia,

En su “Dolor”, Alfonsina Storni coquetea, de manera casi premonitoria, con el mar al cerrar el poema con estos versos.

Perder la mirada, distraídamente,

Perderla, y que nunca la vuelva a encontrar;

Y, figura erguida, entre cielo y playa,

Sentirme el olvido perenne del mar.

También este fragmento de “Memoria del tránsito”, de Luis Rosales:

Los sitios donde has estado

en la memoria los llevo

sólo para ver de nuevo

el rastro que allí has dejado;

la tierra que tú has pisado

vuelvo a pisar; nada soy

más que este sueño en que voy

desde tu ausencia a la nada.

Me hizo vivir tu mirada:

fiel al tránsito aquí estoy.

O la “Canción cada vez que mi memoria”, de Jorge Manrique, que empieza con estos versos:

Cada vez que mi memoria

vuestra beldad representa,

mi penar se torna gloria.

Mis servicios en victoria,

mi morir, vida contenta.

También es ilustrativo este pasaje de “Compañero de olvido” (dedicado a Juan Gelman), de Mario Benedetti, muy curios por el uso fantástico de la rima interna:

compañero de olvido en el olvido

estamos recordándonos sabiéndonos

solidarios sin nombre solitarios

de a uno o en montón pero insepultos

compañero de olvido no te olvido

En “Muerte del olvido”, de Meira Delmar, suenan estos versos, aparentemente contradictorios, en los que la poetisa intenta mostrar sus recuerdos con la paradoja de que “al olvido se le borraron las palabras”…

Se me murió el olvido

de repente.

Inesperadamente,

se le borraron las palabras

y fue desvaneciéndose

en el viento.

En su “Pasar”, Idea Vilariño muestra la desesperanza del abandono que implica el olvido :

Quiero y no quiero

espero

y no

y desespero

y por veces aparto

con todo olvido todo abandono toda

felicidad

Y para finalizar, reitero a don Miguel de Unamuno, de quien transcribo su poema completo, “Dormirse en el olvido del recuerdo”, que todo el poema es un hermoso oxímoron (como vimos en entradas anteriores, es una figura retórica que consiste en complementar una palabra con otra que tiene un significado contradictorio u opuesto).

¡Dormirse en el olvido del recuerdo,

en el recuerdo del olvido,

y que en el claustro maternal me pierdo

y que en él desnazco perdido!

¡Tú, mi bendito porvenir pasado,

mañana eterno en el ayer;

tú, todo lo que fue ya eternizado,

mi madre, mi hija, mi mujer!

Nota: La imagen corresponde a un collage conocido como “Los autorretratos del Alzheimer”, pintados por William Utermohlen, en una secuencia que va mostrando el avance de supropia enfermedad.

Espero volver a verte por aquí…

EL DOMINGO

El domingo, para muchos el día más lindo de la semana, es al menos el más distinto para la mayoría. Sin embargo, la alegría, el descanso, el tiempo libre, el disfrute se confunden con la angustia que va trayendo el avance de la tarde, y con ella, la proximidad de otra semana ardua que está para comenzar. Este sentimiento queda retratado en el poema XII de mi “Soy el silencio”, que aquí te reproduzco.


Mil soles alumbran la noche del llanto,
sin hallar consuelo entre tanto dolor.

Mil coros entonan un lúgubre canto
que escolta uniforme la voz de un tenor.

Mil manos me cubren con un terso manto
y aun así preciso más hondo calor.

Domingo a la noche, mi angustia no aguanto,
¡Mil sombras gestan obstinado temor!

Este poema tiene una estructura bien diferente al del resto de los incluidos en mi primer libro. Son cuatro estrofas de tan solo dos versos, todos dodecasílabos, y con una rima consonante que se repite en todas las estrofas, tanto para el primer verso como para el último.

Y, al momento de vincular mi poema con el de los maestros, no pude a ceder a la tentación de incluir a dos enormes poetas, que tratan, aunque apenas sea con una mención lateral, al domingo. Herrera y Reissig y Borges, en poemas completos.

El domingo, para los campesinos que retrata Julio Herrera y Reissig en su célebre soneto “La siesta”, es un poco lo opuesto, el día de sufrir las ropas, el descanso que supone el rompimiento a la cotidianeidad de la labor constante.

No late más un único reloj: el campanario,
que cuenta los dichosos hastíos de la aldea,
el cual, al sol de enero, agriamente chispea,
con su aspecto remoto de viejo refractario…

A la puerta, sentado se duerme el boticario…
En la plaza yacente la gallina cloquea
y un tronco de ojaranzo arde en la chimenea,
junto a la cual el cura medita su breviario.

Todo es paz en la casa. Un cielo sin rigores,
bendice las faenas, reparte los sudores…
Madres, hermanas, tías, cantan lavando en rueda

las ropas que el domingo sufren los campesinos…
Y el asno vagabundo que ha entrado en la vereda
huye, soltando coces, de los perros vecinos.

Y otra invocación al domingo y su tedio es la que hace Jorge Luis Borges en su poema “Camden, 1892”, dedicado al poeta neoyorkino Walt Whitman, fallecido en el lugar y año del título del poema. Borges le dedica genialmente una escena de ocio, tedio, cansancio (en este caso dando el calificativo al espejo y no a sí mismo).

Indudablemente el domingo despierta distintas sensaciones y para la mayoría es una pausa.

El olor del café y de los periódicos.
El domingo y su tedio. La mañana
y en la entrevista página esa vana

publicación de versos alegóricos
de un colega feliz. El hombre viejo
está postrado y blanco en su decente
habitación de pobre. Ociosamente
mira su cara en el cansado espejo.
Piensa, ya sin asombro, que esa cara
es él. La distraída mano toca
la turbia barba y saqueada boca.
No está lejos el fin. Su voz declara:
casi no soy, pero mis versos ritman
la vida y su esplendor. Yo fui Walt Whitman.

Nota, la imagen corresponde a la pintura «Domingo aburrido», de Julius Olsson, que se encuentra en la Colección Permanente del James A. Michener Art Museum en Doylestown, Pennsylvania.

Espero volver a verte por aquí.