LA VISIÓN

Los sentidos, simbolizados principalmente a través de la visión, resultan un buen punto de arranque para un poema. La visión no referirá exclusivamente a lo que perciben los ojos, también se puede encontrar en los versos la interior, así como la visión al futuro. La percepción, que supone lo que interpretamos de lo que recibimos por los sentidos, muchas veces se siente engañada. Nuestra mente no siempre encuentra la verdad, los espejismos nos llevan a la confusión. Y con esto volvemos al concepto de la búsqueda, con las herramientas que tenemos y como las percibimos.

Es así como aparece el poema V de mi “Soy el silencio”, que muestra la lucha entre lo aparente y la realidad, una lucha tan común en nuestra vida cotidiana.

Por no ver más allá de mis ojos
se me escapa del hombre su esencia,
y al buscar en la piel su conciencia
yo concibo tan solo despojos.

¡Ay! Montaña de picos nevados
que no enfrían tus blancos eternos,
desde aquí pareces poseernos,
mas el frío se queda a tus lados.

Y si el sol no derrite tu cresta,
aun calcinando en cada verano
cualquiera valle de él más lejano,
¿cómo sigue la nieve su fiesta?

Tan falaz resulta lo aparente,
tan corto de alma, cuerpo y razón,
si la duda no tiene un rincón
donde echar su promiscua simiente.

Arco Iris que engalanas el cielo
de colores que son rebeldía,
al mutar lo gris claro del día
la ilusión de tocarte es mi anhelo.

¿Dónde encuentro tu extremo en la tierra,
si el horizonte lo oculta lejos,
y al pasar otra cuesta, perplejos,
lo vemos arrullando otra sierra?

¿Serán mis ojos? ¿Yo veo o creo?
¿Es la razón buscando en el mundo,
un sentido real y rotundo?
¿La verdad o tan solo el deseo?

Espejismo que guardas distancia,
si no intento acercarme, tú existes,
de placer y sosiego te vistes,
y puedo olfatear tu fragancia.

Y el dilema que surge en torrente,
si buscar la verdad o dejarla,
si aceptar, perseguir o inventarla,
si dejar volar libre a la mente.

Escarbar superficies ya blandas,
ya macizas, mas siempre con fe,
o aceptar la imagen que se dé
sin siquiera tocar sus barandas.

¿Es más feliz el que busca en lo hondo,
o aquél que acepta lo obvio y lo toma?
¿Quien al mundo tornasol se asoma,
o quien sigue hasta llegar al fondo?

Borges, Octavio Paz, Carolina Coronado, Gutierre de Cetina y Nervo, aluden con matices a esta temática. Aquí te comparto unos fragmentos:

“El alquimista”, de Jorge Luis Borges (fragmento)

En su oscura visión de un ser secreto
que se oculta en el astro y en el lodo,
late aquel otro sueño de que todo
es agua, que vio Tales de Mileto.

“A una estrella”, de Carolina Coronado (fragmento)

¿es que mi vista de mortal no alcanza
a percibir desde su oscuro asiento
allá en la altura suma el movimiento
de tu carroza que en lo inmenso avanza?

“La caída II”, de Octavio Paz (fragmento)

Me dejan tacto y ojos sólo niebla,
niebla de mí, mentira y espejismo:
¿qué soy, sino la sima en que me abismo,
y qué, si no el no ser, lo que me puebla?
el espejo que soy me deshabita:
un caer en mí mismo inacabable
al horror del no ser me precipita.

“En el gozo mayor, en el contento”, de Gutierre de Cetina (Poema completo)

De mayor calidad que se desea,
en el bien que no hay bien que igual le sea,
y en la gloria mayor de mi tormento,
me sale de través un pensamiento,
¡ay dios, qué gran error, qué cosa fea!,
y me hace creer que nos lo crea.
¡Ved cuál queda con esto el sentimiento!
me dice que es ficción, que es una sombra,
cierto disimular, falsa apariencia,
que no viene de amor tales afectos.
Y el alma que de tal visión se asombra,
tanto le amarga al gusto esta dolencia
que apenas siente el bien de estos efectos.

“Viejo estribillo”, de Amado Nervo (fragmento)

¡Oh Señor! La belleza sólo es, pues, espejismo;
nada más Tú eres cierto: ¡Se Tú mi último Dueño!
¿Dónde hallarte, en el éter, en la tierra, en mí mismo?
-Un poquito de ensueño te guiará en cada abismo,
un poquito de ensueño…

Nota: La imagen corresponde a la pintura “Espejismo”, del pintor mejicano Rafael Coronel.

Espero volver a verte por aquí…

LA MÉTRICA

Desde ya te voy pidiendo disculpas. Hoy voy a tocar un tema un poco más técnico y quizás más de uno resulte desilusionado, aunque espero que a otros les interese la propuesta.

La poesía, cumple ciertas reglas, algunas escritas, otras no tanto. Tradicionalmente, los poemas guardaban, casi exclusivamente, reglas de métrica y rima. Desde los albores del siglo pasado, la mayoría de los poemas han sido estructurados en verso libre, lo que no quiere decir libre de reglas. Sin embargo, al encarar el verso libre, el poeta generalmente opta por no guardar, al menos en sentido estricto, la métrica como tal.

La métrica se puede definir como la cantidad de sílabas que tiene un verso.  En general los poemas están escritos en versos que guardan la misma medida, los alejandrinos catorce sílabas, los endecasílabos once, decasílabos, octosílabos y todas las medidas posibles.

Sin embargo, al momento de efectuar el conteo de las sílabas, se toman en cuenta ciertas reglas:

Los diptongos y triptongos, se pueden formar con palabras distintas, es decir que la última sílaba de una palabra terminada en vocal se junta con la primera de la siguiente, si se inicia en vocal, y se cuenta como una sola. Esta unión se llama sinalefa.

En el poema número I de “Soy el silencio”, escrito en versos dodecasílabos, puedes ver el ejemplo de sinalefa:

Soy ese silencio que habita en nosotros,

que aspira en su espera poder expresar

tantas cosas muy simples a amigos y otros

que entiendan mi voz que es tan solo mirar.

En los que las sílabas quedan separadas de la siguiente manera:

Soy/ e/se/ si/len/cio/ que ha/bi/ta en/ no/so/tros,/

que as/pi/ra en/ su es/pe/ra/ po/der/ ex/pre/sar/

tan/tas/co/sas/ muy/ sim/ples/ a a/mi/gos/ y o/tros/

que en/tien/dan/ mi/ voz/ que es/ tan/ so/lo/ mi/rar./

En el primer verso hay sinalefa en “ta en”, en el segundo en “ra en” y “su es”, en el tercero en “a a” y “y o” y en el cuarto en “que en” y “que es”.

Otra regla que podemos apreciar aquí es la sinéresis, por la cual se cuentan como diptongos alguna sucesión de vocales abiertas (en la regla gramática del diptongo la sucesión de sílabas debe contener al menos una vocal cerrada, es decir “i” o “u”). El caso de los primeros versos “ta en” y “ra en” son sinéresis, ya que gramaticalmente la a y la e no conforman un diptongo sino un hiato (ocupan sílabas distintas).

A su vez, puede notarse que, por ser dodecasílabos, los versos deben contener doce sílabas. Sin embargo, en el primer y el tercer verso podemos contar no más que once. Esto se debe a una tercera regla: cuando el verso termina en palabra aguda se cuenta una sílaba más, con lo que se llega a las doce necesarias.

A la inversa, cuando el verso termina en esdrújula o sobreesdrújula se resta uno.

Esto también se puede ejemplificar con el poema XX, que tiene la característica de que  no todos los versos de cada estrofa miden igual.

No pertenezco

a ese sitio que el destino me ubicó,

ni a los lugares que el hombre edificó,

si de rígidas raíces yo carezco.

Como se ve, el segundo y cuarto verso cierran con palabra aguda, por lo que se suma una sílaba más a las contadas:

No/ per/te/nez/co/

a e/se/ si/tio/ que el/ des/ti/no/ me u/bi/có,/

ni a/ los/ lu/ga/res/ que el/ hom/bre e/di/fi/có,/

si/ de/ rí/ gi/ das/ ra/í/ces/ yo/ ca/rez/co./

En este caso el primer verso consta de nueve sílabas y los tres últimos de doce.

También existen excepciones, o formas de “burlar” las reglas, se toman algunas licencias poéticas. Por ejemplo, el poeta puede separar las sinalefas. De hecho, al recitar el poema, intercalar una pausa, aunque mínima, entre las dos palabras que deberían unirse, puede marcar la separación entre ellas.

Y por último, te muestro un caso curioso en la primera estrofa del poema LXVIII,

Mi morada está oscura, vacía y tan fría,

no se escucha una risa ni se huele una flor,

pero es mi morada tan querida, tan mía,

que sólo mis ojos le dibujan color.

En el segundo verso. Se forma un triptongo con el “se hue”, contando de esta manera:

no/ se es/cu/cha u/na/ ri/sa/ ni/ se hue/le u/na/ flor,/

Esto suma las trece sílabas (en este verso doce más una por terminar en aguda) que distinguen a todos los versos del poema. Sin embargo, el conteo también podría separarlas en dos sílabas y no aplicar la sinalefa, basados en que un triptongo no puede tener una sola vocal cerrada, en esta caso la u.

no/ se es/cu/cha u/na/ ri/sa/ ni/ se/ hue/le u/na/ flor,/

con lo que esta forma de conteo excedería la métrica necesitada para concordar con el resto.

Esto mismo sucede con el famoso tango “Confesión”, de Enrique Santos Discépolo, más poeta que compositor.

 El primer verso de este tango dice:

Fue a conciencia pura que perdí tu amor,

Y acá se da el triptongo ya de arranque, en el “fue a”, con el agravante que le imprime una composición musical de la concordancia con la nota musical, por lo que el vocalista debe incluir ese triptongo, quizás forzado, en un solo sonido.

Obviamente hay más reglas métricas, algunas las compartiremos en futuras entradas.

Espero volver a verte por aquí…

LA RUTINA

El quehacer cotidiano, el devenir de la vida, nos puede hacer caer en ese riesgoso letargo que supone la repetición sistemática de nuestros actos y, como dice este poema XLIII de m i poemario “Soy el silencio”, que aquí les presento, “la rutina, inflexible, se abalanza”.

Debajo de mi piel adormecida
yace perenne un gran sueño abortado,
en su sombrío sepulcro un candado
lo condena a bloquear su salida.

El tiempo mismo construye prisiones
por dentro del ser que es todo ilusión,
va tesonero y paciente en su acción,
herrumbrando las rebeldes pasiones.

El recuerdo, en lugar de la esperanza,
la ambición convertida en apatía,
ya está visto lo que antes sorprendía,
la rutina, inflexible, se abalanza.

Y al momento de citar a los clásicos, me quedo con cuatro grandes, Borges, Herrera y Reissig, Bobadilla y Benedetti, quienes, a su manera abordan sus rutinas.

El instante, de Jorge Luis Borges (fragmento):

¿dónde estarán los siglos, dónde el sueño
de espadas que los tártaros soñaron,
dónde los fuertes muros que allanaron,
dónde el árbol de adán y el otro leño?
el presente está solo. La memoria
erige el tiempo. Sucesión y engaño
es la rutina del reloj.

La llavera, de Julio Herrera Reissig (fragmento)

Viste el hábito rancio y habla ronco en voz densa;
sigue un perro la angustia de su sombra benigna;
mascullando sus votos, reverente, consigna
un espectro achacoso de rutina suspensa…

Bélgica, de Emilio Bobadilla (fragmento)

¿Quién de ser amado o de amar se jacta?
¿No es rutina orgánica la función de amores?
¡La luz en el lago viva se refracta
y no hay primavera sin aves ni flores!

Defensa de la alegría, de Mario Benedetti (fragmento)

defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

Nota: La imagen corresponde a la pintura “Antes del baile de máscaras”, de Beckmann.

Espero volver a verte por aquí…

EL LLANTO

Dentro de tantas emociones y reacciones manejadas en mi poemario “Soy el silencio”, no podía faltar el llanto, característica reacción humana a la tristeza. Les comparto el poema VII del libro, en el que el lamento, el llanto, la frustración están vivamente presentes.

El lamento enclavado en la condena
de vivir como alma en pena,
de sentir la soledad.

Llanto que nunca queda en apariencia,
que acompaña tu existencia
y sigue con terquedad.

Ilusiones, que naciendo en la espera,
no llegaron hasta afuera
y murieron sin edad.

Evasiones venciendo tu paciencia,
rompieron tu resistencia
ocultando la verdad

de saber que la vida hay que vivirla
sin dejarse arrollar por la tristeza,
comprender la mayor es la riqueza
de buscar la verdad, siempre seguirla
.

El poema XII del mismo libro nos traslada a un llanto teñido de angustia, que es la emoción prevalente en estos versos:

Mil soles alumbran la noche del llanto,
sin hallar consuelo entre tanto dolor.

Mil coros entonan un lúgubre canto
que escolta uniforme la voz de un tenor.

Mil manos me cubren con un terso manto
y aun así preciso más hondo calor.

Domingo a la noche, mi angustia no aguanto,
¡Mil sombras gestan obstinado temor!

Y en el esperado recorrido por las alusiones de los maestros, nos encontramos con varias joyas:

“De amor y de discreción” (fragmento), de Sor Juana Inés de la Cruz —

En que satisface un recelo con la retórica del llanto.
Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
como en tu rostro y tus acciones vía
que con palabras no te persuadía,
que el corazón me vieses deseaba;
y amor, que mis intentos ayudaba,
venció lo que imposible parecía:
pues entre el llanto, que el dolor vertía,
el corazón deshecho destilaba.

“Casida del llanto”, (fragmento) de Federico García Lorca,

He cerrado mi balcón
porque no quiero oír el llanto
pero por detrás de los grises muros
no se oye otra cosa que el llanto.

“Quiero escribir y el llanto no me deja”, (fragmento) de Lope de Vega,

Quiero escribir, y el llanto no me deja;
pruebo a llorar, y no descanso tanto;
vuelvo a tomar la pluma, y vuelve el llanto:
todo me impide el bien, todo me aqueja.
Si el llanto dura, el alma se me queja;
si el escribir, mis ojos; y si en tanto
por muerte o por consuelo me levanto,
de entrambos la esperanza se me aleja.

“Laura” (fragmento), de Pedro Calderón de la Barca,

¿Qué género de llanto es sin sosiego
éste, que a tanto incendio no da espanto,
pues al fuego apagar no puede el llanto,
ni al llanto puede consumir el fuego?

“Quiero apoyar mi cabeza”, (fragmento) de Jaime Sabines,

Quiero apoyar mi cabeza
en tus manos, señor.
Señor del humo, sombra,
quiero apoyar mi corazón.
Quiero llorar con mis ojos,
irme en llanto, señor.

“El vampiro” (fragmento), de Delmira Agustini

Y exprimí más, traidora, dulcemente
tu corazón herido mortalmente;
por la cruel daga rara y exquisita
de un mal sin nombre, ¡Hasta sangrarlo en llanto!
y las mil bocas de mi sed maldita
tendí a esa fuente abierta en tu quebranto

¿Por qué fui tu vampiro de amargura?
¿Soy flor o estirpe de una especie oscura
que come llagas y que bebe el llanto?

Nota: La imagen corresponde a “Niño que llora”, pintura del italiano Angelo (Giovanni) Bragolin, más conocido como el pintor maldito.

Espero volver a verte por aquí…

LA CONCIENCIA

La conciencia del ser humano supone la capacidad de reconocer la realidad. Cuando también hay un juicio de valor, que distingue el bien del mal, se puede usar el vocablo consciencia.

Más allá de lo que el concepto involucra en materia de psicología, la conciencia ha sido abordada por los poetas como el saber donde estamos, la noción de lo que nos rodea y el sentir de lo que debemos hacer.

En mi “Soy el silencio”, poema XVIII, se marca la lucha entre la conciencia y la inconsciencia, la prolijidad der la primera, con sus amarras, así como la incertidumbre de la segunda, que supone el escape a esas amarras y, en definitiva, el esfuerzo en la búsqueda del equilibrio entre esas dos fuerzas opuestas.

Aquí les comparto el poema completo,

¡Ay! conciencia, que a gritos alientas
a seguir con el paso prolijo,
tras el rumbo por otros ya fijo,
no me atrevo a decirte: ¡No mientas!

Si me abrigo al amparo mezquino
que me ofreces, obviando mi ser,
la pasión no podré conocer
y seré de mi honor asesino.

Inquilino de otras voluntades,
mi cerebro se exila aguardando
una brecha, para ir derribando
ese muro, que aborta verdades.

Inconsciencia: ¿De dónde surgiste?
¿Cómo fue que tocaste a mi puerta?
Al entrar pisoteaste mi huerta
y una gris desazón esculpiste.

Disfrazada de amiga, tu mano
me propuso un escape celeste,
y al dejar el real mundo agreste
se olvidaron mis penas de plano.

Hoy aquí, descubriendo el chantaje,
no es tan tarde para una promesa:
despejar la maraña que apresa,
aunque deba empeñar mi coraje.

Como los tengo acostumbrados, les comparto algunos tramos de los clásicos, abordando esta temática.

“¡Quién sabe por qué!” (fragmento) de Amado Nervo,

Perdí tu presencia,
pero la hallaré;
pues oculta ciencia
dice a mi conciencia
que en otra existencia
te recobraré.

“El hada verde. canción del bohemio” (fragmento) de Manuel Gutiérrez Nájera,

En las pupilas concupiscencia;
juego en la mesa donde se pierde
con el dinero, vida y conciencia,
en nuestras copas, eres demencia
¡oh, musa verde!

“La soledad” (fragmento) de Idea Vilariño

Esta limitación esta barrera
esta separación
esta soledad la conciencia
la efímera gratuita cerrada
ensimismada conciencia
esta conciencia
existiendo nombrándose
fulgurando un instante
en la nada absoluta
en la noche absoluta
en el vacío.

“Crepúsculos de la ciudad VI” (fragmento) de Octavio Paz

Hacia mí mismo voy; hacia las mudas,
solitarias fronteras sin salida:
duras aguas, opacas y desnudas,
horadan lentamente mi conciencia
y van abriendo en mí secreta herida,
que mana sólo, estéril, impaciencia.

“¡Oh lentitud del mar!” (fragmento) de Julia de Burgos

He tenido que dar, multiplicarme,
despedazarme en órbitas complejas…
Aquí en la intimidad, conmigo misma,
¡qué sencillez me rompe la conciencia!

“El teatro de los humildes” (fragmento) de Julio Herrera Reissig

Un vaho de infinita guturación salvaje,
de abstracta disonancia, remota a la sordina…
La noche dulcemente sonríe ante el villaje
como una buena muerte a una conciencia albina.

“La vida de la muerte” (fragmento) de Miguel de Unamuno

Oir llover no más, sentirme vivo;
el universo convertido en bruma
y encima mi conciencia como espuma
en que el pausado gotear recibo.

La imagen corresponde a “El despertar de la conciencia”, de William Holman Hunt, del museo Tate Britain de Londres.

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LA SOLEDAD

Un tema más que abordado en la historia de la literatura poética, es el de la soledad. Los sentimientos internos, a veces dolorosos, a veces necesarios, algunas terribles, algunas disfrutables. Soledad es ausencias, pero también es el encuentro con uno mismo.

De mi “Soy el silencio”, les comparto el poema XLIV.

Afanosa resurge de su exilio,

soledad, en la tregua traicionada,

su existencia por mí casi olvidada,

mas de nuevo con ella me concilio.

En el aire se siente enrarecido

el tiempo que en contacto transité

con el mundo, al que tonto yo invité,

y me deja altamente estremecido.

Soledad, compañera de emociones,

no la veo como aquella al retorno,

hoy tan solo mantiene fiel su entorno

sin brindarme mis viejas sensaciones.

Soledad que golpea mis cimientos,

la punzante y voraz demoledora,

esta no es la que ayer fue portadora

de mis más acentuados sentimientos.

Y, dada la mencionada abundancia de poemas con esta temática, les presento una nutrida muestra de poemas clásicos, recorriendo a Obligado, Mistral; Vilariño, Benedetti, Neruda, Pizarnik y Bobadilla.

“Soledad”, de Pedro Miguel Obligado. (Fragmento)

¡soledad, soledad y siempre soledad!

palabras, ruidos, ecos; almas, tristezas, nada:

apenas un deseo de vivir y de amar.

Los días se deshacen como nubes ligeras;

y como todo pasa, ¿dónde está la verdad?

las ideas son chispas que descubren honduras,

y el placer más seguro, descansar, descansar.

“Yo no tengo soledad”, de Gabriela Mistral.

Es la noche desamparo

de las sierras hasta el mar.

Pero yo, la que te mece,

¡yo no tengo soledad!

es el cielo desamparo

si la luna cae al mar.

Pero yo, la que te estrecha,

¡yo no tengo soledad!

es el mundo desamparo

y la carne triste va.

Pero yo, la que te oprime,

¡yo no tengo soledad!

“La soledad”, de Idea Vilariño. (Fragmento)

Esta limitación esta barrera

esta separación

esta soledad la conciencia

la efímera gratuita cerrada

ensimismada conciencia

esta conciencia

existiendo nombrándose

fulgurando un instante

en la nada absoluta

en la noche absoluta

en el vacío.

“Cava memorias” de Mario Benedetti.

La soledad es un oasis

está en litigio

no tiene sombra

y es puro hueso

la soledad es un oasis

no hace señales

pesa en la noche

lo ignora todo

la soledad no olvida nada

cava memorias

está desnuda

se encierra sola

Soneto LXXXVII de los “Cien sonetos de amor” de Pablo Neruda (Fragmento)

Soledad, dame el signo de tu incesante origen,

el apenas camino de los pájaros crueles,

y la palpitación que sin duda precede

a la miel, a la música, al mar, al nacimiento.

“Peregrinaje”, de Alejandra Pizarnik (Fragmento)

No es la soledad con alas,

es el silencio de la prisionera,

es la mudez de pájaros y viento,

es el mundo enojado con mi risa

o los guardianes del infierno

rompiendo mis cartas.

“Mi patria intelectual”, de Emilio Bobadilla – (fragmento)

Campos de soledad, torvos poblados,

en otro tiempo, alegres y feraces,

y hoy mustios por la guerra y devorados

por bandadas de pájaros rapaces.

NOTA: La imagen corresponde a la pintura “Digresión filosófica”, del llamado “pintor de la soledad”, Edward Hopper.

Espero volver a verte por aquí…

EL BOSQUE

Toda la secuencia de “Soy el silencio” se apoya paradójicamente en la comunicación, ausente el sonido. Esos sonidos del silencio de los que ya hablaran Simon and Garfunkel en la década del sesenta en su mayor éxito, aún vigente.

El silencio también se escucha al liberarnos de los ruidos a los que estamos sometidos en nuestra rutina diaria, al acercarnos a la naturaleza, lejos de la civilización, podemos escuchar esos sonidos silenciosos.

Claro ejemplo de esto es el poema LXXXIII, donde se descubren los mensajes que nos transmite el bosque

Bosque charlatán, locuaz como silencio,

permite intuir entre marcados bullicios,

gritos cargados de forasteros juicios,

si propios, si externos, yo no diferencio.

Catedral de voluntades, mi alma sigue

tras discernir entre mensajes sonidos,

apartando, interferentes, a los ruidos

de fuertes estruendos que el viento castigue.

Y al descender sosegado el conticinio,

no es la verdad que el charlatán enmudece,

más perceptible, el recado prevalece

tan solo el estruendo se va en exterminio.

Es momento de oír las voces serenas.

apartando aquellas que son impostadas,

que traigan palabras a veces sesgadas,

adoptando de ellas, tan solo las plenas.

Y al momento de pasar a las referencias clásicas, hoy les voy a compartir dos poemas completos, ya que ambos tienen la particularidad, como el anterior, que tocan a los bosques y sus sonidos de silencio.

El primero es de IDA VITALE (premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes 2018)

Reunión

Érase un bosque de palabras,

una emboscada lluvia de palabras,

una vociferante o tácita

convención de palabras,

un musgo delicioso susurrante,

un estrépito tenue, un oral arcoíris

de posibles oh leves leves

disidencias leves, érase el pro y el contra,

el sí y el no,

multiplicados árboles

con voz en cada una de sus hojas.

Ya nunca más, diríase,

el silencio.

Y el segundo, de Leopoldo Lugones…

El carpintero

El maestro carpintero

de la boina colorada,

va desde la madrugada

taladrando su madero.

No corre en el bosque un soplo,

todo es silencio y aroma.

Sólo él monda la carcoma

con su revibrante escoplo.

Y a ratos, con brusco ardor

bajo la honda paz celeste,

lanza intrépido y agreste

el canto de su labor.

Nota: La imagen corresponde al cuadro “Arboles y malezas”, de Vincent Van Gogh, Museo D’Orsay, París.

Espero volver a verte por aquí,

LA TERTULIA DE ESTOCOLMO

Muy agradecido con Carlos Estefanía de la 91.6 FM de Estocolmo, Suecia, por haberme dedicado el programa del pasado 26 de agosto, con la presencia musical de Joan Manuel Serrat.

«Con el poeta Gabriel Barrella Rosa en La Tertulia»

Esta edición de La Tertulia de Estocolmo, se e emitió por los 91.6 FM de la capital sueca el 26 de agosto de 2021, como invitado de honor traemos al poeta uruguayo Gabriel Barrella Rosa , de quien escuchamos algunos versos en su propia voz en lo musical nos hacemos acompañar de lo mejor del repertorio temprano de Joan Manuel Serrat.

El programa fue subido a Ivoox, en el enlace: https://go.ivoox.com/rf/74719811

Con el poeta Gabriel Barrella Rosa en La TertuliaCon el poeta Gabriel Barrella Rosa en La Tertuliaivoox.com

LA LOCURA

La locura, así como su eterno antagonista la cordura, están presentes a lo largo de mi poemario “Soy el silencio”. Comenzando por el poema VI, donde se mezclan la lucha entre ellas, así como la convivencia que llevan en nuestras vidas.

Buscando mi razón en la locura,

ambas se ensamblen pero emancipadas.

¡Dos vértices que apuntan al desquicio,

al momento que a ideas meditadas!

¡Dos forzosos pilares de edificio

que sostienen inertes la aventura

de encontrar mi pasión en la cordura!

En el XIV sigue la lucha entre raciocinio y locura, con el condimento de la libertad de ser loco, el poder elegir ese estado…

¿Qué incentivo brinda el mundo consciente,

si el raciocinio naufraga en la costa?

Cada sentido, en los hechos, se angosta

y la locura es pensar libremente.

En el XXVI vuelve a percibirse la convivencia con la manifiesta oxímoron en “loca cordura”. La oxímoron es una figura retórica que enfrenta conceptos de significado opuesto en una sola expresión. Esto, junto con la descripción y ejemplos de otras figuras literarias, puede apreciarse en la entrada a este blog del 7 de mayo pasado, acerca de las figuras retóricas).

Y al proyectarme de nuevo a alguna otra aventura,

más acertando que errando, en mi deambular,

encuentro las esencias de mi loca cordura:

vivir solo mi experiencia y a nadie emular.

Por último, si bien hay más menciones en el poemario, como último ejemplo van una estrofa del poema XLVII,

Lindando en la locura del deseo

voy buscando el futuro por mejor,

ilusión que disfraza al impostor

embellece el mañana que no veo.

y una del LXX,

Gastando materia, en libertario vuelo,

se abren las puertas, tenebrosas, oscuras,

y al disiparse su hilo blanco en el cielo

el humo convoca a escena las locuras.

Y para cerrar como siempre, van las estrofas de los clásicos, que vaya si abordaron la locura y la cordura…

“Días y noches: III” de Líber Falco

Fuera locura pero hoy lo haría:

Atar un moño azul en cada árbol.

Ir con mi corazón de calle a calle.

Decirle a todos que les quiero mucho.

Subir a los pretiles,

gritarles que les quiero.

Fuera locura,

pero hoy lo haría.

Fragmento de “El mar no es más que un pozo” de Idea Vilariño

El mar no es más que un pozo de agua oscura,

los astros sólo son barro que brilla,

el amor, sueño, glándulas, locura,

la noche no es azul, es amarilla.

Seis versos de “Palabras a mi madre” de Alfonsina Storni,

Porque mi alma es toda fantástica, viajera,

Y la envuelve una nube de locura ligera

Cuando la luna nueva sube al cielo azulino.

Y gusta, si el mar abre sus fuertes pebeteros.

Arrullada en un claro cantar de marineros

Mirar las grandes aves que pasan sin destino.

Fragmento de “Cuéntame como vives (cómo vas muriendo)” de Gabriel Celaya,

Cuéntame cómo mueres.

Nada tuyo es secreto:

la náusea del vacío (o el placer, es lo mismo);

la locura imprevista de algún instante vivo;

la esperanza que ahonda tercamente el vacío.

Dos tercetos de “El predestinado” de Salvador Díaz Mirón,

Bajo el ronco motín que grita muerte,

el sagrado bajel cruje de suerte

que semeja reír – El genio es fuerte;

Y aún ante indicio, de locura o dolo,

no culpa de falaz a Marco Polo,

y se obstina en creer, inmenso y solo.

Y, para finalizar, dos estrofas de “El poeta pide a su amor que le escriba” de Federico García Lorca,

Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,

tigre y paloma, sobre tu cintura

en duelo de mordiscos y azucenas.

Llena pues de palabras mi locura

o déjame vivir en mi serena

noche del alma para siempre oscura.

Nota: La imagen corresponde a “La extracción de la piedra de la locura”, de El Bosco (Museo del Prado, Madrid).

Espero volver a verte por aquí…

LA LLUVIA

El poema LXXVII de “Soy el silencio” nos muestra un panorama de nostalgia, y quizás un poco de angustia, con la alegoría de la lluvia que, sin expresarlo explícitamente, nos traslada a las tardes grises de otoño o invierno. En el remate, se invoca la contradicción de esos sentimientos con el disfrute de poder contemplarlos desde otro plano, bajo refugio. Obviamente la lluvia, la humedad y el frío representan los estados de ánimo y la dicha de la contemplación no es más que el saber buscar las ventajas que nos puede ofrecer algo en principio negativo.

Terca lluvia y tenaz, persistente,
que me mojas los huesos, la mente,
vistiéndolo todo más sombrío.

Un creciente placer me gobierna
al contemplarla impávida, eterna,
trasluciendo cualquier desvarío.

Se disfrazan de gris los colores,
la humedad, que agranda mis dolores,
a mi espíritu mata de frío.

Caminar bajo el cielo techado,
recorriendo el asfalto lavado,
desenfoca mi libre albedrío.

Mas no encuentro placer más glorioso,
tras un vidrio mirando, dichoso,
ver llover no conoce de hastío.

El poema está estructurado en cinco estrofas de tres versos decasílabos. La rima consonante se acomoda en los dos primeros versos de cada estrofa, al tiempo que los terceros de las cinco estrofas tienen una concordancia entre sí.

Y, como en tantos otros tópicos que hemos abordado, recurrimos a los clásicos para ver como ellos incursionaron en esta temática. Acá van fragmentos de grandes poemas, de distintos autores.

Josefina Pla

Blanda en mi entraña, como tibia lluvia,
beso aplastado corazón a vena;
tiembla en mis ojos, como sol en río
tañe en mis pulsos dolorida plata.

Miguel de Unamuno

¿Qué es tu vida, alma mía?, ¿cuál tu pago?,
¡Lluvia en el lago!
¿Qué es tu vida, alma mía, tu costumbre?
¡Viento en la cumbre!

Antonio Machado

La lluvia da en la ventana
y el cristal repiquetea.
A través de la neblina
que forma la lluvia fina,
se divisa un prado verde,
y un encinar se esfumina,
y una sierra gris se pierde.
Los hilos del aguacero
sesgan las nacientes frondas,
y agitan las turbias ondas
en el remanso del Duero.

Nicolás Guillén

La lluvia, el cielo gris.
Pas de téléphone
lejos de ti.
(Me duele el corazón).

Rosalía de Castro

Una tarde de abril, en que la tenue
Llovizna triste humedecía en silencio
De las desiertas calles las baldosas,
Mientras en los espacios resonaban
Las campanas con lentas vibraciones,
Dime a marchar, huyendo de mi sombra.

Líber Falco

Allí golpea lejos sobre el mar la lluvia.
Desde siempre y siempre.
Desde quién sabe qué oscuro designio,
allí golpea y golpea la lluvia sobre el mar.

Pablo Neruda

tal vez herido voy sin ir sangriento
por uno de los rayos de tu vida
y a media selva me detiene el agua:
la lluvia que se cae con su cielo.

Alejandra Pizarnik

Desnudo soñando una noche solar.
He yacido días animales.
El viento y la lluvia me borraron
como a un fuego, como a un poema
escrito en un muro.

Mario Benedetti

Aquí hay pájaros, lluvia, alguna muerte,
hojas secas, bocinas y nombres desolados,
nubes que van creciendo en mi ventana
mientras la humedad trae lamentos y moscas.

Espero volver a verte por aquí.