LA TERTULIA DE ESTOCOLMO

Muy agradecido con Carlos Estefanía de la 91.6 FM de Estocolmo, Suecia, por haberme dedicado el programa del pasado 26 de agosto, con la presencia musical de Joan Manuel Serrat.

«Con el poeta Gabriel Barrella Rosa en La Tertulia»

Esta edición de La Tertulia de Estocolmo, se e emitió por los 91.6 FM de la capital sueca el 26 de agosto de 2021, como invitado de honor traemos al poeta uruguayo Gabriel Barrella Rosa , de quien escuchamos algunos versos en su propia voz en lo musical nos hacemos acompañar de lo mejor del repertorio temprano de Joan Manuel Serrat.

El programa fue subido a Ivoox, en el enlace: https://go.ivoox.com/rf/74719811

Con el poeta Gabriel Barrella Rosa en La TertuliaCon el poeta Gabriel Barrella Rosa en La Tertuliaivoox.com

LA LOCURA

La locura, así como su eterno antagonista la cordura, están presentes a lo largo de mi poemario “Soy el silencio”. Comenzando por el poema VI, donde se mezclan la lucha entre ellas, así como la convivencia que llevan en nuestras vidas.

Buscando mi razón en la locura,

ambas se ensamblen pero emancipadas.

¡Dos vértices que apuntan al desquicio,

al momento que a ideas meditadas!

¡Dos forzosos pilares de edificio

que sostienen inertes la aventura

de encontrar mi pasión en la cordura!

En el XIV sigue la lucha entre raciocinio y locura, con el condimento de la libertad de ser loco, el poder elegir ese estado…

¿Qué incentivo brinda el mundo consciente,

si el raciocinio naufraga en la costa?

Cada sentido, en los hechos, se angosta

y la locura es pensar libremente.

En el XXVI vuelve a percibirse la convivencia con la manifiesta oxímoron en “loca cordura”. La oxímoron es una figura retórica que enfrenta conceptos de significado opuesto en una sola expresión. Esto, junto con la descripción y ejemplos de otras figuras literarias, puede apreciarse en la entrada a este blog del 7 de mayo pasado, acerca de las figuras retóricas).

Y al proyectarme de nuevo a alguna otra aventura,

más acertando que errando, en mi deambular,

encuentro las esencias de mi loca cordura:

vivir solo mi experiencia y a nadie emular.

Por último, si bien hay más menciones en el poemario, como último ejemplo van una estrofa del poema XLVII,

Lindando en la locura del deseo

voy buscando el futuro por mejor,

ilusión que disfraza al impostor

embellece el mañana que no veo.

y una del LXX,

Gastando materia, en libertario vuelo,

se abren las puertas, tenebrosas, oscuras,

y al disiparse su hilo blanco en el cielo

el humo convoca a escena las locuras.

Y para cerrar como siempre, van las estrofas de los clásicos, que vaya si abordaron la locura y la cordura…

“Días y noches: III” de Líber Falco

Fuera locura pero hoy lo haría:

Atar un moño azul en cada árbol.

Ir con mi corazón de calle a calle.

Decirle a todos que les quiero mucho.

Subir a los pretiles,

gritarles que les quiero.

Fuera locura,

pero hoy lo haría.

Fragmento de “El mar no es más que un pozo” de Idea Vilariño

El mar no es más que un pozo de agua oscura,

los astros sólo son barro que brilla,

el amor, sueño, glándulas, locura,

la noche no es azul, es amarilla.

Seis versos de “Palabras a mi madre” de Alfonsina Storni,

Porque mi alma es toda fantástica, viajera,

Y la envuelve una nube de locura ligera

Cuando la luna nueva sube al cielo azulino.

Y gusta, si el mar abre sus fuertes pebeteros.

Arrullada en un claro cantar de marineros

Mirar las grandes aves que pasan sin destino.

Fragmento de “Cuéntame como vives (cómo vas muriendo)” de Gabriel Celaya,

Cuéntame cómo mueres.

Nada tuyo es secreto:

la náusea del vacío (o el placer, es lo mismo);

la locura imprevista de algún instante vivo;

la esperanza que ahonda tercamente el vacío.

Dos tercetos de “El predestinado” de Salvador Díaz Mirón,

Bajo el ronco motín que grita muerte,

el sagrado bajel cruje de suerte

que semeja reír – El genio es fuerte;

Y aún ante indicio, de locura o dolo,

no culpa de falaz a Marco Polo,

y se obstina en creer, inmenso y solo.

Y, para finalizar, dos estrofas de “El poeta pide a su amor que le escriba” de Federico García Lorca,

Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,

tigre y paloma, sobre tu cintura

en duelo de mordiscos y azucenas.

Llena pues de palabras mi locura

o déjame vivir en mi serena

noche del alma para siempre oscura.

Nota: La imagen corresponde a “La extracción de la piedra de la locura”, de El Bosco (Museo del Prado, Madrid).

Espero volver a verte por aquí…

LA LLUVIA

El poema LXXVII de “Soy el silencio” nos muestra un panorama de nostalgia, y quizás un poco de angustia, con la alegoría de la lluvia que, sin expresarlo explícitamente, nos traslada a las tardes grises de otoño o invierno. En el remate, se invoca la contradicción de esos sentimientos con el disfrute de poder contemplarlos desde otro plano, bajo refugio. Obviamente la lluvia, la humedad y el frío representan los estados de ánimo y la dicha de la contemplación no es más que el saber buscar las ventajas que nos puede ofrecer algo en principio negativo.

Terca lluvia y tenaz, persistente,
que me mojas los huesos, la mente,
vistiéndolo todo más sombrío.

Un creciente placer me gobierna
al contemplarla impávida, eterna,
trasluciendo cualquier desvarío.

Se disfrazan de gris los colores,
la humedad, que agranda mis dolores,
a mi espíritu mata de frío.

Caminar bajo el cielo techado,
recorriendo el asfalto lavado,
desenfoca mi libre albedrío.

Mas no encuentro placer más glorioso,
tras un vidrio mirando, dichoso,
ver llover no conoce de hastío.

El poema está estructurado en cinco estrofas de tres versos decasílabos. La rima consonante se acomoda en los dos primeros versos de cada estrofa, al tiempo que los terceros de las cinco estrofas tienen una concordancia entre sí.

Y, como en tantos otros tópicos que hemos abordado, recurrimos a los clásicos para ver como ellos incursionaron en esta temática. Acá van fragmentos de grandes poemas, de distintos autores.

Josefina Pla

Blanda en mi entraña, como tibia lluvia,
beso aplastado corazón a vena;
tiembla en mis ojos, como sol en río
tañe en mis pulsos dolorida plata.

Miguel de Unamuno

¿Qué es tu vida, alma mía?, ¿cuál tu pago?,
¡Lluvia en el lago!
¿Qué es tu vida, alma mía, tu costumbre?
¡Viento en la cumbre!

Antonio Machado

La lluvia da en la ventana
y el cristal repiquetea.
A través de la neblina
que forma la lluvia fina,
se divisa un prado verde,
y un encinar se esfumina,
y una sierra gris se pierde.
Los hilos del aguacero
sesgan las nacientes frondas,
y agitan las turbias ondas
en el remanso del Duero.

Nicolás Guillén

La lluvia, el cielo gris.
Pas de téléphone
lejos de ti.
(Me duele el corazón).

Rosalía de Castro

Una tarde de abril, en que la tenue
Llovizna triste humedecía en silencio
De las desiertas calles las baldosas,
Mientras en los espacios resonaban
Las campanas con lentas vibraciones,
Dime a marchar, huyendo de mi sombra.

Líber Falco

Allí golpea lejos sobre el mar la lluvia.
Desde siempre y siempre.
Desde quién sabe qué oscuro designio,
allí golpea y golpea la lluvia sobre el mar.

Pablo Neruda

tal vez herido voy sin ir sangriento
por uno de los rayos de tu vida
y a media selva me detiene el agua:
la lluvia que se cae con su cielo.

Alejandra Pizarnik

Desnudo soñando una noche solar.
He yacido días animales.
El viento y la lluvia me borraron
como a un fuego, como a un poema
escrito en un muro.

Mario Benedetti

Aquí hay pájaros, lluvia, alguna muerte,
hojas secas, bocinas y nombres desolados,
nubes que van creciendo en mi ventana
mientras la humedad trae lamentos y moscas.

Espero volver a verte por aquí.

EL INSOMNIO

El insomnio, el desvelo o la vigilia son temas recurrentes en la poesía. En mi “Soy el silencio” hay un poema de cinco estrofas, el LXXII que perfectamente podría llamarse “El insomnio”. En él se aborda todo ese juego mental en que entramos cuando intentamos conciliar el sueño, pero nuestros pensamientos nos llevan a un mundo paralelo.

Mi confidente en tantas contiendas,

¡Fiel guardián de mi sobrio desvelo!

Aunque sé es mi mayúsculo anhelo

una noche me suelte las riendas.

Mi sostén en los viajes nocturnos

es el freno al vagar de la mente.

A la vez me conduce inclemente

al cansancio en propósitos diurnos.

Tanto tiempo de sueño perdido,

crecimiento de dudas y aciertos,

van y vienen los duendes despiertos,

sustentando mi genio encendido.

Leal escolta en lunas eternas

el insomnio me guía porfiado,

por sombrío camino encauzado

a dar lumbre en oscuras cavernas.

Y esa luz tantas veces incierta

hoy se descubre a un mundo tangible,

mi terror hoy resulta apacible.

¡Soledad ya no es vida desierta!

Miguel de Unamuno trabaja el tema en el poema “Noches de insomnio”, donde evidentemente lo sufre…

Terribles noches de insomnio en las que se cuenta

el toque de las horas que van al vacío;

su procesión cargada de vidas va lenta

bajando por las aguas del eterno río.

E insomne en la ribera el corazón se sienta

no pensando ni soñando si no en sombrío

rumiar lo inevitable con que tienta

al alma el Tentador, que así mete el desvío

Rafael Alberti, en el inicio de “Los ángeles muertos” dice:

Buscad, buscadlos:

en el insomnio de las cañerías olvidadas,

en los cauces interrumpidos por el silencio de las basuras.

El célebre “Nocturno” de Delmira Agustini comienza con alusión al desvelos…

Engarzado en la noche el lago de tu alma,

diríase una tela de cristal y de calma

tramada por las grandes arañas del desvelo.

Mientas Jorge Luis Borges, en su pena “El ingenuo” también lo menciona…

Cada aurora (nos dicen) maquina maravillas

capaces de torcer la más terca fortuna;

hay pisadas humanas que han medido la luna

y el insomnio devasta los años y las millas.

En un fragmento de uno de los “Cien sonetos de amor” de Pablo Neruda, el LXXXVIII, nos habla del despertar en túnel del insomnio a la sangre…

Oh amor, rosa mojada por sirenas y espumas,

fuego que baila y sube la invisible escalera

y despierta en el túnel del insomnio a la sangre

para que se consuman las olas en el cielo,

olvide el mar sus bienes y leones

y caiga el mundo adentro de las redes oscuras.

En “Ausencia”, Gabriela Mistral, describe poéticamente el alejamiento del ser amado, con la carga de la vigilia y el sueño…

Me voy de ti con tus mismos alientos:

como humedad de tu cuerpo evaporo.

Me voy de ti con vigilia y con sueño,

y en tu recuerdo más fiel ya me borro.

Y en tu memoria me vuelvo como esos

que no nacieron ni en llanos ni en sotos.

Gustavo Adolfo Bécquer en su rima LXI abre el poema situando al insomnio y la fiebre como el preámbulo de su muerte.

Al ver mis horas de fiebre

e insomnio lentas pasar,

a la orilla de mi lecho,

¿quién se sentará?

cuando la trémula mano

tienda próximo a expirar

buscando una mano amiga,

¿quién la estrechará?

cuando la muerte vidríe

de mis ojos el cristal,

mis párpados aún abiertos,

¿quién los cerrará?

cuando la campana suene

(si suena en mi funeral),

una oración al oírla,

¿quién murmurará?

cuando mis pálidos restos

oprima la tierra ya,

sobre la olvidada fosa.

¿Quién vendar a llorar?

¿quién en fin al otro día,

cuando el sol vuelva a brillar,

de que pasé por el mundo,

¿quién se acordará?

La alusión de Mario Benedetti en un momento de su poema “El puente”:

vengo con las mejillas del insomnio

los pañuelos del mar y de las paces

las tímidas pancartas del dolor

las liturgias del beso y de la sombra

En “Noche del amor insomne”, Federico García Lorca centra la trama del poema en el amor…

Noche arriba los dos con luna llena,

yo me puse a llorar y tú reías.

Tu desdén era un Dios, las quejas mías

momentos y palomas en cadena.

Noche abajo los dos. Cristal de pena,

llorabas tú por hondas lejanías.

Mi dolor era un grupo de agonías

sobre tu débil corazón de arena.

La aurora nos unió sobre la cama,

las bocas puestas sobre el chorro helado

de una sangre sin fin que se derrama.

Y el sol entró por el balcón cerrado

y el coral de la vida abrió su rama

sobre mi corazón amortajado.

Regresar a sonetos del amor oscuro

La colombiana Meira Delmar nos aporta su “Soneto en vano”, comenzándolo con una pregunta…

¿a dónde iré que no me alcance el vuelo

de tu mirada que en azor se muda,

y la noche de sueños me desnuda

con el brillo quemante del desvelo?

Todo el poema “No me quejara yo de larga ausencia” de Lope de Vega trata sobre el insomnio…

No me quejara yo de larga ausencia

sí, como todos dicen, fuera muerte;

mas pues la siento, y es dolor tan fuerte,

quejarme puedo sin pedir licencia.

En nada del morir tiene apariencia,

que si el sueño es su imagen y divierte

la vida del dolor, tal es mi suerte

que aun durmiendo no he visto su presencia.

Con más razón la llamarán locura,

efeto de la causa y accidente,

si el no dormir es el mayor testigo.

¡Oh ausencia peligrosa y mal segura,

valiente con rendidos, que un ausente

en fin vuelve la espalda a su enemigo!

También Rosalía de Castro aborda el punto “Ansia que ardiente crece” le dicha unos versos a la vigilia

Vigilia de la noche,

Torpe sueño del día

Es lo que queda del placer gustado,

Es el amargo fruto de la vida.

Por último, aquí va entero el “Poema de vigilia” de Josefina Núñez, Cuba

Escribo en la noche susurrante y ajena,

en esta calle mía agresiva y ruidosa

como plaza de Roma colmada de peregrinos espectaculares

y comerciantes pregoneros.

-El sueño es un ciervo que huye en lentos espirales-

Escribo en esta noche incitante y extraña;

a mi lado el color feliz de la quimera,

besa mis párpados,

araña las paredes,

penetra los poros,

se pierde en altos cielos…

Escribo en esta noche de inesperados laberintos:

en su penumbra,

como ascuas, espejos vigilándonos,

los rostros de los amados muertos,

los rostros de los vivos,

los innumerables rostros de la vida

y sus variados universos.

Escribo en esta noche lenta, envolvente como una profecía,

en la infinita vigilia de sus astros…

Mis palabras habitan la soledad.

Nota: La imagen corresponde al manual Taccuino Sanitatis.

Espero volver a verte por aquí…

LA RIMA

En poesía se pueden distinguir dos tipos de rima:

La rima consonante, que se caracteriza por repetir exactamente cada uno de los sonidos, tanto vocales como consonantes. Aparece cuando luego de la última vocal acentuada se repiten exactamente todos los fonemas.

La rima asonante, que es aquella en que se repiten solamente los sonidos de las vocales y no de las consonantes.

Ejemplo de rima consonante es producto con reducto, mientras en rima asonante producto puede hacerlo con asunto.

Veamos ejemplos en algunas poesías muy conocidas:

La rima LIII del poeta sevillano Gustavo Adolfo Bécquer, reproducida en la imagen de esta entrada,

Volverán las oscuras golondrinas

en tu balcón sus nidos a colgar,

y otra vez con el ala a sus cristales

jugando llamarán.

El autor utiliza rima asonante en los versos 2 y 4 de cada estrofa. Por ser acentuada en la última sílaba del verso, la concordancia se da solamente con la última vocal. A los versos 1 y 3 de este ejemplo se los conoce como versos blancos, ya que no tienen rima.

“Caricia”, de la nobel chilena Gabriela Mistral,

Madre, madre, tú me besas;

pero yo te beso más.

Como el agua en los cristales

son mis besos en tu faz.

En la que la poetisa aplica rima asonante en los versos 2 y cuatro, dejando blancos los 1 y 3.

La higuera, de la poetisa uruguaya Juana de Ibarbourou,

Porque es áspera y fea,

porque todas sus ramas son grises,

yo le tengo piedad a la higuera.

En mi quinta hay cien árboles bellos,

ciruelos redondos,

limoneros rectos

y naranjos de brotes lustrosos.

Este poema está estructurado en sucesivas estrofas de tres y cuatro versos, siempre utilizando rima asonante. Las estrofas de tres versos aplican la rima entre los versos 1 y 3, siendo el 2 un verso blanco. Las de cuatro versos tiene una estructura de rima ABBA.

Y, por último, la célebre Sonatina del nicaragüense Rubén Darío,

La princesa está triste… ¿qué tendrá la princesa?

Los suspiros se escapan de su boca de fresa,

que ha perdido la risa, que ha perdido el color.

La princesa está pálida en su silla de oro,

está mudo el teclado de su clave sonoro;

y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

Cada estrofa de seis versos ostenta rima consonante perfecta cuya regla es AABCCB.

El poemario “Soy el silencio”, de mi autoría, está estructurado en la mayoría de los casos sobre la base de poemas de cuatro versos, con rima consonante y diferente métrica (extensión en sílabas del verso). Tampoco hay una constante en la cantidad de estrofas de cada poema.

En el I, la rima puede verse organizada como ABAB,

En este desierto de piedra y cemento

mi triste alegría quisiera encontrar,

en la loca y ardiente fuerza del viento

mi alegre tristeza dejar escapar.

El V aplica el orden ABBA,

Tan falaz resulta lo aparente,

tan corto de alma, cuerpo y razón,

si la duda no tiene un rincón

donde echar su promiscua simiente.

Existen algunas pocas excepciones a la consonancia de las rimas, como por ejemplo en el IX, donde “genios” rima con “sueños”. Esta rima, pese a que tiene sonidos casi idénticos y alguien podría defender su calidad de consonante, en sentido estricto es un ejemplo de rima asonante.

Hoy todo es comodidad, ya nadie se involucra,

al sentir que el pensar es privilegio de genios,

al destinar el sudor sólo a aquello que lucra,

aunque sigan muriendo de uno en uno los sueños.

Algo similar sucede en el XXIX, con “mañana” y “engaña”, aunque en este caso no hay duda que la rima es asonante, ya que las terminaciones a comparar son “ana” y “aña” con diferencia de sonido pese a su semejanza.

Y ahora, al ver tan claro, piensas el mañana,

vacío de errores que no repetirás,

pero traicionera, la noche siempre engaña,

burlado a ti mismo al despertar te sabrás.

Dentro de las pocas excepciones a las estrofas de cuatro versos el LXXVII está organizado en secuencias de a tres, donde el 1 y 2 de cada estrofa riman en forma consonante, mientras el 3 rima con todos los terceros versos de las otras estrofas. Aquí va el poema completo.

Terca lluvia y tenaz, persistente,

que me mojas los huesos, la mente,

vistiéndolo todo más sombrío.

Un creciente placer me gobierna

al contemplarla impávida, eterna,

trasluciendo cualquier desvarío.

Se disfrazan de gris los colores,

la humedad, que agranda mis dolores,

a mi espíritu mata de frío.

Caminar bajo el cielo techado,

recorriendo el asfalto lavado,

desenfoca mi libre albedrío.

Mas no encuentro placer más glorioso,

tras un vidrio mirando, dichoso,

ver llover no conoce de hastío.

Otra excepción, también de a tres versos es el LXXXI, con la particularidad que todas las estrofas mantienen la identidad de la rima a lo largo de todas las estrofas. La estructura de la rima sería ABA ABA ABA ABA ABA ABA. Para apreciarlo, va el poema completo.

Quisiera ser de la vida mi intendente,

controlar el efecto en las decisiones

sin importar lo que me diga la gente.

Debiera estar comportándome valiente

ignorando del resto sus reacciones,

pero nunca manejarme indiferente.

Pudiera ser en este intento inconsciente

de posponer objetos y situaciones

que mi espíritu reclame impertinente.

Quisiera dejar a un lado las presiones,

armarme un mundo sereno y diferente

donde valgan mucho más mis emociones.

Debiera estar yo conmigo y mis acciones

en el lugar donde fuera consecuente

con aquello que despierta mis pasiones.

Pudiera quedar tan sólo en intenciones

o victorias conservadas fugazmente

pero jamás soslayar obligaciones.

En futuras entradas, abordaré el tema de la métrica, como ya dije, la extensión en sílabas de los versos.

Espero volver a verte por aquí…

LA MORADA

En este poema, el número LXVIII de “Soy el silencio”, intento describir el refugio al que cada uno de nosotros volvemos, o deseamos hacerlo, cuando salimos de una situación crítica, de tensión, de tristeza o nostalgia. Imagino que cada uno de nosotros tendrá su propio refugio personal, donde disfrutar de la soledad o la compañía consigo mismo. Podrá ser una morada real o imaginaria, física o idealizada, del cuerpo o de la mente…

El poema está estructurado en treinta y dos versos tridecasílabos, esto es de trece versos, organizados en ocho estrofas, todas manteniendo rima consonante A-B-A-B.

LXVIII

Mi morada está oscura, vacía y tan fría,

no se escucha una risa ni se huele una flor,

pero es mi morada tan querida, tan mía,

que solo mis ojos le dibujan color.

Más allá de las sombras, atrás de los hielos,

descubro rincones escuchando una voz,

de la penumbra, que no conoce de cielos,

acostumbro el miedo, nunca frágil ni atroz.

Mi morada es la dicha de un ser desdichado,

el paciente refugio que aguarda por mí,

en cada reencuentro que busco angustiado

yo recobro la paz que al dejarla perdí.

Saludando los huecos retorno al silencio,

al mudar mis ropas voy abriendo la mente,

desnudándome aquí, mi pesar diligencio,

recobrando fuerzas volveré plenamente.

Transitando despierto mis sueños en pugna

voy llevando la vida, inyectándole fe,

obviando la muerte, que el destino no impugna,

andando adelante, resistiendo de pie.

Mi morada es templo, donde pío doy culto

a un modo de vida que no quiero alterar,

en mi mezcla consciente de niño y de adulto

descubrir cosas nuevas, sabiendo esperar.

Mas, ¡Qué soberbio sol puedo hallar en lo oscuro!

¡Cuánto calor aflora en la noche de invierno!

¡Es tan plácido lecho este suelo tan duro!

¡Es digno palacio, aunque parezca el infierno!

Y tan solo en mi mente resuenan erguidos

espacios y tiempos, rescatando mensajes

a ojos de otros grises, empolvados, dormidos,

mas razón de volver toda vez de mis viajes.

Y para despuntar el vicio van algunos versos de los maestros.

En estos versos, Pablo Neruda alude a similar temática del poema, haciendo a una clara alusión trascendental a la morada para el alma.

Divididos serán los pesares: el alma

dará un golpe de viento, y la morada

quedará limpia con el pan fresco en la mesa.

Miguel de Unamuno hace lo propio tomando también el alma como referencia de su morada.

A la yerba que cubre tu morada

de queda y donde tu alma en su capullo

de polvo espera, arráncale un murmullo

la lluvia que del cielo derramada

El sevillano Gustavo Adolfo Bécquer también busca su morada en una de sus rimas, siendo esta, en un poema de amor, el pecho de su amada.

soy yo, que, en tu pecho buscada morada,

envío a tus ojos mi ardiente mirada,

mi blanca divina…

Y el fuego que siento la faz te ilumina.

César Vallejo, utiliza el refugio como metáfora, dentro de un poema sensual.

Subes centelleante de labios y ojeras!

Por tus venas subo, como un can herido

que busca el refugio de blandas aceras.

De igual manera lo utiliza Emilio Bobadilla en esta estrofa.

Y era aquel un refugio de efímero sosiego,

de paz un simulacro, pasajero armisticio;

campo mustio que anhela el benéfico riego,

beso puro que ansía harto de carne el vicio.

Espero volver a verte por aquí…

FIGURAS RETÓRICAS (Parte II)

El pasado 7 de mayo, hablamos acerca de las figuras literarias o retóricas y comentamos sobre su uso en el poemario “Soy el silencio”.

Así desfilaron alegoría, aliteración, anáfora, anástrofe, hipérbaton, metáfora, metonimia, oxímoron, paradoja, prosopopeya, sinécdoque y sinestesia.

Hoy veremos algunas otras, quizás menos conocidas que aquellas.

Paralelismo.

Es una figura retórica de repetición, por la que se utiliza más de una vez la misma estructura gramatical.

En “Soy el silencio”, en el poema I lo vemos en esta estrofa:

En este desierto de piedra y cemento

mi triste alegría quisiera encontrar,

en la loca y ardiente fuerza del viento

mi alegre tristeza dejar escapar.

Esta es una estrofa rica en figuras ya que, como habíamos visto en la primera parte, puede apreciarse también el uso del oxímoron y la paradoja.

En el XIII se aplica el paralelismo entre las penas precarias y las tristezas eternas…

Soy artista de emociones internas,

el mar compañero mi confidente,

sin exigencias, espera le cuente

penas precarias, tristezas eternas.

Antítesis.

Figura de pensamiento que marca la oposición entre dos términos contrarios o complementarios. Son famosos por esta figura los versos de Pablo Neruda “Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido” y de Rubén Darío “Cuando quiero llorar no lloro, y, a veces, lloro sin querer”.

En nuestro poemario, en el LXI, vemos un caso:

Duele haber sido, duele más hoy ya no ser,

fatiga por lo hecho, furia por lo perdido,

En el poema XXIX podemos encontrar otro ejemplo en el verso

la luna enmascara lo que el sol ilumina.

En el XXIX, el último verso nos muestra esta figura

Mirando para atrás, cabizbajo uno halla

gran recorrido para tan ruin avance,

Así como en el LXIV

Y el saber que este día promete respuestas

que uno libre en el tiempo puede elaborar,

con la dicha en la mano poder degustar

las metas cercanas de lejanas propuestas.

En el que la antítesis se da por la cercanía de las metas ante la lejanía de las propuestas.

Sinonimia

Figura retórica de acumulación cuyo recurso es usar voces sinónimas de significación similar para amplificar o reforzar la expresión de un concepto.

La podemos apreciar en el IV;

Responder por sí mismo, eso sí es temeridad,

poder ser uno su Juez, su Fiscal, su Jurado,

en el que juez, fiscal y jurado si bien no son sinónimos, se usan como tales, representando la consciencia propia.

En el LXVIII hay otra

Y tan solo en mi mente resuenan erguidos

espacios y tiempos, rescatando mensajes

a ojos de otros grises, empolvados, dormidos,

mas razón de volver toda vez de mis viajes.

Donde la sinonimia aparece en grises, empolvados, dormidos.

Perífrasis

Es la figura por la que se utilizan más palabras de las necesarias para expresar una idea o un concepto.

Lo hallamos en el XI, en estos versos;

¿Por qué dejarme llevar por la condena

de no buscar lo que bien vale la pena?

En el que la perífrasis se manifiesta en el uso de “lo que bien vale la pena” para expresar “lo bueno”.

  

Elipsis

Es una figura de omisión por la que se excluyen una o más palabras en una cláusula.

La vemos en una estrofa del XXXI:

El abrazo del hombre y natura,

el trabajo en favor de la esencia,

pedestal levantado a consciencia

por llevar una vida más pura.

En la que hay elipsis en el tercer verso, al omitirse “es el”, al hablar del pedestal.

Asíndeton

También figura de omisión. En esta se omiten las conjunciones o nexos que normalmente aparecerían dentro de una enumeración.

Y al final, un par de ejemplos de las figuras literarias vistas en la primera parte.

En el poema XIII encontramos una de tantas anáforas (repetición de una o varias palabras al principio de un verso o enunciado)

El mar canta acariciando la arena.

El mar escucha con suma atención.

Y en el LX el uso de la sinestesia (recurso expresivo que combina impresiones de dos o más sentidos)

Estaca prendida desde lo hondo del suelo,

carrera perdida al entregar mi energía,

manchada la voz que iluminó la herejía,

configura palabras con sabor a duelo.

Donde “manchada la voz” y “sabor a duelo” son claros manejos de este recurso.

Hay muchas más figuras usadas en “Soy el silencio”. Los invito a encontrar alguna y mostrarla en los comentarios.

Espero volver a verte por aquí…

EL TIEMPO

Un tema recurrente dentro de “Soy el silencio” es el abordaje del tiempo y su rápido paso a través de la vida.

Así van apareciendo estrofas y poemas donde presente, pasado y futuro van contando la aventura, marcada por los recuerdos y las esperanzas.

Por observar a la vida en perspectiva
el futuro y el pasado se conjuran,
los recuerdos y esperanzas me saturan,
y el presente va en carrera fugitiva.

La importancia del presente, la lucha con los dos monstruos que lo presionan, la pena por dejarlo pasar sin poder encontrar y valorar lo que estamos viviendo.

El presente rezonga y clama un lugar
que afines del tiempo, sin tregua, le quitan,
a perderse, olvidado, siempre lo incitan,
y se esconde en la noche sin madrugar.

Ese tiempo que no deja de ser una ilusión, una referencia a la realidad.

El tiempo es la ilusión con que forzamos
la realidad perenne e infinita,
en un lapso tan breve encasillamos
la esencia del ser, que no se marchita.

Lo fugaz de los días, en este poema de una sola estrofa, en la que se intenta, justamente por su brevedad, resaltar lo efímero del presente, como se nos escapa volando…

Ayer, hoy era mañana.
Quiero saber dónde voy.
Aplazar vejez temprana,
que mañana, ayer será hoy.

Y el mismo concepto ya en la estrofa de otro poema, con la referencia al avance del calendario.

El hoy no puede mostrarme ni opciones ni brechas,
calendario de a poco vas trocando las fechas,
detenido en mi mente abandonada al vacío:
¡Cuántas hojas que perdiste! Es verano y es frío.

Por último, la noción de tiempo viene de la mano de los cambios vertiginosos, tanto en nuestro mundo como en la vida misma, una carrera que no se puede detener.

Mas nada hay más estable que el cambio a cada instante,
no existe aquel suceso que guarda eternidad,
la tierra rota libre, mirando hacia adelante
y en cada giro muda otra vez su identidad.

Y como ya te tengo acostumbrado, de postre van las referencias a grandes maestros de la poesía que han incursionado en esta temática.

Jorge Cuesta nos dice:

No para el tiempo, sino pasa; muere
la imagen de sí, que a lo que pasa aspira
a conservar igual a su mentira.
No para el tiempo; a su placer se adhiere.

Líber Falco termina sus recuerdos de “Infancia” con estos versos:


Mas, el tiempo pasó.
Pasaron días y días; tiempo y tiempo
.

Jorge Luis Borges finaliza de esta forma su poema “El ápice”.


No hay lástima en el hado
y la noche de dios es infinita.
Tu materia es el tiempo, el incesante
tiempo. Eres cada solitario instante.

Y para finalizar, un poema completo de Octavio Paz, “Día” dedicado al paso del tiempo.


¿De qué cielo caído,
oh insólito,
inmóvil solitario en la ola del tiempo?
eres la duración,
el tiempo que madura
en un instante enorme, diáfano:
flecha en el aire,
blanco embelesado
y espacio sin memoria ya de flecha.
Día hecho de tiempo y de vacío:
me deshabitas, borras
mi nombre y lo que soy,
llenándome de ti: luz, nada.
Y floto, ya sin mí, pura existencia.
Y vino, y sobrevino la noche.


Nota: La imagen corresponde a “La persistencia de la memoria”, de Salvador Dalí


Espero volver a verte por aquí…

LA DUDA

Vacilante se acercó, quizás midiendo,

en mis ánimos, mi grado de cordura,

yo no la vi hasta el instante en que, gimiendo,

ella me imploró, ocultando su amargura.

Como tiesa se quedó, siempre escondiendo

voluntad que le inquirí, ya con premura,

¿Quién eres mujer?, ¿Qué es lo que vas siguiendo?

Mas nada alteró su rígida postura.

Ella tentaba arraigarse en mi costado,

mi desconfianza crecía, ya severa,

mas, ¿qué perder, si yo ya estaba entregado,

al aceptarla cual mi fiel compañera?

¿Quién habrás de ser, ya instalada a mi lado?

¿Serás tú quien al fin termine la espera?

Yo me respondí, todavía exaltado:

¡Eres la duda, mujer! ¡Mi consejera!

Con este poema, el número X de Soy el silencio, que utiliza una alegoría de la duda para hacer una prosopopeya (personificación) de ella, comienzo a recorrer el camino de la búsqueda, que se irá mostrando a lo largo de todo el poemario.

René Descartes ya lo planteó con su duda metódica, la evidencia del “cogito”, resumida en su celebérrima sentencia “Pienso, luego existo” (en latín, “cogito, ergo sum”). La duda cartesiana supone el dudar de todo, aún de lo obvio, lo que lleva a que se pueda verificar su propia existencia, también puesta en duda, solamente por haber una prueba, que es la emisión del pensamiento. Es el método de dudar hasta encontrar una evidencia indubitable.

Me declaro cultor del pensamiento lateral, con la intención de poner a prueba los paradigmas, aun aquellos que parezcan ser incuestionables, y esa duda se va mantener en varias estrofas de diferentes poemas de “Soy el silencio”.

Aparece como aquello que necesariamente debe cultivarse, con el objetivo de separar todo lo falaz que hay en las apariencias.

Tan falaz resulta lo aparente,

tan corto de alma, cuerpo y razón,

si la duda no tiene un rincón

donde echar su promiscua simiente.

En otro punto está la mención a la duda de todo, también con el uso de la figura retórica de la prosopopeya al hablar de las dudas caminantes,

Origen oculto, dudas caminantes,

abrazan estas penurias tan cercanas,

y mis ánimos, tornándose en cambiantes,

refuerzan en mi pluma todas las ganas.

Otra alusión en el poemario, las hay otras tantas, podemos encontrarla en este tramo, que denota la continua presencia de la duda en pensamiento, con los aciertos en los casos que la duda se resuelve, de acuerdo a los términos cartesianos, con la evidencia

Tanto tiempo de sueño perdido, indubitable.

crecimiento de dudas y aciertos,

van y vienen los duendes despiertos,

sustentando mi genio encendido.

Y yendo a la temática abordada por los maestros, comenzamos con el poema “Seis meses”, de Amado Nervo, que en un tramo dice

sino dudar de todo, del alma, del destino,

¡y ponerme a llorar en medio del camino!

pues con desolación infinita evidencio

que detrás de la tumba ya no hay más que silencio…

O también “La sombra de ala” del mismo autor

mi sed de investigación,

mi ansia de dios, honda y muda;

y hay más amor en mi duda

que en tu tibia afirmación.

Jorge Luis Borges, también abordó el tema de la duda, en su poema “De que nada se sabe”, que se transcribe íntegro.

La luna ignora que es tranquila y clara

y ni siquiera sabe que es la luna;

la arena, que es la arena. No habrá una

cosa que sepa que su forma es rara.

Las piezas de marfil son tan ajenas

al abstracto ajedrez como la mano

que las rige. Quizá el destino humano

de breves dichas y de largas penas

es instrumento de otro. Lo ignoramos;

darle nombre de dios no nos ayuda.

Vanos también son el temor, la duda

y la trunca plegaria que iniciamos.

¿Qué arco habrá arrojado esta saeta

que soy? ¿qué cumbre puede ser la meta?

Lo mismo que Octavio Paz aporta “Entre irse y quedarse”, una de cuyas estrofas es más que representativa,

Entre irse y quedarse duda el día,

enamorado de su transparencia.

La tarde circular es ya bahía:

en su quieto vaivén se mece el mundo.

Y Gustavo Adolfo Bécquer, de los más grandes poetas de nuestra lengua, si no el más, dedica una de sus rimas (la VIII) a la duda

fundirme en un beso

en el mar de la duda en que bogo

ni aún sé lo que creo:

¡sin embargo, estas ansias me dicen

que yo llevo algo

divino aquí dentro!

Rafael Obligado pone a la duda como base para dar forma a su poema “Sombras”

¿has podido dudar del alma mía?

¿de mí que nunca de tu amor dudé?

¡dudar! ¡cuando eres mi naciente día,

mi solo orgullo, mi soñado bien!

¡dudar! ¡sabiendo que en tu ser reposa

cuanta esperanza palpitó en mi ser,

y que mis sueños de color de rosa

el ala inclinan a besar tu sien!

Como antagonismo, podemos ver la ausencia de duda que expresa Miguel Hernández en su poema “1”

Pero al fin podré vencerte,

ave y rayo secular,

corazón, que de la muerte

nadie ha de hacerme dudar.

Y como última mención, podemos encontrar una vidalita (canción popular , por lo general amorosa y de carácter triste , que se acompaña con la guitarra) que  Mario Benedetti le dedica a las dudas.

VIDALITÁ POR LAS DUDAS

Las voces de abajo, vidalitá

están casi mudas

pero los gendarmes, vidalitá

matan por las dudas

no saben en dónde, vidalitá

se enredó el enredo

por las dudas llevan, vidalitá

chalecos de miedo

dudan los dudosos, vidalitá

duda poca gente

dudan los esbirros, vidalitá

duda el presidente

pero si supieran, vidalitá

lo que el pueblo sabe

ya no dudarían, vidalitá

que duda te cabe

conseguir lo justo, vidalitá

cuesta dios y ayuda

pero se consigue, vidalitá

no te quepa duda

yo tan sólo dudo, vidalitá

cuando es más barato

si para mañana, vidalitá

o dentro de un rato.

Espero volver a verte por aquí…

INVOCACIONES

Es una de las tradiciones más longevas. Los poetas, al comenzar una obra, le dedicaban una oración, que invocaba a sus musas inspiradoras para que no los abandonen en sus momentos creativos. En ciertos casos la invocación iba dirigida a los dioses, principalmente a Apolo, dios de la inspiración y jefe de las musas. En los clásicos, esta invocación era una obligación de la que nadie se podía escapar.

Mi “Soy el silencio” no elude esta tradición y en su segundo poema incluye una invocación, aunque le falten las alusiones a musas o diosas.

II

Quisiera ser orador de multitudes

bien parado ante la enmascarada audiencia,

desalentar tantas tensas inquietudes,

esquivando esa mirada que silencia.

Ignorar amenazantes actitudes

para poder expresar con elocuencia,

en el monstruoso salón de longitudes,

que me opone cruel y feroz resistencia.

¡Que la tensión no tergiverse el mensaje!

¡El apremio no distraiga el parlamento!

Debo gestionar en mi adentro el coraje

para defender el veraz argumento

que sea el único valor del lenguaje.

Quizás llame la atención la estructura del poema, un soneto “mutilado”, ya que contiene trece versos y no catorce como el tradicional. Sin embargo, esta métrica no es de mi invención. Ya el maestro Rubén Darío lo utilizó en sus “Cantos de vida y esperanza”, donde el poema XIV tiene esta estructura,

¡De una juvenil inocencia

qué conservar sino el sutil

perfume, esencia de su Abril,

la más maravillosa esencia!

Por lamentar a mi conciencia

quedó de un sonoro marfil

un cuento que fue de las Mil

y Una Noches de mi existencia…

Scherezada se entredurmió…

El Visir quedó meditando…

Dinarzarda el día olvidó…

Mas el pájaro azul volvió…

Pero…

                         No obstante…

                               Siempre…

                                         Cuando…

Retomando el tema de las invocaciones, uno de los antiguos ejemplos lo aporta Homero, en su célebre Odisea,

Musa, dime del hábil varón que en su largo extravío,

tras haber arrasado el alcázar sagrado de Troya,

conoció las ciudades y el genio de innúmeras gentes.

Virgilio hace lo propio en la Eneida,

Dime las causas, Musa; por qué ofensa a su poder divino,

por qué resentimiento la reina de los dioses

forzó a un hombre, afamado por su entrega

a la divinidad, a correr tantos trances, a afrontar tantos riesgos.

Dante Alighieri, cumple en cada uno de las cánticas de su Divina Comedia con este precepto:

Infierno, Canto II

¡Oh musas! ¡Oh alto ingenio, sostenedme!

¡Memoria que escribiste lo que vi,

aquí se advertirá tu gran nobleza!

Purgatorio, Canto I

Mas renazca la muerta poesía,

oh, santas musas, pues que vuestro soy;

y Calíope un poco se levante,

Paraíso, Canto I

¡Oh buen Apolo, en la última tarea 13

hazme de tu poder vaso tan lleno,

como exiges al dar tu amado lauro!

Es algo que Jorge Manrique, en sus célebres “Coplas por la muerte de su padre” descarta a título expreso, para invocar a Cristo.

Dexo las invocaciones

de los famosos poetas

y oradores;

non curo de sus ficciones,

que traen yerbas secretas

sus sabores.

Aquél sólo m’encomiendo,

Aquél sólo invoco yo

de verdad,

que en este mundo viviendo,

el mundo non conoció

su deidad.

Versos que actualizados a nuestro tiempo quisieron expresar algo como esto:

Dejo las invocaciones de los famosos poetas y oradores; no me preocupo de sus ficciones, que traen envenenados sus sabores.

A Aquel sólo me encomiendo, a Aquel sólo invoco yo de verdad, Aquel que, cuando vivía en este mundo, nadie conoció su divinidad.

Lope de Vega, escribió este soneto con esta temática.

Pluma, las musas de mi genio autoras

—Pluma, las musas de mi genio autoras

versos me piden hoy. ¡Alto, a escribillos!

—Yo sólo escribiré, señor Burguillos,

éstas que me dictó rimas sonoras.

—¿A Góngora me acota a tales horas?

Arrojaré tijeras y cuchillos,

pues en queriendo hacer versos sencillos

arrímese dos musas cantimploras.

Dejemos la campaña, el monte, el valle,

y alabemos señores. —No le entiendo.

¿Morir quiere de hambre? —Escriba y calle.

—A mi ganso me vuelvo en prosiguiendo,

que es desdicha después de no premialle,

nacer volando y acabar mintiendo.

William Shakespeare, aporta una invocación en el prólogo de su drama histórico Enrique V.

Quién me diera una musa de fuego que os transporte al cielo más brillante de la imaginación; príncipes por actores, un reino por teatro, y reyes que contemplen esta escena pomposa

Y como última referencia, mucho más acá en el tiempo, el gran poema gauchesco “Martín Fierro” cumple con el ritual, cuando en uno de los primeros versos José Hernández canta:

Vengan Santos milagrosos,

vengan todos en mi ayuda,

que la lengua se me añuda

y se me turba la vista;

pido a mi Dios que me asista

en esta ocasión tan ruda.

Nota: La imagen corresponde a «Apolo y las musas» de Nicolas Poussin.

Espero volver a verte por aquí…